Al inicio de este comentario nos llega la noticia de que Osama Bin Laden ha caído, después de diez años de búsqueda por parte de los servicios secretos de Estados Unidos y de otros países, y presunto culpable de los atentados de las Torres Gemelas, (que costó 3.000 muertos) así como los de Madrid, Londres, Casablanca, etc. Esperemos que haya datos fehacientes que confirmen ese hecho. De todas formas no creo que por ello se suspenda el terrorismo “jihadista”, sino que, por lo contrario, se incremente. Ojalá me equivoque.
Se inició una incesante lucha contra el terrorismo internacional, pero especialmente contra el promovido por el radicalismo islámico y nos acostumbraron a las medidas de control antiterroristas en aeropuertos, puertos, estaciones y numerosos lugares públicos y administrativos, por el bien de todos, aunque a veces cause molestias. El último atentado en Marrakech tiene todos los visos de haber sido organizado por Al-Qaeda, aunque también se piensa que ha sido la obra aislada de algún fanático.
He tenido la satisfacción de visitar varias veces la ciudad de Marrakech. Me parece acogedora, llena de un tipismo genuino y de una dinamismo trepidante, aunque claro está, como en otras partes de Marruecos, tiene también su lado oscuro. Pero no quiero dedicar el comentario de hoy a la situación política y económica de un país cuyo gobierno, lo mismo que la mayoría de los habitantes menos favorecidos, es posible que deseen un cambio, que llegue el auténtico progreso y aires democráticos a todos los habitantes de la nación, que los aleje de una monarquía teocrática e intransigente y que puedan gozar de libertad en el amplio sentido de la palabra: de conciencia, de expresión, y un respeto absoluto de los derechos humanos.
Marrakech es una ciudad de contrastes, donde se alternan el lujo, las villas, los estanques, los naranjales y palmerales con otra parte más antigua, la Medina, con calles más estrechas y sinuosas, con sus vistosos zocos y gentes de condición más modesta. La Medina fue declarada patrimonio universal por la UNESCO en 1985.
No existe mucha industria en la ciudad, pero si se fomenta la artesanía que es adquirida por los miles de visitantes que cada día llegan a la ciudad. Entre las obras artesanas tienen fama las pellizas de cuero, que pueden adquirirse a precios bastante asequibles
La ciudad es un importante centro comercial y de servicios. Uno de sus distritos más típicos se encuentra en la pintoresca Plaza Djem,a el Fna (Yemaa el Fna) con sus más variados puestos de venta al aire libre, su música, sus encantadores de serpientes, narradores y las ofertas más audaces para turistas atrevidos, o amantes de aventuras con las que se ingenian muchos moradores de esta ciudad y sus alrededores para sobrevivir.
El acto criminal de Marrakech ha querido cercenar la más importante industria de esta fantástica ciudad. Fue en el restaurante Argan, situado precisamente en la concurrida zona de la Djem,a el Fna y costó la vida a 16 personas, la mayoría extranjeros, causando además bastantes heridos.
Es el peligro de ese terrorismo fanático, o de unos dementes que quieren arreglar su visión del mundo con la muerte de inocentes y la ruina de sus países. Es terrible que esto ocurra en cualquier lugar de la tierra, (pues nadie está libre de ello) Mucho más terrible parece que se ejecute en un destino turístico que atrae a personas cuyo único fin es disfrutar de unas vacaciones en un marco exótico y agradable. Si son marroquíes quienes realizaron este acto criminal poco favor le han hecho a su país.
Marrakech fue fundada en 1062 por Ibn Tasfin y tuvo mucho esplendor en tiempo de los almohades. Después vino una época de decadencia y abandono hasta que se recuperó a principios del siglo XX. Escritores, artistas, políticos residieron en esta ciudad o la visitaban con frecuencia. Existen monumentos destacados de su pasado como la torre de la Kutubiyya (o Koutoubia) en la mezquita de los libreros. Su alminar fue tomado como modelo de la Torre Hassan de Rabat, o la Giralda de Sevilla (datada en 1195) También pueden contemplarse las murallas almohades, la Kasbah con la Puerta Agnab, la mezquita Bab Dukkla, los palacios Bahia y Dar al Makhazen, o las Tumbas Saadíes. La moderna Marrakech cuenta con hoteles suntuosos, entre los que destaca La Mamounia un cinco estrellas fuera de serie. Los marroquíes están orgullosos de este lujoso establecimiento que incluso permite visitas, aunque no se alojen en él. En los últimos tres años cerrados para mejorarlo, interviniendo en su decoración interior el diseñador francés Jacques García.. El hotel cuenta con 136 habitaciones y 71 suites y todas las comodidades y servicios que se puedan imaginar.
Entre sus huéspedes distinguidos figuraron Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt. Por cierto, el primer ministro británico solía pintar algunos de sus cuadros desde el jardín del hotel, teniendo como fondo los lejanos y nevados montes del Gran Atlas.
Alfred Hitchkock filmó en La Mamounia secuencias de su película “El hombre que sabía demasiado”.. Otros destacados huéspedes del hotel fueron Charles Chaplin, Sharon Stone o los Rollings Stones.






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