Las caravanas son el eterno problema de este municipio que ningún concejal de Disciplina Urbanística ha logrado controlar. Llega la Semana Santa y posteriormente, la temporada estival de verano, acompañados de cientos de ciudadanos que pretenden disfrutar de esta actividad, muchas veces en lugares en los que que no está permitido, como el que nos ocupa. Están en zonas donde no hay duchas ni aseos, utilizan las aceras como terraza de las caravanas para comer y con una media de 4 personas mínimo por cada una de ellas, mas los perritos que casi todos tienen, lamenta este lector indignado, quien les invita a dar una “vueltita” por el final de la calle Las Tabaibas, en la trasera del hotel Tamarindos, para que “disfruten” de las maravillosas vistas. Mientras tanto, la clase política mira hacia otro lado pendientes de sus carteles electorales.
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