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Incongruencia bancaria autonómica

Viernes, 01 de Abril de 2011
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El Gobierno de Canarias promueve la fusión de Cajasiete, con sede en Tenerife, y la Caja Rural de Canarias, con sede social en Las Palmas de Gran Canaria, con el fin de crear una gran entidad regional que englobe el negocio de las instituciones de las dos provincias del archipiélago, según fuentes financieras. La intención de este Ejecutivo, que se autodenomina nacionalista, sería conseguir que las dos cajas rurales del archipiélago se unan para tener una entidad “totalmente vinculada al territorio”, que luche por Canarias y fundamentalmente para una Canarias autonómica. Dejando por ahora totalmente al margen las inevitables ambiciones personales de ciertos responsables que llevan a los órganos de dirección de estas peculiares entidades de crédito popular que son las Cajas de Ahorro y las Cajas Rurales, sus intereses propios o de las organizaciones que dicen representar, a veces manifiestamente opuestas a los intereses generales populares, es sorprendente el giro que han tomado nuestras Cajas con sus decisiones de alianzas poco explicadas y la desazón que producen en el usuario y cliente de ellas. Así, por ejemplo, en la página Web de La Caja de Canarias, se recuerda que esta entidad nació el 20 de Enero de 1913 en el Palacio Episcopal, iniciando su actividad el 01 de Julio de 1914 en un modesto local, situado en el número 16 de la calle Perdomo, con el nombre de Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Las Palmas, y su finalidad era “dar solución de manera óptima a las necesidades y expectativas financieras de nuestros clientes, fomentando el ahorro y la inversión responsable, obteniendo de nuestro negocio unos beneficios que nos permita reinvertir en la sociedad canaria a través de nuestra Obra Social, todo ello con el objetivo último de promover un progreso sostenible en nuestro ámbito de actuación territorial”. Andadura y fines parecidos fueron los de la hoy CajaCanarias, antes más conocida con el nombre de La Caja General de Ahorros de Canarias, surgida de la fusión, el 23 de marzo de 1984, de las dos Cajas de Ahorros existentes en la provincia occidental: la Caja General de Ahorros y Monte de Piedad de Santa Cruz de Tenerife y la Caja de Ahorros Insular de La Palma, ambas nacidas el de 13 de abril de 1910 por Real Orden del Ministerio de Gobernación de aquellos años del siglo pasado. Sin que los canarios sepamos muy bien por qué, las cosas han cambiado y de los buenos resultados de antaño se ha pasado a tener una delicada situación financiera, aunque se intuye que motivada por haberse metido en la última década en inversiones y proyectos de muy dudosa rentabilidad y utilidad social, aunque para algunos fuera políticamente importante aparecer entonces en ciertas fotografías, también ahora y en las que se tomen en un futuro más o menos inmediato. Eso sin olvidar pasar presuntas facturas por hipotéticos favores debidos. De un día para otro, vemos en los cristales de las oficinas y en los anuncios publicitarios como aparecen otros logotipos institucionales bien ajenos a lo que siempre fueron parte de nuestra identidad y nuestra idiosincrasia. Un anodino Bankia, en letras verde amarillosas sobre fondo marrón desvaído, va sustituyendo a la palmera canaria, azul y amarilla. Una especie de morado racimo de frutas del bosque reemplaza al azul cielo y blanco nieve del padre Teide, dicen que representando a Banca Cívica. Como las personas que se jubilan en una empresa y pasan a un segundo plano, a un progresivo olvido polvoriento en algún lugar donde tal vez sean recordados y visitados, de vez en cuando, por sus antiguos compañeros de trabajo, así sucederá con esos iconos de la canariedad, tan propios y populares como lo son los colores y el escudo de la Unión Deportiva Las Palmas o del Club Deportivo Tenerife. El siguiente paso será cambiar los colores azul, blanco y amarillo por otros que nos sean ajenos. Y en medio, “de fuera vendrá quien de tu casa te echará”, dice un viejo refrán. Mientras tanto, esos políticos que tanto presumen de defender con uñas y dientes la Comunidad Autónoma de Canarias, callan, no sé si impotentes o avergonzados. Como declaró el sindicalista José Luis Tomás, gracias a nuestros políticos nacionalistas, las cajas canarias “ni pinchan ni cortan”. Mañana como Boadil, irónicamente también conocido como “el chico”, esos mismos héroes de la cosa pública llorarán por los mentideros políticos. Quiero suponer que alguien sin temor a ser represariado, perseguido y alejado del paraíso de las subvenciones, como en aquel 1492 hizo la sultana Aixa, madre del rey moro, les recriminará su inacción, su cobardía y la pérdida de otra oportunidad histórica de ser realmente autónomos, con aquella frase legendaria: “llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”.
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