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Jueves, 24 de Marzo de 2011
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El Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo condenó hace unos días al Estado español a indemnizar al ex portavoz de Batasuna Arnaldo Otegui por daños morales por haber vulnerado su derecho a la libertad de expresión cuando afirmó que el rey era el jefe de los torturadores. Cuando se conoció la sentencia, la derecha ultramontana, incluso la antimonárquica, arremetió sin contemplación contra el líder batasuno, ahora en la cárcel. Algún tertuliano de esas televisiones cavernarias y retrógadas llegó incluso a pasarse la sentencia por el escroto, según dijo textualmente un personaje que se vanagloria de ser buen católico, hijo de un falangista y un excelso caballero, de esos que ceden a las damas el asiento y se levantan del suyo cuando ellas entran en la sala. Este personaje, conocido por insultar a una consejera de la Generalitat catalana en el mismo programa televisivo, no se limitó a discrepar del fallo del tribunal europeo. Lo puso de chupa de dómine. Este cavernícola antediluviano, ridiculizó al tribunal porque algunos de sus miembros proceden de países pequeños y pobres de la Unión Europea y no de la España imperial al que él cree pertenecer todavía, aquella en la que en sus territorios nunca se ponía el sol. Pues bien, quién le iba a decir a este soplagaitas que sólo dos días después de sus descalificaciones al tribunal, esa misma institución europea fallaba que los crucifijos en los colegios públicos no contradecían la laicidad y aconfesionalidad del Estado italiano. En esta ocasión el hombre se sumó al alborozo de Berlusconi y el Vaticano gritando a todos los vientos la impecabilidad de la sentencia. En ningún momento recordó que esos mismos magistrados habían fallado dos días antes a favor de Otegui y su libertad de expresión. Es lo que tiene la democracia, que tolera todas las opiniones, incluso la de los terroristas y los fascistas. Claro que para gente como él la democracia es un concepto raro que aún no ha logrado digerir.
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