La terrible situación actual de España, con un paro que no cesa y un futuro tormentoso, es un hecho que no se puede ni se debe negar, aunque haya políticos en permanente campaña electoral que intenten edulcorarla y disimular sus responsabilidades de forma, a mi entender, altamente irresponsable y mentirosa. El actual gobierno de España y sus mariachis mediáticos intentaron ocultar la crisis, como si se tratara de un embarazo vergonzante, hasta que por la fuerza de la evidencia bajo tanto ropaje insensato no fue posible ocultarla. Pretendieron entonces buscar responsabilidades en galanes americanos que sedujeron con malas artes a la inocente española y a las más espabiladas europeas, que mal de muchas consuelo de tontos y de olvidadizos. Intentan así no perder el voto, la confianza dicen, y si cuela, cuela. Y si no cuela, siempre habrá un Pepiño o una Pajín para culpar a Bush y a Aznar de aquellos escarceos que llegaron a lo que llegaron.
Y ahora la crisis no tendrá nombre ni apellidos porque su “progenitor A”, al decir de la ex ministra de igualdad, emigra a Alemania. Se supone que también lo hará una parte de las “progenitoras B” para cumplir escrupulosamente con la parida de la paridad de sexos, nunca mejor dicho eso cuando se habla de embarazos. La diferencia ahora con lo que pasó en España y en Canarias en tiempos pretéritos es que la opción de emigrar se ofrece a los jóvenes preparados, no a la mano de obra poco cualificada de antaño. Y se ofrece para todos en la casi siempre próspera Alemania, donde gobierna la “fracasada” Merkel, no en las menesterosas Cuba o Venezuela que tiranizan los Castro o Hugo Chávez.
Canarias siempre vivió la emigración más que como una opción, casi como una imposición fatalista del ambiente social del terruño. Por eso el folclore lo recoge unas veces con dramatismo y otras con esperanza, pero siempre con un regusto amargoso difícil de ocultar. Con emoción contenida, tanto en la intérprete como en el oyente, la gran cantante teldense Conchy Vera Santiago se arrancaba con una folía cuya primera estrofa decía:
Veo un barco de emigrantes.
¡Qué dramas oculta el mar!
Y pienso en las que se quedan
llorando a los que se van.
Ese dolor, ese miedo y ese llanto contenido de la familia que espera el retorno del que se adentra en el mar, bien por salir a pescar o a perseguir la fortuna en tierras lejanas, se refleja muy bien es esos monumentos ubicados en La Garita y en Agaete, aquí con un muelle restaurado y con un Dedo de Dios que ya no señala al cielo y que, como las llaves del matarile-lire-rón, está en el fondo del mar. Esos dobles sentimientos están insertos hasta en los acordes de las folías, que suelen alternar entre el Re menor y el Fa Mayor, también entre el La menor y el Do Mayor, o cuando una letrilla parrandera corrobora que “las folías de mi tierra son alegres y muy tristes de cantar”.
Mogán, que ya tiene suficiente con el llanto de Néstor Álamo en sus “Noches de Arguineguín” tiene también un monumento con muchos significados posibles. Es el caso de la enorme cola de ballena, que no se sabe muy bien si huye de la tierra o se acerca a ella. O el nadador de Vecindario, que puede estar emulando al cetáceo.
Canarias en general y Gran Canaria en particular tiene elementos en su idiosincrasia que son difíciles de entender y de asimilar. Como indicaba acertadamente un buen amigo nacido en Teguise ─“Tequise”, dice con cierta arretranca, “un pueblo sin agua al que el rico del lugar le regaló una fuente”─ viviendo ahora en tierras cariocas y que aún no sabe muy bien si quiere volver, aunque sea de visita, o tal vez olvidarse para siempre de una tierra paradójica que expone con orgullo en un lugar destacado, nada menos que el Parque Doramas, un conjunto escultórico ¡dedicado al suicidio!, en el que no falta una mujer despavorida que aparenta querer apedrear inmisericorde al que se tal vez duda en lanzarse al vacío.
Mientras tanto para otras gentes el tiempo no parece transcurrir, ni tienen por qué oír discursos cantando futuros esperanzadores, nunca glosando presentes y logros alcanzados para todos, no sólo para los que les piden su disputado voto, como el de la película célebre. A ellos les basta y le sobra con sus calabazas, sus tomates y su ganado, que el viejo y tranquilo pastor define como un conjunto de cabras con algún cabrón al frente… ¡certero diagnóstico político-social!
Y ahora la crisis no tendrá nombre ni apellidos porque su “progenitor A”, al decir de la ex ministra de igualdad, emigra a Alemania. Se supone que también lo hará una parte de las “progenitoras B” para cumplir escrupulosamente con la parida de la paridad de sexos, nunca mejor dicho eso cuando se habla de embarazos. La diferencia ahora con lo que pasó en España y en Canarias en tiempos pretéritos es que la opción de emigrar se ofrece a los jóvenes preparados, no a la mano de obra poco cualificada de antaño. Y se ofrece para todos en la casi siempre próspera Alemania, donde gobierna la “fracasada” Merkel, no en las menesterosas Cuba o Venezuela que tiranizan los Castro o Hugo Chávez.
Canarias siempre vivió la emigración más que como una opción, casi como una imposición fatalista del ambiente social del terruño. Por eso el folclore lo recoge unas veces con dramatismo y otras con esperanza, pero siempre con un regusto amargoso difícil de ocultar. Con emoción contenida, tanto en la intérprete como en el oyente, la gran cantante teldense Conchy Vera Santiago se arrancaba con una folía cuya primera estrofa decía:
Veo un barco de emigrantes.
¡Qué dramas oculta el mar!
Y pienso en las que se quedan
llorando a los que se van.
Ese dolor, ese miedo y ese llanto contenido de la familia que espera el retorno del que se adentra en el mar, bien por salir a pescar o a perseguir la fortuna en tierras lejanas, se refleja muy bien es esos monumentos ubicados en La Garita y en Agaete, aquí con un muelle restaurado y con un Dedo de Dios que ya no señala al cielo y que, como las llaves del matarile-lire-rón, está en el fondo del mar. Esos dobles sentimientos están insertos hasta en los acordes de las folías, que suelen alternar entre el Re menor y el Fa Mayor, también entre el La menor y el Do Mayor, o cuando una letrilla parrandera corrobora que “las folías de mi tierra son alegres y muy tristes de cantar”.
Mogán, que ya tiene suficiente con el llanto de Néstor Álamo en sus “Noches de Arguineguín” tiene también un monumento con muchos significados posibles. Es el caso de la enorme cola de ballena, que no se sabe muy bien si huye de la tierra o se acerca a ella. O el nadador de Vecindario, que puede estar emulando al cetáceo.
Canarias en general y Gran Canaria en particular tiene elementos en su idiosincrasia que son difíciles de entender y de asimilar. Como indicaba acertadamente un buen amigo nacido en Teguise ─“Tequise”, dice con cierta arretranca, “un pueblo sin agua al que el rico del lugar le regaló una fuente”─ viviendo ahora en tierras cariocas y que aún no sabe muy bien si quiere volver, aunque sea de visita, o tal vez olvidarse para siempre de una tierra paradójica que expone con orgullo en un lugar destacado, nada menos que el Parque Doramas, un conjunto escultórico ¡dedicado al suicidio!, en el que no falta una mujer despavorida que aparenta querer apedrear inmisericorde al que se tal vez duda en lanzarse al vacío.
Mientras tanto para otras gentes el tiempo no parece transcurrir, ni tienen por qué oír discursos cantando futuros esperanzadores, nunca glosando presentes y logros alcanzados para todos, no sólo para los que les piden su disputado voto, como el de la película célebre. A ellos les basta y le sobra con sus calabazas, sus tomates y su ganado, que el viejo y tranquilo pastor define como un conjunto de cabras con algún cabrón al frente… ¡certero diagnóstico político-social!








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