En el último pleno del Cabildo de Gran Canaria se aprobó por unanimidad la concesión del Roque Nublo de solidaridad internacional al Banco de Alimentos de Las Palmas.
Es esta una distinción que supone para todo su equipo de voluntarios un aliciente más para seguir trabajando con entusiasmo, empeño y energía en la labor solidaria de compartir la carga de los demás, demostrando que en esta sociedad del despilfarro en la que estamos inmersos, hay múltiples ocasiones para ser solidarios.
Una necesidad muy cercana
No hay que ir muy lejos para descubrir las necesidades de muchas familias. En nuestro entorno, en nuestros municipios, muy cerca de nosotros hay personas (muchas más de lo que se cree) que carecen de los más elementales elementos de supervivencia como es, por ejemplo, la comida. Sólo las personas que están más cercanas a ellas saben lo que esa carencia supone.
Hacia esas personas dirigen su esfuerzo y su trabajo diario los voluntarios del Banco de Alimentos de Las Palmas que recogen, almacenan y distribuyen alimentos a más de 41.000 personas a través de 162 entidades benéficas con las que se colabora. Son voluntarios de las más diversas condiciones profesionales que ceden su tiempo generosamente por el bien de los demás llevando a cabo tareas en ocasiones muy alejadas de su pasada actividad profesional.
No importa, por ejemplo, haber utilizado en su profesión las manos en tareas de cirugía para ahora emplearlas en ordenar lotes de alimentos. No importa haber tenido a su cargo en su vida profesional a operarios de carga y descarga de mercancías para ahora ser uno más que colabora en descargar, almacenar y distribuir los alimentos.
Una solidaridad desde dentro
La solidaridad empieza a practicarse en el Banco de Alimentos de Las Palmas desde los propios voluntarios entre sí. Cuando se entra en el espacio que esta organización ocupa en Mercalaspalmas, se nota de inmediato que allí hay un ambiente especial. Allí se respira alegría, armonía, compañerismo, compromiso. No importa el cargo que han desempeñado, no importan los títulos que se puedan tener, no importa la ideología política o las creencias religiosas, no se tiene en cuenta la importancia social que se haya podido tener.
Allí todo se iguala, todo se aglutina en una sola idea: ser solidarios con las personas necesitadas. Personas cuyo perfil ha cambiado últimamente. Ya no podemos asociar la carencia de alimentos a los clásicos estados de indigencia o de marginación social. Cada vez es mayor el número de familias necesitadas que se encuentra en la situación de dependencia con respecto a la adquisición de alimentos como consecuencia de la actual situación de crisis económica.
Una experiencia gratificante
Entrar en el Banco de Alimentos de Las Palmas es darse cuenta, a través del entusiasmo de sus voluntarios que la solidaridad es símbolo de unión para personas que estaban alejadas entre sí, que la solidaridad sirve de estímulo al pensamiento. Y ese entusiasmo se aprecia por igual en todos aunque alguno tenga setenta y cinco años.
No importa la edad que se tenga, no importa la importancia social o laboral que se haya podido tener o se tenga, cuando se puede tener la oportunidad de apreciar que ninguna persona es una isla, que estamos unidos, incluso cuando no somos conscientes de esa unión. Conocer y compartir las actividades del Banco de Alimentos de Las Palmas, constituye una experiencia extraordinaria y gratificante. También puede suponer encontrar un magnífico proyecto donde ocupar el tiempo de la jubilación.








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