No hay que echar en saco roto lo que decía hace unos días Oliver Alonso, descendiente del conocido empresario Domingo Alonso, concesionario de diversas marcas de coches, entre ellas la Volkswagen. En una entrevista que le hacía el periodista Vicente Guerra en La Provincia, comentaba, refiriéndose a lo que se denomina “al milagro alemán”, que el secreto de este país estribaba en que presentaba una política mucho más serie que la que vemos en otros países, basada, principalmente en tener una nación competitiva a pesar de los costes laborales superiores, que le permiten una mayor calidad de vida y porque Alemania encaró a su tiempo las reformas necesarias. Todos sabemos que Alemania es considerada “el motor de la economía europea”. Uno de sus secretos esa también su seriedad, su acertada planificación y austeridad. No andan metida en ambigüedades, en improvisaciones y en alocados dispendios, como es común en España, donde, por lo que estamos viendo, la mayoría de sus políticos son unos botarates.
Óliver Alonso Rohner (su sangre alemana se le nota en su pensamiento y en su dinamismo) agregó, además, que “el éxito germano es trabajar duro a diario”. Aquí estamos buscando siempre un motivo para escabullirnos del trabajo todo lo que se pueda: puentes, celebraciones sociales, políticas y religiosas diversas. Demasiado espectáculo y pérdidas de horas de productividad. Tanta “frivolidad mediterránea” en la vida cotidiana, tanta improvisación, tantas normas que tenemos, pero que no se cumplen, tantas leyes que necesitamos pero que no se hacen (o que no se reforman, las que evidentemente son obsoletas), tanto político irresponsable, o al que no se les piden cuentas cuando toman decisiones equivocadas, o cometen actos poco ortodoxos, inducen a que tengan impunidad absoluta, e impiden que en este país (o en estas islas) no se tome “el toro por los cuernos” ni se cubran de gloria gobernando “como Dios manda”- como se decía antes. Hay un total desencanto por parte de la ciudadanía, que a lo mejor no sería tanta si viésemos que gobierno, oposición y los demás partidos, empresarios y sindicatos hubiesen puesto todos sus ideas, sus propuestas y su sinergia para resolver esta grave crisis (aunque el señor Zapatero, con su fantasioso concepto de la realidad, no le diera importancia ni previera lo que se le venía encima)
A mucha gente le parece casi un delito que los españoles, los canarios, tengamos que coger la maleta para emigrar. Se olvidan que eso es lo que hemos hecho siempre, cuando la economía o nuestra situación social no nos iba bien, e cuando ha habido discrepancias políticas.
Pero hoy en día debemos llevar, sobre todo a la Europa comunitaria, un bagaje de preparación, de cualificación, porque para barrer las calles, cuidar jardines, colocar ladrillos o realizar los trabajos que nadie, o casi nadie quiere hacer, en muchos de los países europeos, sobre todo en Alemania ya tienen a los turcos y a diferentes nacionalidades del este europeo. Alemania admite emigrantes españoles, pero que sean cualificados. El español de pandereta ya está desfasado y descalificado.
En Alemania ha prevalecido la seriedad de sus empresas y de sus trabajadores. En cambio, además de las improvisaciones a las que he aludido, nos encontramos con una peligrosa economía sumergida, con una insultante evasión fiscal, con una unas administraciones públicas, inclinadas al derroche, a la buena vida que se las ingenian y ingeniársela conseguir fabulosos sueldos y prebendas. Y además, dependemos, en parte, del crecimiento económico de Alemania y Gran Bretaña
En Canarias ha habido un acuerdo para conceder una ayuda estimada en 25.000 millones de euros para cumplir en 10 años, pero hasta ahora todo ha quedado en agua de borrajas millones de euros. Le echan la culpa a la crisis el que no se haya cumplido. Pero a los políticos hay que decirles que no prometan, si no pueden. Quedan mucho mejor y no perderán la credibilidad.
Otro problema que colea en España y en estas islas, es la falta de cualificación profesional, que afecta incluso al principal recurso de las islas como es el turismo. No sólo hay que aspirar a que tengamos universitarios, a gente que termina su escolaridad o hace su bachillerato, sino también a atender unas prioridades que nos harían más competitivos, como es la formación profesional en las ramas más demandas, tanto en España como fuera,, o la investigación. El presupuesto dedicado por la comunidad canaria al I+D es irrisorio, y el de España está muy por debajo del que se dedica a ese capítulo en Alemania, en Francia, en Inglaterra, en Japón o en Estados Unidos.
Lo que no podemos seguir permitiendo que Canarias sea una región descapitalizada, sin iniciativas empresariales e industriales importantes, que tengamos una dependencia casi absoluta de lo que nos viene de fuera y, al mismo tiempo, que se siga creando un vivero de parados y de pobreza, o donde proliferen actividades como la explotación de personas, la economía sumergida, el tráfico de drogas, la delincuencia internacional y la desesperación de muchas familias sin recursos y falta de oportunidades. O todo ello se corrige, o tendremos una verdadera explosión social en un futuro no muy lejano.








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