Este año se cumplen 50 años –las Bodas de Oro- de aquella “descabellada” idea de convertir a Maspalomas en una de las principales zonas turísticas de España. Descabellada, porque tanto Alejandro del Castillo y del Castillo, como a sus hijos Alejandro y Pedro les tacharon de locos: “me decían que cómo se me ocurría invertir en un erial como el que había allí”, manifiesta cada vez que tiene una oportunidad, Alejandro del Castillo y Bravo de Laguna, el actual conde de la Vega Grande y es que, después de muchas, muchísimas dudas y avatares y, después de razonar y meditar concienzudamente todos los pros y contras, el propietario mayoritario de toda la zona de Maspalomas, Don Alejandro del Castillo y del Castillo (octavo conde de la Vega Grande de Guadalupe), decide transformar las fincas de su propiedad en un gran complejo turístico.
A decir verdad, fue en verano de 1960 cuando, el conde de la Vega Grande, dió a conocer a la sociedad capitalina sus intenciones de urbanizar sus terrenos en el sur grancanario, pero fue a principios de 1961 cuando se redactan las Bases conforme al Reglamento de Concursos Internacionales de Arquitectura y Urbanismo de la Unión Internacional de Arquitectos (U.I.A.), con sede en París, siendo aprobados por este organismo y por el Consejo Superior de Arquitectos de España, convocatoria que dio a conocer el nombre de “Maspalomas Costa Canaria” por el mundo y despertó el interés por crear un modelo nuevo y de prestigio para un enclave único y paradisíaco; dándose un plazo de entrega de, aproximadamente, un año: 1 de diciembre de 1961.
Para la convocatoria se editó un documento (un libro en busca y captura por coleccionistas), cuya portada ilustra esta columna, en formato cerrado de 27,5 x 27,5 cms; de 284 páginas de gran gramaje, con croquis y planos desplegables y con interesantísimos dossiers de fotografías de los terrenos y atractivos naturales de Maspalomas en estado virgen, que han pasado a formar parte de archivos y hemerotecas de medio mundo.
Los apartados del libro, que se ofrecían en español, inglés y francés eran los siguientes: Las Bases o Reglamento del Concurso; la composición del Tribunal calificador; Planos desplegables de situación y topográficos; Gráficos de toda clase; una Memoria descriptiva del Archipiélago Canario, de la isla de Gran Canaria y de Maspalomas; el aspecto económico; el movimiento turístico desde principios de siglo XX; la Climatología; la Geología; la Vegetación; el Mar –los oleajes-; distintos dossiers fotográficos y, finalmente, las Disposiciones Legales españolas que, para dar aliciente a la inversión extranjera, regulaban las facilidades y oportunidades que habían de encontrar en Canarias –Maspalomas-, los inversores.
Todo ello pormenorizado hasta tal punto, como para que los estudios de arquitectura, desde cualquier punto del globo terráqueo, pudieran participar en el Concurso sin necesidad alguna de trasladarse al lugar de los hechos.
Sobra decir que la propuesta tuvo una gran acogida internacional, se inscribieron 141 Proyectos correspondientes a 24 nacionalidades; los países que más participación tuvieron fueron: España, con 30 proyectos; Francia, con 25; Polonia, con 20; Holanda y –Alemania, con 8 cada una; Japón, con 7. El resto de los proyectos procedían de lugares tan diversos, como: Suiza, Italia, Portugal, Bélgica, Inglaterra, Suecia, Estados Unidos, Turquía, Canadá, Yugoslavia, Dinamarca, Israel, Argelia, Uruguay, Méjico, Argentina, Mónaco y Finlandia. El Jurado estuvo compuesto por los arquitectos:
* J.H. Van den Broek, decano de la Universidad Tecnológica de Arquitectura de Deflt, en Holanda, que actuó como Presidente.
* Franco Albini, catedrático de Arquitectura del Instituto Universitaria de Venecia.
* Pierre Vagó, Secretario general de la Unión Internacional de Arquitectos (U.I.A.) y director de estudios de cinco escuelas de Arquitectura en Bélgica.
* Luis Blanco Soler, decano-presidente del Colegio de Arquitectos de Madrid.
* Antonio Perpiñá Sebria, catedrático de Urbanismo de la Escuela superior de Arquitectura de Madrid.
* Manuel de la Peña, arquitecto del Instituto Nacional de la Vivienda de Las Palmas y colaborador técnico del Conde de la Vega Grande del Guadalupe.
De los 141 proyectos inscritos tan sólo se admitieron 81, eliminándose la mayor parte por no acatar las normas establecidas en las Bases del Concurso. Por ejemplo, muchos de ellos preveían construir en el Paraje Natural de las Dunas de Maspalomas. A este respecto Don Alejandro del Castillo y Bravo de Laguna, actual conde de la Vega Grande nos recalca la sensibilidad medioambiental que tenían los propietarios de los terrenos, ya que en aquellos tiempos las sensibilidades ecologistas no estaban tan a flor de pié como hoy en día y bien que pudieran haber construido en las Dunas y en el interior de la Charca, y sin embargo no lo hicieron.
Pasada la criba correspondiente y, después de largas sesiones de estudio, el resultado fue el siguiente:
* El Primer premio del concurso, que consistía en: 6.000 metros cuadrados de terreno en la Zona Residencial. 300.000 pesetas en metálico. Viaje de ida y vuelta desde el país de origen y estancia en Gran Canaria durante treinta días, fue para el proyecto presentado por un estudio de arquitectos franceses “Societé pour l’Etude Technique d’Amenágements Planifiés (SETAP)”, compuesto por los señores Guy Lagneau, Michel Weill y Jean Dimitrijevic, arquitectos urbanistas. René Bartholiu, arquitecto; Philippe Cennet, economista; Ivan Seifert, arquitecto-ingeniero; Lucien Varinay, ingeniero y Jean Davidad, jefe de maquetas.
* El Segundo premio fue declarado desierto, ya que entre el que ganó el primer premio y el resto había una notable diferencia, por lo que se decidió establecer dos terceros premios: Uno para el proyecto presentado por un equipo de arquitectos belgas y el otro para el presentado por el arquitecto francés Jacques Karbowsky y éstos consistían en: 3.000 metros cuadrados de terreno en la Zona Residencial. 100.000,- pesetas en metálico. Viaje de ida y vuelta desde el país de origen y estancia en Gran Canaria durante quince días.
Difícilmente nos podíamos imaginar a principio de los años 60, del s.XX la transformación social y económica que iba a suponer para el Archipiélago Canario, para la Isla de Gran Canaria y para el municipio de San Bartolomé de Tirajana en particular, el nacimiento de la zona turística de Maspalomas, y cómo la idea de un hombre y el trabajo de unos pioneros consiguieron cambiar el rumbo de la historia de su tierra que, de anclada en la Agricultura y la pobreza, pasó a ser protagonista de la pujanza económica y el progreso de su gente.
Son muchas las lecciones que podemos extraer de la andadura iniciada con la ilusión, el trabajo y el tesón de aquellos años. Muchos han sido los problemas superados y los errores sin solución acumulados. Errores sin solución que ahora, cincuenta años después, lamentamos más que nunca, pues la tan cacareada crisis mundial coincide y se ceba con el grave deterioro de una zona turística que, en su mayor parte -al menos en la originaria-: San Agustín y Playa del Inglés, está totalmente decadente y caduca.
Y viene a cuento también hablar en estos días que, con motivo de la convocatoria del Concurso Internacional de Ideas, nace un nombre –una marca-: “Maspalomas Costa Canaria”, que la toma la familia Castillo como “santo y seña” de su iniciativa y sus proyectos y que treinta y seis años después (1997) lo retomara la concejalía de Turismo que ostentaba Marcial Franco Vega, para evitar tanta confusión en nuestra promoción exterior y que la oferta turística tuviera un denominador común y un único nombre como reclamo, el de “Maspalomas Costa Canaria”. Bien, cuando se cumplen cincuenta años del nacimiento del topónimo y quince años después de que lo rescatara del olvido nuestro ayuntamiento, la confusión es cada vez mayor y mucho más grave; porque si fuerza hacen unos para identificar con nombre propio la zona de “San Agustín”, más fuerza hacen otros para rescatar de los escombros el de “Playa del Inglés” y, más abajo, el poder mediático y económico hace lo propio con el nombre de “Meloneras”. Puestas las cosas así, merece la pena que nos vistamos de gala para conmemorar el cincuentenario –las Bodas de Oro- de nuestra zona turística de Maspalomas, ¿con vistas al año 2014?
Algunas imágenes que nos deja para el recuerdo, el libro “Maspalomas 1961”.
Fotos de Francisco Rojas Fariñas y Julián Hernández Gil
roberto artiles | Sábado, 06 de Octubre de 2012 a las 12:19:18 horas
Tengo un dossier original del concurso de ideas y debo decir que es un tesoro único
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