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Portugal en caravana

Lunes, 27 de Diciembre de 2010
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Este año, durante el verano, he tenido la oportunidad de realizar un viaje en autocaravana (la primera vez en mi vida) en la que recorrí parte de Portugal desde Rosal de la Frontera, en Huelva, hasta la ciudad de Braga, a pocos kilómetros de la frontera con Galicia. Las seis personas íbamos: en la expedición: mi hermano y mi cuñada, una hermana y un matrimonio amigo. Trazamos una ruta previa para evitar improvisaciones y pérdidas de tiempo e ir a tiro hecho. Como complemento a la caravana llevábamos una furgoneta, adaptada, con literas. Partimos desde Sotiel Coronada, en la sierra del Andévalo y pernoctamos, la primera noche, en una calle apartada de Rosal de la Frontera, delante de un colegio público. Después nos adentramos en Portugal, pasando por una zona de dehesas con encinas, para llegar, en primer lugar, a Beja, capital del Baixo Alem-Tejo, antigua ciudad romana llamada Pax Julia, situada en una rica comarca agrícola. Beja posee diversos monumentos, entre ellos un castillo medieval. En Portugal existen numerosos castillos, la mayoría de ellos bien conservados. Nos dirigimos posteriormente a Grándola (la Vila Morena que aparece en la conocida canción de la Revolución de los Claveles) Continuamos después a la costa de Sines y Setúbal. En esta última ciudad estacionamos los vehículos junto a una larga rambla que posea. Al día siguiente avanzamos hacia el norte a través del Parque Natural de Arrábida para llegar a Sesimbra, ante de tomar la autopista que lleva a Lisboa y hacia el norte de Portugal. En los últimos años se observa en este país un avance en vías de comunicaciones. Se ha construido una magnífica red de autopistas, (con aportaciones de la Comunidad Europea) y existen buenas carreteras secundarias. Casi todas son de peaje, pero nosotros hacíamos lo posible por evitarlas utilizando otras vías alternativas. Así mismo veíamos bastantes zonas de repoblación forestal, especialmente de pinos, que ofrecen un paisaje donde destaca el verdor. Desdichadamente, cada año suelen producen incendios (sobre todo en la época estival) que asolan los bosques y destruyen la biodiversidad. En el paisaje luso se aprecia también la presencia de cañaverales, carrizales, almendros y encinas, y, por supuesto, vides. Los vinos de Oporto tienen fama mundial, pero en casi todas las regiones portuguesas se producen excelentes caldos. En otras regiones portuguesas es relevante también la producción agrícola y ganadera, y en casi toda su costa hay un creciente desarrollo turístico, concentrándose principalmente en el Algarve, en el Sur del país. No obstante, a pesar de este aparente avance, en Portugal se nota bastante la crisis económica, el mal entendimiento entre los partidos políticos es similar al que se observa en España) y el país se encuentra al borde de la quiebra, como Irlanda o Grecia. Uno de nuestros objetivos era visitar la ciudad de Tomar, al noreste de Lisboa, en la Extremadura portuguesa. Esta localidad no se encuentra muy lejos de Fátima, en el distrito de Santarem, en la antigua provincia de Ribatejo. Tomar se convirtió en uno de los últimos refugios de los Templarios, (el otro fue Castro Marím, en el Algarve, cerca de Vilarreal de San Antonio). Debido a la persecución que sufrieron, al llegar a Portugal cambiaron su nombre por el de Orden de Cristo, y el propio rey Don Enrique el Navegante se erigió en Gran Maestre, por lo que se impidió que se les persiguiera. Lo que se llamó Convento de Cristo fue primero fortaleza y convento de Templarios y casa matriz de la citada Orden de Cristo. Es un edificio enorme, con campos de cultivo aledaños. Su iglesia fue ampliada en 1450 y terminada en estilo manuelino. Se conserva muy bien el edificio con su claustro, celdas de los monjes, cocina, zona de novicios, sala capitular, claustro del cementerio, y otros anexos como el claustro de los Felipes en estilo renacentista italianizante. . Se da la circunstancia de que el rey Felipe II de España convocó aquí cortes, en 1581, por las que fue reconocido rey de Portugal y juró fidelidad a los fueros y leyes portuguesas. Claro que el dominio de España duró poco y los portugueses recuperaron pronto su reino y sus gobernantes. Después de la detenida visita a la fortaleza de los Templarios recorrimos esta tranquila y hermosa ciudad, bañada por el río Nabao, afluente de Zézere. Tiene un puente romano y unas riberas muy frondosas y agradables. Se puede contemplar también el acueducto de los Pegoes. Hicimos noche en un camping, dentro de la ciudad, que ofrece muy buenos servicios. Al día siguiente continuamos hasta Braga, una de las ciudades con más sabor medieval de Portugal. Es arzobispado y posee una catedral del siglo XIII, así como un museo de arte religioso y tesoro. Tiene una gran biblioteca en el antiguo palacio episcopal. Cuenta con una iglesia visigótica, la de San Fructuoso. Un edificio famoso, situado en las cercanías de esta ciudad, es el Santuario de Bom Jesús do Monte, que posee una espectacular escalera llamada de los Cinco Sentidos. Braga es también un importante centro agrícola e industrial. Desde aquí, viramos hacia el sur para dirigirnos a la costa, a las playas de Aveiro, Nazaré y Sao Martinho do Porto. Son ciudades turísticas que en verano, sobre todo, se llenan de visitantes, tanto extranjeros como portugueses. Aveiro posee una red de canales que semeja un poco a Venecia. Así mismo, unas barcas que se utilizaban antes para transportar sal, se usan ahora para realizar agradables paseos por estas vías fluviales, especialmente por el barrio antiguo de Beira Mar. Nazaré era un antiguo centro pesquero que guardaba una ancestrales tradiciones, aunque hoy en día se han perdido casi todas. Sin embargo las mujeres de los pescadores visten todavía con unos típicos y originales trajes. Tiene una playa excelente, un puerto deportivo y pesquero y abundantes alojamientos. Una de las vistas más impresionantes es desde el mirador Suberco, en lo alto de un vertiginoso acantilado, donde se divisa su playa, la población y alrededores. En la parte alta de la ciudad se encuentra también el santuario de Nuestra Señora de Nazaré. A la entrada de la ciudad, se encuentra el camping Vale de Paraíso, uno de los mejor dotados de Portugal, donde pernoctamos. Aparte de los innumerables servicios que ofrece, tiene también restaurante y espectáculos que funcionan principalmente en la temporada alta. Sao Martinho do Porto, más al sur, cuenta con unas magníficas playas, situadas en una antiguo lago, abierto al mar. Por carreteras secundarias nos dirigimos a Alcobaça, otra ciudad monumental,, en el distrito de Leiría, a 106 kilómetros de Lisboa, donde se levanta un enorme monasterio cisterciense, que empezó a construir el rey Alfonso I, en 1148 (finalizado en 1222) Es de estilo gótico con influencias moriscas. En su iglesia, de gran altura, se encuentran las tumbas del rey Pedro I (que reinó entre 1357 y 1367) y de doña Inés de Castro, una dama gallega con la que tuvo una hermosa historia de amor, sobre la que se han escrito diversos dramas, poemas y leyendas. Se convirtió en la amante del futuro rey de Portugal y con la que casó en secreto en 1354. Inés fue asesinada por tres hidalgos portugueses. Cuando se convirtió en rey, Pedro I convocó la asamblea de Cantañede e hizo público su legítimo matrimonio con Inés de Castro. Ordenó el traslado de su cadáver al monasterio de Alcobaça, donde la corte fue obligada a rendir homenaje a la reina muerta. .La última ciudad que visitamos antes de volver a España fue Évora, (la Ebora Cerealis romana) en Alem-Tejo. Es una ciudad con vestigios romanos, visigodos y árabes. Entre los primeros están el templo de Diana, o el acueducto. Posee además tres murallas en las que queda encerrada la ciudad antigua. Es digna de visitar la catedral de Santa María, de estilo románico-gótico, y las estrechas callejuelas que confluyen en la Praça de Giraldo. En fin, este viaje ha resultado ser una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido, a lo que se añade la aventura de utilizar como medio de transporte una autocaravana.
Imágenes:
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