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La violencia hacia las mujeres

Miércoles, 24 de Noviembre de 2010
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La Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1993, define la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico. Incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad”. Dependiendo de cada país, de un 25 a un 75 % de las mujeres son maltratadas físicamente en su hogar. En España seiscientas mil mujeres confiesan haber sufrido malos tratos alguna vez en su vida. Con motivo de este Día Internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres, se produce todo un despliegue informativo acerca de la problemática de la mujer maltratada. Y es que la celebración de este Día obliga a instituciones, organizaciones, diversos colectivos y a los medios de comunicación a tener que hablar de un tema que debe ser asumido por la sociedad como un problema a resolver desde la prevención y teniendo muy presente que la violencia supone una falta de respeto a la persona. Y ese respeto puede en ocasiones quedar en entredicho por la actitud que muchas veces se adopta frente a la mujer a través de la publicidad, la moda y determinados medios de comunicación. Todo lo que se diga en estos días en torno a la realidad de la mujer maltratada no sirve para casi nada si no se mantiene la actitud adecuada a lo largo de todo el año para que, efectivamente, se produzcan los cambios que tienen que producirse. Y para que eso ocurra no basta con unas determinadas campañas, manifestaciones, actos, etc, etc, sino que todo eso tiene que llevar aparejado una acción continuada de actividades en distintos ámbitos de la sociedad que contribuyan a cambiar determinadas ideas que en nada favorecen a la Mujer. Y digo esto porque en el día después de tantos actos, de tanta difusión a través de los distintos medios, de tantas declaraciones políticas, de tanta propaganda, me temo que vamos a seguir siendo testigos de hechos que contradicen lo que en estos últimos días hemos escuchado, visto o leído. Llevamos a cuestas una cultura en la que a la mujer le ha tocado un papel de sujeción al hombre. Inicialmente, la excusa ha sido -se supone- la superioridad física del hombre y por ella domina a la mujer. Pero se han añadido otras excusas: el destino prioritario de la mujer a las labores del hogar y a la atención de la familia. Así, el esposo continúa siendo el sostén económico y la esposa la responsable de la marcha y del orden del hogar. Este esquema se ha roto en la medida en que la mujer se ve obligada a ser también sostén del hogar a causa de la difícil situación económica actual para solventar las necesidades elementales de las familias. Entonces se hace más patente la injusticia: teniendo ambos la obligación del trabajo fuera de casa, la mujer sigue conservando la obligación de atender a los hijos y de las labores del hogar, y, por si fuera poco, el esposo sigue sintiendo que él es el jefe y que su esposa es la que obedece. Poco a poco ha ido la mujer conquistando espacios en los cuales participa y ejerce su libertad. Ello le ha permitido ir ocupando cargos cada vez más importantes con efectividad. Pero todavía hay espacios a los que se le permite acceder por la conveniencia de dar la apariencia de liberalidad. ¿Qué tanto por ciento de mujeres ocupa cargos públicos significativos o desempeñan labores importantes en el mundo de los negocios? Es necesario acabar con la idea de que la dignidad de la mujer, como la de los niños, se debe a su debilidad. Respetar a la mujer no es, ni debe ser, un acto altruista del hombre que quiere mostrarse caballeroso y atento con un ser inferior. La dignidad de la mujer es por ella misma. Es necesario que, junto a la lucha por reivindicar una mayor justicia para determinadas mujeres, se haga también hincapié en la importante labor que la mujer realiza día a día en el entramado de una sociedad como la nuestra en la que no se es muy dado a divulgar lo positivo. Estas cuestiones son, a mi juicio, las que deben tenerse en cuenta posteriormente a la celebración del Día Internacional de la no violencia hacia las mujeres y lograr así una mayor eficacia en la lucha contra esta situación que es consecuencia en nuestra sociedad de una irracionalidad que contribuye a no respetar a las personas y no dar valor a la vida.
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