Kilimanjaro, Mont Blanc, Elbrus, son cimas emblemáticas donde el nombre de San Bartolomé de Tirajana ha ondeado en lo más alto gracias a Marcos Ojeda, un vecino de San Fernando de Maspalomas, joyero de profesión y apasionado montañero.
Tocado con un sombrero canario, que ha causado sensación allá por donde lo ha llevado, Marcos Ojeda Quintana, de 38 años, inició en enero una atractiva ruta de grandes cumbres que culminó en septiembre con la ascensión al mítico Mont Blanc.
Estas escaladas sólo son un punto seguido en su afición: el año que viene pretende subir el Aconcagua (Argentina) y la llamada Pirámide de Carstensz, en Indonesia, para que también en estas impresionantes montañas su cachorro y el logo de San Bartolomé de Tirajana hagan de embajadores de Gran Canaria.
Ojeda comenzó a subir montañas cuando estaba en el grupo de ecología de su instituto y tras escalar por Gran Canaria y Tenerife, lo dejó durante 15 años, pero le pudo el gusanillo y se animó a practicarlo otra vez.
"En 1995 estuve en Marruecos e intenté subir al Toubkal, el monte más alto de ese país (4.167 metros), pero mi mujer y yo nos vimos afectados por un principio de cólera y tuvimos que desistir", comenta este joyero, que con patrocinio de su empresa, Joyartesana, se financia sus viajes y escaladas. Marcos se quedó con la espinita clavada y buscó en Internet información sobre esa montaña marroquí, pero vio un enlace sobre subidas al Kilimanjaro (Tanzania) y se decidió por esta cumbre, la más alta de Africa, con 5.885 metros.
La expedición hacia el Kilimanjaro la inició en enero de este año y según cuenta "fue de una belleza extrema, pero su ascensión fue mucho más que dura porque me vi afectado por el mal de altura y a los 5.400 metros, a sólo 400 de la cima, vomité y estuve tres días sin dormir".
El logo tuvo su impacto entre los montañeros del Kilimanjaro, pero "la aceptación de mi cachorro fue terrible, ya que en Rusia, cuando subíamos al Elbrus, un grupo de americanos me lo quiso comprar, y en un refugio de los Alpes, cuando iba al Mont Blanc, también se empeñaron en comprármelo, pero dije que no", afirma Marcos Ojeda, quien alaba este sombrero autóctono por su comodidad, porque protege del frío y del calor y porque no resta visibilidad.
[caption id="attachment_44751" align="alignright" width="220" caption="Coronación del Elbrus"]

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Después de la experiencia africana y pese a los malos ratos pasados, la pasión por el alpinismo de este vecino sureño no decayó, y en agosto emprendió la escalada al Elbrus, la montaña más alta de Rusia, con sus 5.620 metros. Allí le dieron dos cólicos nefríticos, pero no le amilanaron y subió. Su subida, según rememora, fue mucho más dura que la del Kilimanjaro porque hace muchísimo frío, la hizo sin porteadores y soportó 22 grados bajo cero.
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