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Cairasco

Lunes, 25 de Octubre de 2010
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“Aquí lo ignoramos” Hasta hace apenas un mes me hubieran preguntado por Bartolomé Cairasco de Figueroa y sólo hubiera podido responder que había sido un escritor nacido en Canarias. Nunca estudié a Cairasco en el colegio. Lo mantenemos vivo porque le da nombre a una plazoleta muy frecuentada y por el busto que preside ese espacio de terrazas y tertulias. Y no es que haya que conocer a Cairasco porque sea canario: fue uno de los mejores escritores en los años que le tocó vivir y su obra contó con la admiración de algunos clásicos como Miguel de Cervantes o Lope de Vega. Sin embargo aquí lo ignoramos y lo hemos ignorado durante siglos. Me vi comprometido por el amigo Isidro Ramos a preparar una intervención sobre Bartolomé Cairasco (el corrector también anda confabulado contra el escritor y se empeña en escribir Carrasco todo el tiempo) en unas jornadas que organizaba el Gabinete Literario. Me acerqué con esa desconfianza con la que te acercas siempre a los clásicos que supones plúmbeos, pero lo que encontré fue un escritor que cuenta magistralmente cómo éramos y cómo vivíamos hace varios siglos. Me apoyé en un enjundioso trabajo del profesor Oswaldo Guerra y en la lectura de la obra del propio autor para preparar mi intervención. Cairasco tenía ancestros italianos por la rama paterna y canarios aborígenes por la materna. Este último detalle resulta crucial en la Comedia del recibimiento al utilizar en boca de Doramas palabras del idioma prehispánico. El escritor, además, tuvo una intensa vida combatiendo contra Francis Drake en 1595 y ayudando en la defensa de Las Palmas de Gran Canaria cuando el ataque de Van der Does en 1599. Su obra Templo militante fue publicada en Valladolid y en Madrid cuando él vivía, y desde el siglo XIX, que se dice pronto, creo que no se ha vuelto a reeditar. No fue un visionario obnubilado por ese mundo cercano que a veces impide ver el bosque inmenso de la humanidad: se formó fuera de las islas y luego regresó con la mirada universal del viajero. Pero no es Cairasco el único caso de olvido en las letras canarias. A Domingo Rivero lo vinieron a descubrir hace dos años en la Península después de que Francisco Brines apadrinara una reedición de Yo, a mi cuerpo. Todos se preguntaban en los principales suplementos de cultura que por qué no se le había conocido antes. Pues porque los canarios no valoramos casi nunca lo que tenemos. El último ejemplo es José María Millares, al que negaron el premio Canarias casi hasta el último momento. Ya fallecido, después de 88 años de vida, le concedieron el Premio Nacional de Poesía. Cairasco sólo fue el primero de todos los olvidados que tenemos que reivindicar para no extraviarnos en la mediocridad del nuevo rico que desprecia su cultura. Ni siquiera Galdós ha sido reconocido nunca como merece en las islas que le vieron nacer. CICLOTIMIAS En medio del caos todavía cantan los pájaros.
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