Ya en materia, el tono de la conversación con el concejal se elevó por minutos hasta el punto que se sobresaltó de tal manera que se le bloquearon los oídos. Nos explicamos, el edil recibió la llamada del redactor jefe de esta casa para que explicara su versión sobre las reclamaciones presentada por Casteleiro ante el desvío de subvenciones al vecino municipio de Mogán. El edil, que contestó desde el manos libres (suponemos que de su deportivo), se limitó a increpar con su chulería y fanfarronearía característica al presidente de los populares, al que acusó de pretender acabar con una labor social para los niños del municipio, al tiempo que lo acusó de "no tener vergüenza" y utilizar el asunto con tintes políticos. Eso si que es educación. Seguidamente, también acusó de "mentiroso" y otras lindezas al responsable del Club de Lucha de Maspalomas porque ha decidido trasladar la sede a Arguineguín ante la escasa ayuda municipal que percibe, el estado lamentable de las instalaciones en El Tablero y la falta de compromiso del concejal, que lo ha "vacilado" durante casi dos años, nos cuenta su agitado presidente.
A por el mensajero
Pero lo mejor vino a posteriori, cuando el edil empieza a delirar y entra en estado de shock y disparatado discute con el periodista para que no le pregunte más, al que acusa de escribir lo que quiere. Como ven, el viejo truco de sermonear con el mensajero cuando incomoda el tema aún lo utilizan algunos iletrados. Este pobre yermo de la política sureña no quiso entender que, al igual que se dedica a enviarnos comunicados absurdos sobre las olas que coge un surfista (sin contar con el Gabinete de Prensa y empleando a personal que se le paga para desempeñar otras funciones), podría también llamar o remitir una rectificación o desmentido sobre las informaciones que considere que no se ajustan a la realidad. Quizás si no lo ha hecho hasta ahora porque no duda de su veracidad. Para no cansarles, este representante de los ciudadanos no tuvo reparos en demostrar finalmente que el cargo le queda demasiado grande y ni corto ni perezoso, decidió acabar con su cólera con la siempre cobarde acción de colgar el teléfono, un gesto con el que quiso ratificar la personalidad, educación y nivel cultural de uno de los 19 concejales que mantiene este ayuntamiento para que realice acciones acciones como estas y disfrazar así su inepta gestión, torpe, negligente e inútil al frente de una administración que se financia con el dinero de todos los ciudadanos. Jamás se vio en este municipio un edil de Deportes igual, eso si se lo podemos asegurar en los casi 25 años de experiencia.
Infidelidades
Consideramos que un cargo público al que se le supone amante de ella, la Administración, o al menos lo fue, no puede cometer estos errores con los medios de comunicación que buscan su opinión y demostrar así esta especie de infidelidad con los vecinos a los que decepciona tras romper su compromiso con el cargo. Quizás esta haya sido la aventura más destacable de la legislatura y que eclipsa cualquier actividad. ¿A qué espera la alcaldesa para cesarlo? ¿Tendremos que oirla otra vez responsabilizando a Narváez de la actitud de este rebotado? ¿Cuántas acciones serán necesarias para que se tomen medidas y reducir la imagen ridícula que ofrecemos fuera del municipio?








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