La Televisión Canaria ha vuelto a estar en el candelero informativo a cuenta de las críticas vertidas por el Partido Popular. Es un capítulo más de esa especie de culebrón acerca de cuánto durará el actual pacto de gobierno.
Pero, dejando a un lado las cuestiones políticas y circunscribiéndome a la visión que uno pueda tener como canario y como profesional de la formación y la comunicación, me atrevería a decir que no puedo estar contento con la oferta que, en general, nos hace este medio público.
Uno entiende que la Televisión Canaria debería ser un poderoso instrumento para intentar llevar a nuestra población aspectos que contribuyan a su desarrollo social y al conocimiento de la identidad canaria como medios para potenciar la presencia de nuestra Comunidad Autónoma en Europa, África y América a través de una programación que sea capaz de abordar el gran desafío de enseñar aquellos conocimientos o procesos que faciliten el conocimiento de la realidad canaria a través de su pasado, su presente y su futuro y que contribuya a garantizar una formación general lo más amplia posible para el mayor número de ciudadanos/as para que, siendo conscientes de su identidad, sean los verdaderos protagonistas del desarrollo de nuestras islas.
A mi juicio, hasta ahora se ha cometido el tremendo error de ofrecer más de lo mismo aunque se haya pretendido poner el sello de lo canario. La Televisión Autonómica, como recurso público que es, debe desmarcarse de lo rutinario en las otras televisiones y abordar con firmeza la tarea de ofrecer a los televidentes lo que las otras televisiones no pueden ofrecer porque se rigen por las normas de un mercado con escasa imaginación para cambiar los esquemas o con demasiadas prisas por enjugar sus déficits.
Entiendo que la Televisión Autonómica, como un servicio público que es, tiene que apostar fuerte por los programas educativos, cuya oferta en nuestro País es raquítica, está dispersa y carece de continuidad para afianzar hábitos de consumo. Las emisiones educativas se han asociado con un formato pobre, aburrido y destinado a audiencias muy restringidas. Ese argumento se da cuando no existe imaginación para lograr la armónica convivencia de la programación general con la programación cultural de calidad.
Parece evidente que hoy nadie puede vivir de las rentas educativas acumuladas en la adolescencia y en la juventud y que todos debemos aprender cosas nuevas de forma más o menos sistemática, con mayor o menor extensión y amplitud. Esta necesidad de formación recurrente no se refiere sólo al desarrollo de conocimientos y destrezas para el trabajo, sino que alcanza a la propia convivencia social, a la actualización cultural, al diálogo entre generaciones y, por lo mismo, al propio desarrollo personal.
El gran desafío es enseñar aquellos conocimientos o procesos que faciliten aprendizajes posteriores, mucho más que la acumulación y actualización de todos los contenidos. Es importante garantizar una formación general lo más amplia posible para el mayor número de ciudadanos/as, pero también resulta imprescindible asegurarles el acceso a programas formativos, para actualizar, completar o ampliar sus conocimientos y aptitudes.
En este sentido la Televisión Canaria debe cumplir una función formativa creando un clima favorable al aprendizaje al tiempo que puede integrarse en futuros programas de educación a distancia y servir como material didáctico de otras acciones formativas.
La oferta educativa de la Televisión Autonómica Canaria debería estar estructurada por prioridades temáticas, géneros y formatos diversos y audiencias específicas. Una estrategia global en apoyo de este tipo de oferta exige una inversión en investigación y formación así como la producción de programas al servicio de objetivos educativos y la creación de sistemas de evaluación y seguimiento de la calidad de los mismos.
La capacidad comunicativa de una programación televisiva depende de muchos ingredientes; entre otros, de la capacidad de invención y de la riqueza y variedad de los recursos creativos, técnicos, expresivos y de producción en general.
En mi opinión, a la hora de desarrollar los diferentes espacios que componen la programación de nuestra Televisión Autonómica debe tenerse en cuenta como prioritario potenciar el conocimiento de nuestra historia, de nuestra cultura, de nuestra educación, de nuestras costumbres, de nuestros hábitos de vida, de nuestra salud, de nuestro patrimonio, de nuestra economía, de nuestro medio ambiente...
Si la Televisión Canaria potencia en su programación los mismos contenidos que las demás e incluso cae en los mismos errores de chabacanería de otras cadenas, habría que llegar a la conclusión de que supone para todos los canarios un despilfarro que no nos podemos permitir.








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