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Por qué los empresarios deben apoyar la huelga general

Domingo, 26 de Septiembre de 2010
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En los tiempos que corren, abrazar una ideología supone hacerse un flaco favor. Por supuesto, las tradiciones de pensamiento político en torno a los objetivos de emancipación humana, que en la modernidad se describieron como de libertad, igualdad y fraternidad, constituyen un acervo cultural y valorativo de gran importancia y no se trata de restarles su valor. Y, tanto los esfuerzos –a menudo dramáticos- para conseguir mejoramientos comunitarios, como muchos de sus resultados en la búsqueda de una mayor justicia social en el reparto de las cargas y los recursos, son auténticos hitos del progreso civilizatorio. Sin embargo, en la actualidad los niveles de complejidad política y los retos de justicia son de enorme calado y se suceden a gran velocidad. Por ello, tanto a nivel personal, como de grupos organizados, adherirse a un cuerpo cerrado de ideas que fundamenten el pensamiento sociopolítico, resulta más un obstáculo que un medio para comprender estas complicadas situaciones. Porque se supone que la ideología a la que uno se adhiere, además de facilitar el análisis coyuntural, debería, al menos, servir a los intereses sociales que defiende. Pero, demasiado a menudo, ese conjunto de conceptos y lemas ideológicos que forman nuestro sistema político se acaba tomando, acríticamente, como una verdad completa y un método acabado. Y en asuntos humanos esta es una manera cierta de terminar actuando -probablemente, de buena fe, pero, seguramente, con poca inteligencia- en contra de los valores y los intereses que pretendemos. Este abandono de los recursos intelectuales y valorativos de examen y estimación en las acciones y en las pugnas de poder social, a la humanidad nos ha llevado a menudo a tragedias sin cuento, de las que las guerras de religión son apenas uno de los ejemplos más absurdos y sanguinarios. Una muestra actual -no tan extrema, desde luego- de estas dinámicas es la postura asumida ante la próxima convocatoria de huelga general en el Estado, por la gran mayoría del empresariado que tiene negocios vinculados a la economía productiva, la no especulativa, la de los bienes y servicios: -Su interés principal -retórica “emprendedora”, aparte- es el ánimo de lucro privado. Y para conseguirlo, el primer requisito es el de vender el máximo de su producto. -Su ideología al uso, es la de que en esa búsqueda de enriquecimiento, el factor trabajo y entre sus costes, los salarios, son más un obstáculo, que otra cosa. Sin embargo, la infinita mayoría de sus potenciales clientes, son asalariados. -Por lo tanto, el pleno empleo y la obtención de salarios con capacidad de compra que exceda la mera subsistencia, aunque no estén entre sus finalidades, son requisitos consustanciales a los intereses de los empresarios, pues precisan de que hayan muchas personas con capacidad de consumo. Con que cada empresa procurara buenos salarios sólo a sus trabajadores, el efecto social sería un círculo virtuoso de mayor demanda de productos, mayor ocasión de negocio, mayor creación de empleo… como hace mucho que se sabe y practica en la economía de los países nórdicos de Europa, los socialmente más ricos y solidarios. Desde luego, hablamos de empresarios y empresarias que no viven de ofrecer productos suntuarios -solo al alcance de los ricos- o de hacer operaciones financieras especulativas. Y que no son tan ricos como para que el hundimiento de sus negocios, por una recesión económica impuesta por los sectores financieros más grandes, les afecte en su estatus económico. Así, poniendo en entredicho su ideología corporativa y en apoyo de sus exclusivos intereses de parte, la patronal del sector productivo no solo debería apoyar la próxima huelga general en contra de la precarización de las condiciones laborales, sino que debería participar en ella, codo con codo, junto a sus trabajadores. Pero ejemplos de estas dinámicas equívocas hay muchos, y en todo el espectro social. Si no, que se lo digan a los propios convocantes, a los sindicatos… y es que de buenas intenciones, está el infierno lleno.
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