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Siendo sinceros...

Lunes, 20 de Septiembre de 2010
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El conjunto de la ciudadanía española nos encontramos a pocos días de la que, probablemente, sea la convocatoria sindical a nivel de Estado más importante en muchos años: la próxima huelga general. Esta propuesta se ha coordinado con un sinfín de movilizaciones en toda la Unión Europea en lo que se espera que sea un plante multitudinario de los pueblos soberanos europeos contra las últimas medidas de empobrecimiento y de pérdida de derechos generales, decretadas por “nuestros” gobiernos en cumplimiento de las antisociales directrices acordadas por las elitistas instituciones económicas occidentales, sin legitimidad, ni refrendo democráticos. Resulta más y más patente que el conjunto de las Jefaturas políticas y administrativas de los países de Europa están actuando a despecho de la condición opulenta de nuestras economías, de los valores solidarios que fundamentan nuestros regímenes democráticos y de las garantías de protección social y laboral establecidas en nuestras constituciones; y que el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la OCDE y demás instituciones de armonización económica internacional, así como los distintos Bancos Centrales nacionales, están contraviniendo los fines para los que fueron creados y hasta los estatutos que los rigen. Y eso, hace mucho que está ocurriendo impunemente. Casi sólo quedamos la ciudadanía de a pié y nuestras organizaciones y colectivos populares, para plantar cara a esta tan temeraria como injusta dinámica de descomposición social y económica impuesta por los poderes fácticos de toda ralea. Así las cosas, hay puestas grandes esperanzas en que esta jornada europea de reivindicaciones solidarias y democráticas inicie en nuestros países un cambio substancial de tendencias en la gestión de la crisis capitalista global, en la asunción de responsabilidades por su causa, en la salida de la misma y en la implementación de controles para impedir su repetición. Eso sí, para que ese cambio sea creíble y posible, se deberá conseguir crear nuevas hegemonías sociales y políticas. No obstante la gravedad y la relevancia de la situación, y la importancia de la participación en las acciones reivindicativas, en Canarias, parece que, aún así, todo son incógnitas en torno a lo que va a pasar el día de la huelga general: -Aunque los motivos laborales y sociales para apoyar el paro general están de sobra justificados, tanto para quienes como trabajadores están padeciendo la precariedad y la exclusión laborales, como para los que como empresarios tienen comprometida la viabilidad de sus negocios, causada por la contracción del consumo por la severa pérdida de poder adquisitivo en los hogares y de la inseguridad generalizada. Del mismo modo, para la legión de personas que subsisten en situaciones angustiosas, vinculadas a ajustadas pensiones o a reducidos subsidios, las opciones son claras. -Aunque, ya antes de que estallara la crisis global, en nuestro ámbito político territorial los incumplimientos de las instituciones autonómicas en la extensión y la calidad de la prestación de los servicios públicos eran proverbiales; las fracturas económicas y de acceso a oportunidades entre ricos y pobres, tercermundistas; y la indefensión política y económica de la población en los asuntos de nuestro interés, impropia en un Estado que se pretende social y de derecho democrático. -Aunque actualmente, los mayores porcentajes de personas en paro de toda España están en Canarias; el mayor porcentaje de paro juvenil y de fracaso escolar; los salarios medios más bajos y también los mayores porcentajes de familias con ingresos por debajo del umbral de la pobreza o sin ningún ingreso. Sólo la acrisolada solidaridad intrafamiliar y el estoicismo resignado de la gente de a pié, junto al decidido –pero claramente insuficiente- apoyo de los estamentos y organizaciones de ayuda social, están evitando, hasta el momento, mayores deterioros sociales y desórdenes públicos. -Aunque, por todos estos motivos y cuestiones, para la gran mayoría de la población canaria, el próximo miércoles 29 de septiembre representaría la mejor ocasión para manifestar, con contundencia, nuestra repulsa ante las políticas y las prácticas que nos vienen imponiendo, de empeoramiento de las condiciones de trabajo, en particular, y de empobrecimiento social, en general. Siendo sinceros, a pesar de que, a poco que se reflexione, está claro que la necesidad de pronunciarnos no tiene que ver con el prestigio de las fuerzas sindicales convocantes, ni con los inciertos efectos que las movilizaciones tengan sobre los actuales responsables políticos; siendo evidente que la dinámica institucional de los últimos tiempos conculca de hecho, múltiples preceptos y garantías de nuestro contrato social, no hay seguridad en lo que puede llegar a ocurrir. Y es que, en Canarias, es tal el acoso a las conciencias y la dignidad de los ciudadanos y las ciudadanas por parte de los poderosos, es tal la fragilidad y la descomposición de nuestra sociedad civil, que podría ocurrir tanto que hubiera una gran respuesta popular ante la huelga, como que se produjera un notable absentismo reivindicativo. ¿Estamos haciendo los ciudadanos y ciudadanas canarios lo necesario y lo debido -personal y colectivamente, en privado y públicamente- para hacernos cargo de la encrucijada humanística y ecológica en que nos encontramos? ¿Estamos dando testimonio de nuestras convicciones y esperanzas entre nuestros familiares, amigos, compañeros y vecinos, animándonos a actuar solidariamente? ¿Quién si no que nosotros y nosotras mismos, en nuestra condición de ciudadanos, defenderá entonces nuestra Democracia de los usurpadores y de los parásitos?
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