La Unidad de Prevención de Drogodependencias y Promoción de la Salud (UAD)del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana repartirá, en la tarde de este miércoles, alcoholímetros y folletos que informen a los conductores de la afectación del consumo de alcohol .
Para la distribución se contará con la colaboración de la Policía Local que controlará el tráfico y detendrá a los vehículos para que los técnicos puedan distribuir los alcoholímetros y los folletos informativos.
Este evento se enmarca dentro de una campaña más amplia presentada a la comunidad el pasado 25 de noviembre de 2009, con el título “Por tu salud ¡Cuídate!”, cuyo objetivo es informar y prevenir aspectos básicos de la salud.
Si bebes no conduzcas
El alcohol es una sustancia que, una vez ingerida, atraviesa las paredes del estómago y el intestino y se distribuye por todo el cuerpo a través de la sangre hasta que el hígado la metaboliza y desaparecen sus efectos sobre el organismo.
Esas son las tres fases de la alcoholemia: absorción, distribución y metabolización.
Absorción. Un 20% del alcohol ingerido pasa en pocos instantes del estómago a la sangre. El 80% restante llega a la sangre a través del intestino. Durante los primeros minutos la absorción es más rápida, de manera que el alcohol llega a su máxima concentración en sangre entre 30 y 90 minutos después de la ingesta.
Hay que tener en cuenta que con el estómago vacío la absorción es muy rápida.
Por otra parte, cuando se combina con bebidas gasificadas el alcohol atraviesa más fácilmente la barrera hematoencefálica y su efecto tóxico es más rápido y acusado.
Distribución. El alcohol viaja por todo el organismo a través de la sangre, por lo que lo afecta al cerebro y al sistema nervioso. En un primer momento causa euforia y desinhibición. Cuando bebe, el conductor menosprecia el riesgo y disminuye su sensación de velocidad. Disminuye también su capacidad de concentración y el conductor calcula mal las distancias.
Por otra parte aumenta el aletargamiento del conductor, de manera que sus movimientos son menos precisos. Todo se une: la euforia etílica sumada con la falta de reflejos hace del conductor ebrio una bomba de relojería.
Metabolización. El cuerpo humano no necesita alcohol ni puede almacenarlo. Por eso debe metabolizarlo, es decir, transformarlo en sustancias de deshecho. A través de la orina, el aliento y el sudor se elimina entre un 2% y un 10% del alcohol. El resto es tarea del hígado, que metaboliza esa sustancia a un ritmo de 0,12 g/l de alcohol en sangre por cada hora. De ahí que se diga que para superar una tasa de alcoholemia de 0,5 g/l hay que esperar aproximadamente cuatro horas (0,12 x 4 = 0,48).
Ese es el camino del alcohol. Por eso cuando un conductor bebido cree que controla la situación no es que mienta, sencillamente cree que es así porque el alcohol le da una percepción distorsionada de la realidad.
Luego están las medias tintas, como cuando un conductor manifiesta que sabe hasta dónde puede beber para no tener problemas. El asunto está en que el alcohol no hace efecto de forma inmediata y por esa razón resulta prácticamente imposible calcular cuándo hay que dejar el vaso sobre la mesa. Por otra parte, la euforia propia de la persona que ha bebido hace que le sea difícil interrumpir la ingesta de alcohol.
La conclusión de todo esto la chapurreó Stevie Wonder hace un carro de años: si bebes no conduzcas.






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