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A favor de la vida...del toro

Jueves, 29 de Julio de 2010
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La prohibición de las corridas de toros en Cataluña estaba cantada. Y digo que era esperada porque todo lo que huela a tradición española es convenientemente vetado en esa región, especialmente desde 2003, cuando entraron en escena unos señores que representan el tripartito y que su único interés es vivir a costa de España, pero sin España. Es algo así como querer lograr la independencia, pero con financiación estatal. Claro, porque eso de vivir emancipado debe ser la releche, pero que las perras las siga poniendo mamá-papá Estado central, ¿verdad? A mí, lo de que no haya corridas de toros, en general, me parece genial. El espectáculo de la Fiesta Nacional debería de ser como en Portugal, donde únicamente se lidia a la res, pero luego es devuelta a su dehesa natural. Lo que sucede con los políticos catalanes, todos esos que se han puesto rampantes con la aprobación de la prohibición, es que a ellos les motiva, como decía Albert Rivera, borrar toda concepción española. No pueden soportar la idea de ser una más de las 17 comunidades autónomas. Ellos tienen que ser más, una nación y si pueden cargarse el espectáculo de los toros, lo harán, no lo duden. Lo que sucede, mis queridos amigos, es que las contradicciones llegan de inmediato. Las mentiras, en este caso, tienen los cuernos muy cortos y, el mismo día en que se aprueba en las Cortes Catalanas esta ley, en San Carlos de la Rápita se celebra a bombo y platillo el espectáculo del toro con bolas de fuego. ¿Ahí no sufre el animal, señores Rovira, Mas, Saura y compañía? Parece mentira que ustedes tengan tanta cara y la muestren tan poco. Y podemos ir más allá, casi hasta el infinito, señores míos. ¿Ustedes son los que velan por el derecho del toro a vivir con una mano, pero con la otra votan sí al aborto? Lo de ustedes es de una hipocresía que no conoce límites a la desvergüenza. Hay que echarle rostro al asunto para salir a la escena pública y no descomponerse en absoluto. Tiempo precioso que está perdiendo la Conferencia Episcopal Española en readaptar su campaña publicitaria. Olvídense del lince. Pongan un toro al lado del niño. Más efectista y oportuna no podría ser la propaganda.
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