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¿Y ahora qué?

Miércoles, 14 de Julio de 2010
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Como estamos viendo, el deporte en algunas de sus modalidades, es capaz de unir a este pueblo convulso y atípico, bajo una misma bandera. Une mucho más que las actuaciones de de nuestros políticos en general, que en determinadas ocasiones, suspenden en una asignatura tan importante como es el buen gobierno. Después de la euforia colectiva por el triunfo, apurado triunfo del equipo español, (se tuvo que recurrir a una prórroga para conseguirlo) volveremos a percatarrnos de la cruda realidad de este país, y especialmente de la de Canarias La mediocridad política no sólo no nos une, sino que aparece como un mal ejemplo, tanto para los ciudadanos como para el resto de las naciones. Consecuentemente, ese reflejo nos llega a esta autonomía atlántica aumentada, pero no corregida El pasado domingo, tan esperanzador para los que sustituyen el deporte por la realidad cotidiana, parecía que se repetía un poco las historias del pasado, las políticas imperiales que siempre dejan huella en la memoria de los pueblos, sobre todo si han sido machacados y sometidos a arbitrariedades e injusticias. En esta ocasión, valga el simil, las huestes de la casa de Orange, que preconizaba la independencia de los Paises Bajos, y además defendía el protestantismo, cayeron bajo la certera bota de Iniesta, que los sometía de nuevo, como si se tratara de una moderno Duque de Alba (Don Fernando Álvarez de Toledo) que tan mal recuerdo dejó en Holanda y Flandes, a causa de su crueldad. Los holandeses peloteros modernos se defendían a patada limpia, y a veces con peligrosos golpes de karate, o de protestas reiteradas, y al final, de nada les valió esa forma burda de practicar un deporte, que debería ser noble. Era como si hubiesen tenido delante a un enemigo que no podían liquidar con la fuerza de las armas, pero sí con ese juego bronco y sucio. Una venganza que no venía a cuento. Digo yo. Enhorabuena para los seguidores del fútbol.y para el equipo español Yo me alegré, como casi todo el mundo, pero es algo que no va a cambiar mi vida, y mucho menos va a aportar nada para la solución de todos los problemas de este país y de estas islas. Por supuesto, tampoco enarbolé ua bandera porque no soy amigo de esas exhibiciopnes. Cada cual es como es. Este triunfo, como otros tantos que se están obteniendo en este país en el terreno deportivo, no dejan de ser acontecimientos circunstanciales, y si acaso la política tiene algo que aprender de ellos sería evidenciar de que con consenso, preparación, racionalidad y unión se consiguen más éxitos que con un contínuo enfrentamiento entre los partidos políticos y entre los españoles. "L,union fait la force", como dirían los franceses....O como nos enseñaron los portuguese el día que se rebelaron contra su dictadura: "el pueblo unido, jamás será vencido" Lo real, lo cotidiano es que tenemos graves problemas económicos y sociales en un país que aún no está completamente definido porque se ha hecho a base de ir uniendo retazos territoriales, cada uno con su personalidad y características propias. Por lo tanto hay que ahondar en cuestiones vitales para un país como es la constitución, la justicia, el ordenamiento territorial, la economía, el empleo, y en la idea de que estamos en una nación múltiple, lo admitamos o no, pero que debemos mantener unida, si no queremos hundirnos en el caos. Nos hemos dividido en reinos de taifas, algunos de ellos sin sentido alguno, y no llegamos a admitir legalmente que somos un pais federal, aunque ya funcione como tal (alegalmente). Es un contrasentido que nos perjudica porque va en contra de una necesaria definición, que colabore al mismo tiempo a conseguir consensos y progreso. No podemos andar con banderías que nos retrotraen a épocas que se creían superadas. Necesitamos muchas reformas y un fuerte giro de timón. Estaremos hablando unos días, con la pasión exacerbada del triunfalismo español, y luego vendrá la cruda realidad, que se verá aparcada por esta ilusión que ha unido por unos días a los españoles bajo la misma bandera Siento contradecir a quienes dicen que "de ilusión también se vive". Ni se vive, ni se come, ni nos da trabajo, ni soluciona los rankings negativos que padece Canarias. Ilusión y magia es la que algunos pretenden que surja en Canarias diciéndonos que Canarias tiene unas posibilidades económicas y una sostenibilidad que sería suficiente para mantener a la población actual en un nivel medio y alto de vida. Desgraciadamente el mundo mágico está muy bien para las películas y para entretener a los niños pero no para resolver las dificultades que nos trae este mundo tan real, tan globalizado y con unos dirigentes que van de la mediocridad a la nulidad, aunque, en su fuero interno, ellos se creen unos genios. Mirándolo lo bien, no está mal que se haya activado el consumo y que nuestra economía haya empezado a ponerse en pie. Hay otro factor del cual la mayoría pasa olímpicamente. Me refiero al negocio que algunos empresarios han hecho a costa "del fervor patriótico" de millones de españoles: elaboración y venta de banderas nacionales, de camisetas, de gorras y hasta de las típicas y escandalosas "vuvucelas" sudafricanas. Y si desean seguir echando leña al fuego, no para desanimarles ni mermar su patriotismo, no olviden ese otro negocio que se cierne el torno al fútbol, fichajes millonarios, sueldos que cualquier humilde hombre de la calle no podría nunca soñar, primas si ganan campeonatos, etc. etc. Y que solo pueden obtener unos cuantos privilegiados. si son elegidos por el seleccionador nacional, en el caso de los equipos nacionales, o esos otros ases del peloteo llámense Cristiano Ronaldo, Beckham, o los que ustedes quieran añadir. Eso sin analizar la situación política y social del antiguo país del "apartheid", donde también unos privilegiados viven como reyes y unos cuantos millones de seres humanos no saben qué hacer para sobrevivir, o para que se les ofrezcan viviendas dignas, ,educación o una sanidad para todos. Pero eso si: se han gastado miles de millones de rands para construir o habilitar gran desestadios. u organizar un gran despliegue policial. La cuestión es presumir de la organización del campeonato mundial de fútbol, aunque al pueblo le falte lo más elemental.
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