¿Dónde están los profetas de la catástrofe que tan prestos estuvieron a salir a la palestra hace apenas un año para empezar a darle palos hasta en el carné de identidad al bueno de Rafa Nadal? Nada, no los esperen porque ahora se han escondido, han tenido que cavar un túnel de varios kilómetros de profundidad porque los hechos han demostrado que el tenista manacorí nunca flaqueó en su juego. Sólo una lesión le mantuvo con dudas sobre si podría seguir o no en las pistas, pero nunca porque su juego hubiese bajado enteros. Al revés, ahora, con 24 años, se encuentra en el momento de mayor explosión y amenaza con dar dos o tres años de alegrías a España.
El triunfo en Wimbledon supone, hasta extremos insospechado, un acicate al gran objetivo que culminará en ésta o en la siguiente temporada, que no es otro que hacerse con el único gran slam que aún le falta el US Open. Nadal quiere pasar a la historia como uno de los pocos deportistas que han conseguido el póker de triunfos. Ya lo hizo en Australia, dos veces en la hierba londinense y cinco en la tierra batida de Roland Garros. Ahora quiere conseguir el torneo norteamericano y estoy convencido de que en la presente edición va a presentar sus credenciales. Reconoce que en esta edición aún no se ve del todo maduro para alzarse con el trofeo yanqui, pero insisto que si no es en esta oportunidad, dentro de un año tendremos a un Nadal triunfante en Nueva York.
Lo cierto es que el tenista balear no se cansa de ganar títulos, cada victoria la disfruta como si fuese la primera en su carrera y, lo más importante, jamás tiene un mal gesto para el adversario. Siempre ha sabido reconocer el esfuerzo que hacen sus rivales por ponerle las cosas complicadas. Jamás se le oirá una declaración altisonante, aunque es verdad que en la edición de 2009 de Roland Garrós, cuando cayó frente al sueco Soderling, tuvo un mensajito envenenado contra el público francés. Éste, no muy caballeroso, deseaba una eliminación de nuestro tenista y Nadal no se contuvo. Fue un gesto poco honroso, pero lo cierto es que también los galos se ganaron a pulso esa respuesta tan espontánea como inesperada, siendo quien es y como es el deportista español.
En definitiva, otra superficie, la hierba, que empieza a no tener secretos para nuestro campeón y ahora, aunque por poco tiempo, un merecido descanso para el tenista de Manacor que, a buen seguro, ya tiene en mente las pistas de la ciudad neoyorquina para tratar de llegar lo más lejos posible y consolidar un número 1 que, después de esta victoria, parece imposible que pueda perder en lo que queda de año. Enhorabuena, campeón.








Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.147