La muerte de un niño a causa del ataque de un “pitbull”, una de las razas caninas consideradas como peligrosas, ha traído la alarma en una buena parte de la población de este país, donde parece que cada vez hay más perros de esta naturaleza. La prensa asegura que solamente en Gran Canaria existen nada menos que 6.000 de estos asesinos en potencia. Me supongo que no estarán todos contabilizados ni registrados. Es una barbaridad, de todas formas.
Yo no llego a comprender la moda actual de adquirir perros cada vez más agresivos, o exóticos. Algunas veces vemos en una misma casa dos o tres perros de todas las formas y tamaños. Animalitos que tiranizan a sus dueños, a los que someten a unas obligaciones que quizás, en determinados casos, no tengan siquiera con sus hijos y su propia familia.
Confieso que no me agradan nada los perros y tal vez se deba a que cuando era un niño tuve la mala experiencia de que me persiguió un can grandote con aviesas intenciones, que terminó alcanzándome y me dio un buen mordisco en el trasero. Este hecho me traumatizó bastante, y desde aquel entonces se inició en mí una “kynofobia” que no he podido superar nunca. Pero si nos atenemos a razones , reconozco la valía y utilidad de muchos de estos animales en las fincas, como lazarillos de los ciegos, para detectar drogas, para las cacerías, para salvar vidas humanas, como hacen los San Bernardo, etc.
De todas formas, no llego a comprender esa afición casi enfermiza por los perros domésticos que tienen determinadas personas. En las Alcaravaneras había una señora alemana, de origen hebreo, que tenía más de veinte perros en su casa. Desde mi cama escucho todas las noches los ladridos de muchos perros que suenan en las laderas del barrio de San José. Antes, la gente tenía en sus azoteas cabras, gallinas, conejos, palomas y como eso se prohibió, ahora hay perros que no dejan dormir a los que pretenden descansar..
Tampoco entiendo ese tópico que asegura que “el perro es el mejor amigo del hombre”. Todo eso es muy relativo, porque a estos animales –que descienden de especies que fueron salvajes en épocas prehistóricas- se les cruzan los cables de vez en cuando y atacan a “sus queridos amigos” los humanos, con resultado de heridos y muertes.
Otro aspecto que no comprendo es que las autoridades locales, sean canarias o de cualquier otro lugar de la España cañí, no sean capaces de erradicar la fea costumbre que existe de sacar a los perros a hacer sus necesidades en callejones, calles, aceras, plazas, avenidas, e incluso playas, y jardines y luego sus dueños, que deben ser todos “muy educados y considerados” con los demás, dejen ahí los excrementos de sus amados canes y no se molesten en recogerlos. De hecho, en algunos barrios, especialmente de la periferia de Las Palmas de Gran Canaria, existen verdaderos “cagódromos” de perros, con sus secuela de malos olores y el bochornoso espectáculo de esas muestras escatológicas..
Yo recomendaría a los munícipes, si me lo permiten, ahora que las arcas municipales están vacías, o casi, que redactaran una serias normas sobre este aspecto de lo que se denomina “educación cívica” (máxime en Las Palmas que aspira a ser Capital de la Cultura) y se harten a ganar dinero a base de multar a esos señores y señoras, “tan educados y mejores ciudadanos” que no las cumplan. Claro que después a lo mejor vamos a tener el problema de carecer de personal para tramitar el cobro de esas sanciones beneficiosas para la salud económica de los Ayuntamientos, y, de paso, para los demás ciudadanos.
Tampoco entiendo esa manía de poseer perros enormes, que pueden ser peligrosos, tanto para las personas que viven en el mismo hogar, como para cualquiera que se cruce con ellos en la calle y, encima no los lleven atados y como un bozal, como está establecido en las normas municipales. Por ahí pueden ver a más de un chulillo presumiendo de estas fieras sin tomar esas medidas de precaución, y lo que es peor, sin que ningún agente de la autoridad les diga nada ni les sanciones, cuando creo que deberían intervenirlos no solo la policía municipal, sino también la policía nacional o la guardia civil. Generalmente la raza de perro agresivo suele ir en sintonía con su dueño, que también se muestra agresivo y zafio. Pero aquí todo el mundo pasa de todo. Son perros con unas mandíbulas potentes y con instintos salvajes, por muy amaestrados o domados que estén. Así que mucho cuidadito con los Rottweiler, los pit-bulls, los perros de presa y otro que no se pueden tener sueltos por ahí y menos, sin bozal
Afirman determinadas personas solitarias que prefieren tener perritos en su casa porque les hacen compañía. Es posible que sea así porque, desgraciadamente, existen familias que tratan a sus ancianos, e incluso a sus niños, peores que a animales. Personalmente prefiero hablar con la gente que tenga sensibilidad y deseos de comunicarse con los demás y buscar su compañía que la de un perro. Pero yo a nadie pretendo imponerle mis gustos, naturalmente. Cada cual que haga lo que quiera y que adopte mascotas o chuchos, siempre que se respete a los demás y a esos animales.
Pero no crean ustedes que no todos los que se llaman amigos de los perros, lo son en realidad tanto. Me refiero a esos que compran y acogen con entusiasmo un can y luego, cuando el niño de la casa se cansa o sus dueños ven que es un estorbo, o no lo pueden llevar a su apartamento del Sur, o a donde sea, terminan por dejarlos abandonados en cualquier sitio. Hay, además, perros que sufren mal trato, que están mal alimentados, o se llenan de garrapatas o de enfermedades, sin que sus amos se preocupen de limpiarlos o curarlos. Para tener un animal así, es preferible no tener ninguno.
Ahora, con la crisis que padecemos, otras personas han optado por desprenderse de su perro porque apenas tienen para alimentar a sus familias. En esos casos, lo mejor no es abandonarlos, sino llamar a alguna sociedad protectora de animales para que los recojan. Si no veremos el espectáculo de perros medio muertos de hambre por ahí, o revolviendo entre la basura.








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