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El oráculo de la venganza

Martes, 25 de Mayo de 2010
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Hace muchos siglos, cuando en el mundo de las grandes culturas gobernaban las satrapías más aberrantes, cuyos líderes basaban su poder, en la brujería, la hechicería, la magia negra (todavía y lamentablemente muy al uso en pleno siglo XXI), donde se le dan una serie de denominaciones, tal vez más acordes con la modernidad pero igual de dañinas, como puedan ser el, vudú, la macumba, hoodoo y otras, que se siguen practicando en los países del tercer mundo con bastante más profusión que en el resto, y donde estos apelaban a los dioses paganos, con ofrendas sangrientas, donde en muchas ocasiones las mismas consistían en matar a una serie de animales domésticos e incluso en algunos casos hasta seres humanos, con el fin de obtener los beneficios de los dioses citados, empleando una serie de oráculos sibilinos que tenían como única meta el placer de la “venganza” más sutil e ignominiosa. Algo que solían llevarlas a cabo las vestales y sacerdotisas que habitaban en aquellos templos o tabernáculos malditos, donde se hacían pócimas y otros tipos de venenos, que eran utilizados sobre todo y especialmente por los reyezuelos y príncipes para asesinar a sus posibles rivales. Esta prácticas también las realizaban las “amazonas y sirenas” que habitaban en una serie de islas del mar heleno, que cautivaban a los navegantes encantándolos y atrayéndolos para sacrificarlos, con sus cantos y hechicerías (léanse las aventuras de Jasón y el Bellocino de oro, La Odisea la Iliada y otras obras clásicas de la época). Siempre se ha dicho que la venganza es el placer de los dioses, de aquellos dioses que pululaban en la antigua Grecia especialmente, y que posteriormente hicieron su aparición en el Imperio Romano, y que Constantino el Grande (que según cuenta la historia y antes de entrar en liza vio en el cielo una gran cruz muy brillante con la inscripción “signus vinci”), después de derrotar a Magencio en la Batalla del Puente Milvio, adjurando del paganismo y abrazando la religión cristiana mando a destruir. Desgraciadamente hoy se ha vuelto hacer patente, ese oráculo sibilino de la venganza, promovido y propiciado por el gobierno socialista en el poder, creando esa mal desarrollada y partidista ley conocida como la de la Memoria Histórica, donde con un enorme afán de agradar a una serie de españoles que beben en su misma fuente, pretenden sacar a relucir una parte de la historia que les beneficia electoralmente obviando la otra donde la implicación criminal del Frente Popular quedo más que acreditada. Y para llevar adelante el cumplimiento de tan execrable e indecente aplicación de la citada ley (dada la burda orientación de la misma), toman como cabeza de turco al juez Baltasar Garzón, sabedores de su incondicional afinidad al régimen socialista, al que tanto daño hizo en otro tiempo llevando a prisión a ministros, directores generales y altos cargos del mismo. Garzón odiado y admirado a la vez, por su irregular forma de administrar justicia, cae una vez más en el tópico irreverente de satisfacer su propio ego de superestrella, se dedica a investigar los crímenes del franquismo exclusivamente, y a profanar tumbas donde hace más de setenta años reposan los restos de muchos españoles que patrióticamente defendiendo unos ideales que consideraban justos fueron víctimas de aquel horror desatado. Como dijo Esperanza Aguirre hace algún tiempo, “los madrileños cuentan con el apoyo y la colaboración de la Comunidad para buscar y enterrar a sus deudos como se merecen, pero no solo a los de una parte sino a todos en general”. Baltasar Garzón, era consciente de que se exponía a ser sancionado, como así ha sido, por algo que el Tribunal Supremo le dijo que no era de su competencia, sin embargo su endiosamiento y la obediencia debida a su “patrón” Zapatero, y alentado por algunos españoles ávidos de una venganza desmesurada, más que por saber el paradero de sus seres queridos, se involucro haciendo valer sus atributos de juez en algo que le ha costado ser separado de la judicatura. Hemos visto una serie de manifestaciones, donde se increpaba al TS y se realzaban las virtudes del juez, incluso estas se llevaron a cabo en Argentina, Bolivia, Chile……, donde algunos de sus líderes aprovechando la reunión celebrada en Madrid del foro Hispano Americano, se entrevistaron con Garzón dándoles su apoyo, entre estas la presidenta de Argentina, la señora Kischtner, que perteneció al grupo terrorista argentino conocido por los Montoneros, que se enfrento al peronismo atentando contra muchos de sus seguidores, Evo Morales, Lula da Silva, presidentes de Bolivia y Brasil respectivamente, mientras que los gobernantes europeos más respetuosos con la historia no se han manifestado al respecto. Garzón, está ahora bebiendo del cáliz y sufriendo en sus carnes lo mismo que el su momento hizo que así hicieran muchos españoles, entre ellos relevantes prebostes socialistas. La historia se repite inapelablemente pero en este caso cambiando de protagonistas. La ley de la Memoria Histórica, se debería contemplar de manera racional investigando todo cuanto ocurrió, como fueron los miles de crímenes que cometió Santiago Carrillo en Paracueyos del Jarama, y por consiguiente y al estar vivo debería ser condenado y sancionado, como lo han sido, Schlingo, Videla, Viola….. en Argentina, Pinochet en Chile, los criminales de guerra de la antigua republica yugoeslava y tantos otros que han sido juzgados y condenados, sin tenerse para nada en cuenta sus ideologías políticas. Y como colofón a cuanto aquí he expuesto, recordarle a los españoles que quienes asesinaron al jefe de la oposición el 13 de julio de 1936, fueron los guardaespaldas de Indalecio Prieto, ministro del gobierno del Frente Popular, entre estos un teniente de la Guardia Civil y varios guardias de asalto. Que se investigue si, cuanto ocurrió, pero que se haga con total transparencia y ecuanimidad, sin inclinar la balanza a favor de unos e ignorando lo que hicieron los otros, este sería sin lugar el verdadero espíritu de una ley, que tal como se ha intentado aplicar es injusta y arbitraria, y no refleja la verdad de cuanto paso.
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