Algunos me dirán que estoy en contra del progreso y del desarrollo del continente africano, al que pertenecemos, geográficamente hablando, y que tenemos a cien kilómetros de distancia en su punto más cercano. Pero no es así. Amo a África y estimo a los africanos, que han sufrido durante siglos la humillación y el expolio de las naciones europeas y en los últimos años de otras potencias y países emergentes que han visto que todavía queda en ese continente bastante que explotar, y si es posible llevarse a bajo precio, e incluso gratis, si se utiliza la fuerza, o la vía del soborno a tanto político corrupto que han surgido en estos cincuenta años de independencia de la mayoría de sus países..
Llevo muchos años oyendo que Canarias debe convertirse en plataforma para establecer un movimiento comercial con los países de África. Luego vienen las cámaras de comercio isleñas, e incluso un representante de las cámaras norteamericanas, insistiendo sobre esa eventualidad, y aquí, como es habitual, se quedan con la boca abierta como si hubiesen recibido la panacea que les resolverá todos los problemas económicos y les abriese las puertas del enriquecimiento.
Pero no todo es tan sencillo, y menos, teniendo en cuenta la realidad africana, la situación política, donde las democracias escasean, los gobiernos totalitarios abundan y las garantías jurídicas, en muchos casos, no existen o no son muy fiables. Se suele ignorar cual es esa situación política, económica y social de la mayoría de estas jóvenes naciones. Las inversiones y transacciones comerciales que se realicen en muchos de esos países tienen su riesgo. Por eso, las naciones que tienen intereses en África se instalan allí directamente, sin intermediarios, y extraen lo que les apetece. E incluso organizan guerras para conseguir sus propósitos y estimulan la venta de armas, el tráfico de drogas, o olo que haga falta.Así vemos como China se ha apoderado prácticamente del petróleo de Sudán, y se va introduciendo en otros lugares donde haya materia prima para desarrollar su creciente industria. O sea, que se convierte en otro depredador de los recursos africanos sin el más mínimo rubor, como han hecho y hacen las antiguas potencias coloniales, que ahora practican un neo-colonialismo más sutil, sin importarles para nada la situación de los africanos, ni dejarles a cambio, carreteras, escuelas, universidades, hospitales, industrias y, especialmente, trabajo. Y faltan, por supuesto, médicos, profesores universitarios, maestros y profesionales cualificados. En términos generales hay desprotección a la infancia, hambre, enfermedades como malaria, sida, tuberculosis, etc. Afortunadamente trabajan en África muchas ONG y otras organizaciones humanitarias que palian las carencias que los estados no asumen.
Los jóvenes, al no conseguir trabajo ni atisbos de progreso, o se tienen que conformar con mal vivir o morirse de hambre, o dedicarse al bandidaje y a los negocios sucios. Y en último extremo arriesgarse a perder su vida marchándose en patera. Los que han tenido la suerte de terminar una carrera universitaria, o adquirido alguna especialidad relevante, suelen emigrar también.
La revista Mundo Negro, que dirige Ismael Piñón, acaba de sacar un número extraordinario sobre la situación de los países africanos. Ha sido un alarde de buen periodismo y objetividad y sirve de guía para obtener una exhaustiva información referida al continente africano.
En estos años de andadura de los países africanos que han surgido desde 1960 ha habido demasiados acontecimientos, no todos agradables, y que, en general, no han satisfecho las expectativas de los ciudadanos de esos países en cuanto a bienestar y desarrollo, o respecto a los derechos humanos. Antes de esa fecha ya había países independientes, como; la Unión Sudafricana, desde 1910, Liberia, desde 1947, Ghana, desde 1957 y Guinea desde 1958.
En todos esos años se han sucedido guerras, conflictos, auténticas masacres y golpes de estado, con las consiguientes dictaduras o falsas democracias. Recuérdese la guerra de Biafra, en Nigeria; la de Katanga, en el Congo, o las sucesivas guerras en una país tan fundamentalista como Sudán, donde los musulmanes del norte machacaban a los animistas o cristianos del sur. .
En los últimos 50 años, nada menos que 21 presidentes han sido derrocados y algunos, asesinados como Macías en Guinea Ecuatorial,en 1979; François Tombalbaye, en 1975, Abubakar Tafawa Balewa, de Nigeria, en 1966; Alí Shermarke, de Somalia, en 1969 y Sylvanus Olympio, de Togo, en 1963. Se produjeron más de cien golpes de estado y algunos presidentes que no murieron en ese golpe, perecieron después en atentados.
Sólo en dos países no se produjeron golpes militares, como Senegal y Camerún. El emperador Haile Selasssie fue derrocado en 1974, pero no fue asesinado.
El último presidente derrocado fue Joao Bernardo Vieira, de Guinea-Bissau, en 2009.
Por cierto, este es uno de los estados fallidos existentes en África como también lo es Somalia, y otros que llevan camino de eso. Guinea-Bissau es uno del los maores centros de distribución de drogas que proceden de Sudamérica.
La inestabilidad política está a la orden del día en África, pero vemos como las potencias negocian directamente con sus dirigentes, la mayoría corruptos, que se enriquecen y no dejan nada de las ganancias de esos recursos para beneficiar a sus pueblos.
Una de las fórmulas africanas para gobernar es la existencia de partidos únicos, que no garantizan ni el desarrollo ni los derechos humanos. Pero existe la esperanza, que tiene que venir de la propia regeneración de los estados y políticos africanos y de su población, que alcanza ya los mil millones de habitantes.
Una de las personas que ven el futuro de África con optimismo es Edem Kodjo, que fue secretario general de la Organización para la Unidad Africana entre 1978 y 1983, y primer ministro de Togo hasta 2006.. Indica que el monolitismo africano llevó a despreciar los derechos humanos, que veía al hombre “no como una criatura de Dios, sino como un elemento que se podía manipular y reprimir impunemente”.
Reconoce que, a pesar del medio siglo de independencia, persiste el subdesarrollo y no se aprovechó esa libertad para que las naciones africanas pudieran ser autosuficientes, rompiendo las cadenas de la esclavitud del hambre, de la enfermedad, de la ignorancia”. No obstante ve que en esta última década emergen ciertos países que se convierten en verdaderos exponentes económicos, en particular aquellos que poseen petróleo.
Indica, además, que la inestabilidad política, los asesinatos, el mal gobierno y la corrupción “han socavado la vida política y económica del continente”. Aparte de que-según Kodjo- han aparecido líderes que piensan que con el dinero “pueden asegurar su poder de manera indefinida .
Es el caso, por ejemplo, de Teodoro Obiang. Kodjo afirma que los líderes africanos deberían tener una conciencia de lo que quiere hacer y hacia dónde qquiere llevar al país, y preocuparse por el bien común, ser consciente de que su gestión está en función del bien del pueblo, y no de otros objetivos”.
Agrega que esos líderes deben tener el coraje de “librarse de la denominación de los países extranjeros interesados en el continente africano”, ya que defienden sus propios intereses económicos. Subraya que algunos dirigentes africanos se convierten en cómplices del extranjero y contribuyen a empobrecer as su pueblo.
Así mismo, asegura que “el africano debe tener orgullo de ser quien es y no tener complejo de inferioridad”. Edem Kodjo finaliza diciendo que África tiene un futuro brillante, porque no hay otro continente que concentre tantos recursos y tantos metales preciosos. “Es verdad que aún hay mucho analfabetismo, pero es sorprendente ver el número de titulados africanos que trabajan en el extranjero. Lo que quiere decir que África tiene recursos humanos importantes y por eso es imposible pensar que siempre seremos los últimos”.








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