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España y Turquía, las dos "columnas de Hércules" de la OTAN (I)

Lunes, 10 de Mayo de 2010
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La Mitología nos ha enseñado que las Dos Columnas de Hércules se encontraban flanqueando el Estrecho de Gibraltar, una El Peñón de Gibraltar y la otra el Monte Hacho en Ceuta. Estos conceptos legendarios se han mantenido en nuestra vida cotidiana a lo largo de los siglos representados en nuestros escudos nacionales con relevancia en nuestro Escudo Nacional y en el de Andalucía especialmente; es decir, con algo de fantasía podemos decir que España descansa sobre dos piezas bases: Las Columnas de Hércules. No obstante, la referencia a columna se ha utilizado también de forma figurada como el gran soporte que da firmeza como base a una gran iniciativa o a la base sólida de una gran empresa. Podemos tomar este último concepto, el de la base sobre la que se sostiene una gran empresa, el que podemos dar a la OTAN con relación a España y Turquía en los tiempos actuales, que nada tienen que ver con los tiempos pretéritos y los conceptos por los que fue concebida porque éstos han cambiado sustancialmente, es decir, en 1948 se creo la OTAN para instaurar una fuerza militar que pudiera contrarrestar el creciente poderío militar bolchevique y sus claras ansias expansionistas y desde entonces ha habido un progresivo aumento de las fuerzas de la OTAN en Europa, sobre todo desde la incorporación en 1949 de los EE UU a la misma, y, afortunadamente, debido precisamente a la consolidación de una potente fuerza militar disuasoria, la confrontación bélica entre el Este y el Oeste no se ha producido. Hoy el panorama de defensa de Occidente es muy distinto, no existe un bloque definido y determinado al que contrarrestar con efectivos bélicos y personales sino una situación de ‘enemigo gaseoso’ que golpea en cualquier parte del Globo, utilizando la ‘técnica’ de la propia inmolación del ‘soldado’ que ataca, convirtiendo su poder destructivo de unos efectos demoledores en lo referente a destrucción de vidas humanas y daños materiales llevado a término por un solo individuo. Este enemigo no conforma un ejército regular con un frente de ataque y un despliegue de efectivos en un punto geográfico determinado sino que es un ‘ejército’ de una sola persona, o pocos más, que golpea en cualquier parte y en cualquier momento y ha llevado a los estados del mundo a enfrentarse con un grave problema de dificilísima solución porque no se puede localizar a tiempo y vencer a este tipo de ‘enemigo gaseoso’ con efectivos convencionales. Todos los estados, especialmente los de Occidente, se han visto obligados a emplear elevadísimas sumas de dinero en el capítulo de la seguridad civil en medios de concentraciones multitudinarias, eventos de todo tipo, transportes, especialmente los aéreos, y un largo etc. El ‘enemigo gaseoso’ ha puesto en jaque con un número de efectivos irrisorios a casi todo el mundo pero especialmente a Occidente que, según parece, es especialmente el enemigo a batir. Estamos viendo en Irak, como zona de violencia extrema, donde las víctimas personales y daños materiales que un solo ‘soldado’ suicida puede ocasionar son terribles. Ante esta situación en la que resulta casi imposible determinar dónde y cuándo se va a producir la próxima aparición del ‘enemigo gaseoso’ y sus demoledoras actuaciones, cabe plantearse no una estrategia de cómo vencer a un enemigo que puede estar en cualquier parte de nuestro entorno y del Globo en general y que, como estamos viendo, es casi imposible y resulta muy complicado el estructurar una estrategia defensiva de efectos permanentes, sino el tomarse muy seriamente el plantearse una estrategia de curar la intoxicación religiosa radical y fundamentalista que motiva al ‘soldado’ suicida a inmolarse junto con sus víctimas vía medidas realistas en los orígenes que han dado razón de ser a esta intoxicación religiosa fanática que alienta una lucha desigual entre víctimas y verdugos en la que las víctimas de un atentado encuentran la muerte por desconocidos, por uno o varios individuos que se inmolan a sí mismos para matar a personas para ellos desconocidas, sin que el hecho que tengan un credo religioso distinto o afín les de justificación ni legitimidad para el atentado. Es imprescindible contrarrestar con actitudes y hechos reales, basados en la sincera cooperación y justicia, con acento en la solución pacífica del conflicto palestino donde es determinante una pacificación duradera a cuya culminación corresponde al más poderoso ser generoso y dar más, premisas que son necesarias cumplir para que la progresión del radicalismo religioso de corte islámico, especialmente, en las naciones islámicas cuyo desarrollo y mejoras sociales es la clave para contrarrestar con cierto éxito la expansión del totalitarismo político-religioso que puede convertirse de forma masiva, pero sin frente definido, en el próximo enemigo con el que tendrá que habérselas Occidente a medio plazo. En todo este proceso de “prepararse para la guerra si quieres la paz”, España jugó su papel desde 1953 en que se firmó el “Convenio de Defensa y Ayuda Económica Mutua” con los EE UU, y, sin ser miembro de la OTAN, figuró ya como pieza importante en una hipotética confrontación militar con el bloque soviético, no solamente por la implantación en España de bases militares de los EE UU sino por la importancia estratégica que adquiría España como plataforma de la que lanzar una potente contra-ofensiva contra los ejércitos bolcheviques que, se estimaba a la sazón, se plantarían en su primera embestida casi en los Pirineos y los Alpes. Turquía, por su parte, entró a formar parte de la OTAN en 1952. Es un socio que durante todo el tiempo de la Guerra Fría estaba ‘ahí’, como lejano a la OTAN y a toda la ‘movida’ de los dos bloques durante el largo proceso dialéctico de la Guerra Fría, pero muy consciente de su importancia estratégica desde tiempos inmemoriales por ser la Puerta de Oriente hacia Europa y viceversa. A la sazón, aún siendo miembro de la Otan, no se la consideraba como tapón para contener a la primera embestida soviética puesto que dicha embestida iría orientada, se suponía en principio, hacia los territorios de la democracias occidentales, especialmente Alemania, Holanda, Bélgica y Francia y se suponía que pararía, obligadamente a ‘coger aliento’, en Los Pirineos y en los Alpes. Esta podría haber sido la situación a considerar por la OTAN en tiempos pretéritos, muchos años ha, pero la situación de la OTAN actualmente es muy distinta porque no existiendo ya el enemigo del Pacto de Varsovia, si bien sus efectivos, los de la OTAN, pueden haber disminuido en cantidad no es presumible que haya disminuido su potencial bélico operativo, de ser necesario, pero ante sí no tiene un enemigo potencial con el que, hipotéticamente, tener que medir sus fuerzas. ¿Quiere decir esto que el peligro ha desaparecido por completo y que podemos hacer las maletas e irnos todos a casa a ver películas de las guerras de las galaxias en la tele? No, por supuesto que no, ni mucho menos, no debemos entrar en el letargo de que ya está todo resuelto y, como prueba de ello, ahí tenemos la felicidad que corrió de un extremo a otro del mundo, especialmente en Europa, cuando en 1945 terminó la horrible Guerra Mundial; no obstante, tres años más tarde, ya en 1948, fue preciso el que unas cuantas naciones europeas tuvieran que unirse y crear un nuevo órgano de defensa mutua ante la amenaza real de un nuevo peligro por parte de la Rusia comunista y expansionista, lo que pone de manifiesto que, como en el tango, “la ambición trabaja” y que es sólo cuestión de oportunidad. Eso ha sido siempre así desde tiempos inmemoriales, por tanto, debemos congratularnos de que estemos viviendo un proceso de relativa tranquilidad dentro del concepto de enfrentamientos dialécticos o bélicos de grandes bloques. No obstante, esta aparente tranquilidad es una calma relativa, es una calma chicha porque el posible enemigo a gran escale en número ya está en lontananza y no se trata del posible problema de Corea del Norte, ni el de un posible enfrentamiento entre Taiwan (antes Formosa) y la China continental; tampoco lo veo en Irán como posible peligro a medio plazo. El posible enemigo que veo a medio plazo es ‘gaseoso’, no es una potencia determinada con un ejército determinado del que es conocido por su contrincante casi hasta el último cartucho disponible para su armamento. Es un posible enemigo terrible por no ser posible contrarrestar con un ejército regular como pudiera ser la OTAN; puede ser un ejército anárquico, numerosísimo en sus efectivos humanos, y con la posible cantera de reclutamiento que representan los 40 millones de inmigrantes trabajadores en Europa de credo islámico, de producirse en puntos indeterminados de Europa irrupciones violentas de tipo religioso relacionados con los credos cristiano y musulmán. Todos conocemos ya cuáles son los comportamientos en los enfrentamientos religiosos-étnicos de corte fundamentalista, pudiéndose citar como muy cercanos los genocidios que han tenido lugar en los Balcanes en los que ser de credo islámico significaba una sentencia de muerte segura o a los que día a día están teniendo lugar en Sudán y Kenia donde se extermina a católicos como si fueran animales de la selva, sólo por ser católicos. El gran problema que las democracias cristianas de Occidente tienen ante sí a corto plazo es la posible expansión del fundamentalismo islámico radical que, si bien ahora encuentra un muro de contención en las naciones de religión islámica moderada del Norte de África, Medio Oriente, Turquía y otras naciones de fe islámica del entorno, puede convertirse en una irrupción descontrolada en toda regla si las mencionadas naciones de credo islámico citadas fuesen sobrepasadas por el fundamentalismo político-religioso. En este supuesto, totalmente posible, es donde entra en juego la gran importancia que cobran las ‘Dos Columnas de Hércules’ de la OTAN, España y Turquía, como muros de contención pacífico si Turquía mantiene la moderación actual en su culto islámico y España no deriva hacia una descomposición de su unidad nacional que pueda posibilitar una islamización progresiva de su territorio. De fallar por circunstancias imprevisibles estas dos ‘columnas’ y producirse una escora hacia fundamentalismos político-religioso en ambas naciones, Europa podría verse envuelta por una tenaza de culto islámico que, de escorarse hacia el radicalismo, resultaría de imprevisibles consecuencias.
Ver información gráfica sobre los credos religiosos en Europa y en su entorno mediterráneo en mi Blog en la sección de Blogs de este mismo diario.
Las Palmas de Gran Canaria, 8 de mayo de 2010.
Daniel Garzón Luna
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