Se supone que la televisión como medio de comunicación audiovisual, debería marcarse al menos una de las premisas que identifican a los sistemas de difusión, sin caer en el tópico execrable de convertirse en un mero formato, donde prima sobre todo la descalificación y la chismografía más soez. Es la forma inadecuada de comportarse de Tele-5, al poner en sus emisiones una serie de programas que atentan contra la ética que le da a la información esa prosapia que desde tiempos inmemoriables han dignificado a nuestros profesionales del periodismo.
Últimamente y al parecer con la aceptación de un número bastante elevado de televidentes, que posiblemente sean reos de sus propias necedades, se han convertido en los más vistos por un corpúsculo de españoles, que ven en ellos sus propias vivencias y muy posiblemente hasta sus fracasos sentimentales.
Sálvame, en sus dos vertientes, diario y de luxe…….., donde la presencia de titulados en el noble arte de la comunicación, salvo rarísimas excepciones, brillan por su ausencia, han convertido estos programas en los vodeviles más vulgares e impresentables de cuantos aparecen en la pequeña pantalla, donde además y para mayor inri se suelen oír palabras mal sonantes que hieren la sensibilidad de los ciudadanos que suelen verlos entre estos bastantes niños, pero tengo que reconocer que esto es lo que se merece un pueblo como el nuestro abatido por la gran cantidad de problemas que nos acucia, donde hasta lo cultural se ha ido al traste.
En la mayoría de los casos, tanto los presentadores como los contertulios no tienen la preparación adecuada para llevar adelante un programa donde su contenido sea netamente instructivo, apelando por ello a sacar los trapos sucios de muchos españoles y españolas, algunos de los cuales ya se han querellado, contra estos programas, dado que los mismos han atentado contra su honorabilidad.
Ya es hora que la autoridad competente intervenga y proscriba este tipo de programas y por consiguiente prohíba su emisión, ya que los contenidos de los mismos atentan contra la integridad de las personas, vulgarizando y ridiculizando a muchos españoles que por una serie de circunstancias suelen ser populares por razón de sus profesiones o de otros menesteres.
Durante la mayor parte de los mismos estos se convierten en una pantomima de lo más vulgar, ya que ni tan siquiera en su forma de desarrollarse se rigen por los cánones que suelen adornar a un programa televisivo, por lo cual su ruptura es total. Los españoles no nos merecemos estos tipos de programas, que lamentablemente atentan contra los principios culturales de los que siempre España ha hecho gala.










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