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Las dos caras del Turismo

Sábado, 17 de Abril de 2010
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Si uno se lee la crónica negra de Canarias se percatará de los cambios producidos en los últimos años, del retroceso experimentado en determinados aspectos, como veremos. Sorprende la aparición de nuevos delitos, o la categoría de quienes los protagonizan. Ha habido una época de bonanza económica, en la que la mayoría hemos disfrutado del llamado “estado de bienestar” (aunque, por supuesto, no desapareció del todo la miseria) y la democracia nos ha dado un respiro en cuanto al respeto de los derechos humanos, la libertad de expresión y la de poder elegir cada cuatro años a quienes creemos que defenderán nuestros intereses. Lo que pasa es que algunos han interpretado esa libertad de un modo muy particular, para su propio beneficio, aprovechándose de que la Justicia, a veces, se encuentra en las nubes. Son delitos con personajes de cuello y corbata, atildados y educados, a lo mejor, en los más ensolerados centros del país, que han puesto en uso vocablos y expresiones que la mayoría de los mortales desconocíamos aquí, como el cohecho, la prevaricación, el tráfico de influencias, la extorsión, el nepotismo, y otras más. Creo que es consecuencia de que nuestra democracia creció débil y el sostén principal de la misma, que sería un poder judicial independiente y libre de influencias políticas y que trabaje con objetividad, no ha estado por la labor de alimentar esta inmadura democracia. Una Justicia que no ha experimentado reforma alguna, o casi ninguna, donde la óptica, a veces, de los que la administran tiene más que ver con su ideología política que con el Código Penal. Así que hay ahí una serie de lagunas que permiten que determinados delitos queden impunes, circunstancias que no van en provecho de los ciudadanos o de nuestro país, en especial cuando se trata de juzgar la conducta de ciertos políticos. La propia Constitución española se alimenta más de utopías que de realidades, y por tanto necesitaría un repaso y el desarrollo de algunos de sus artículos. Lo que más preocupa en estos momentos a los canarios, no es sólo el aumento del paro o los engaños, veleidades y trifulcas entre los tres partidos mayoritarios de las islas, más metidos en un maniqueismo dialéctico y en la captación de votos, sino en esa inquietante presencia de delincuentes, tanto los de guante blanco como los de m ás baja estofa, aunque tan peligrosos unos como otros, que no sólo ponen en peligro nuestra tranquilidad, sino que ofrecen una mala imagen de unas islas cuyo principal recurso es el turismo, y por supuesto, la credibilidad de nuestro país.. En la prensa diaria podemos leer sucesos como estos; “Desmantelada una banda que vendía droga de diseño”. “La intervención de la guardia civil permitió la detención de seis personas y la incautación de sustancias estupefacientes”, que – añadimos nosotros-no iban dirigidas, precisamente, a alimentar a los pobres de estas islas. Otra noticia: “Cae una red que introducía a mujeres inmigrantes para obligarlas a prostituirse en un club de Siete Palmas”. “La mayoría de ellas, una treintena, procedían de Argentina”. Y así podríamos seguir ofreciendo titulares de esta laya. De todo este tinglado de delincuencias y mafias organizadas y establecidas en Canarias podrían escribirse pilas de libros. Es cierto que las mafias actúan en todos lados y proceden además de diferentes partes del mundo (no vamos a mencionar cuales, para que nadie se sienta molesto o aludido) Pero es tal real como la vida misma. Hago un inciso para recomendar la novela de Luis León Barreto “Los buenos negocios”, que ha tomado como argumento estas situaciones corruptas que padecemos. Tenemos que destacar que la policía y la guardia civil trabajan mucho contra esta partidas de indeseables, y a veces, sin contar con suficiente personal o medios para realizarlo, por lo que se sienten desbordados. No obstante, hacen los que pueden y los éxitos logrados han sido evidentes. A Canarias le ha sucedido exactamente igual que a la Cuba pre-castrista, cuando empezaron a instalarse en la Perla de las Antillas personajes de los bajos fondos, (principalmente norteamericanos relacionados con las mafias italiana) sobornando y corrompiendo a todo el mundo, para que mirasen a otro lado, mientras ellos se dedicaban a la trata de blancas, al tráfico de drogas y a todos los negocios sucios posibles, Eran capaces de sobornar a políticos, jueces o policías, y no rechazaban la opción de eliminar a periodistas honrados, a quienes ostentaban cargos públicos importantes, o a magistrados que se les oponían. Son gentes sin escrúpulos y no reparar en los medios para conseguir sus objetivos. En Canarias han proliferado, como decía antes, unos delitos que no eran habituales aquí, entre ellos la desaparición de menores, como los casos de Yeremi o de Sara Morales, y hasta es posible que más de alguna muerte misteriosa que se ha producido en las islas haya sido obra de “sicarios” enviados expresamente para algún “ajuste de cuentas”, porque todas esas actividades que antes veíamos en las películas y que nos parecían inverosímiles, se están convirtiendo en realidad también en nuestras islas. Y en nuestras zonas turísticas, por desgracia son frecuentes los robos, los asaltos, las extorsiones, la prostitución callejera (y otra más finolis), molestias en las calles, etc. La droga tienta a muchos jóvenes y se vende en casi todos los lugares de las islas, y en ocasiones se acerca peligrosamente a los institutos y colegios de primaria, en ciertas discotecas y bares, y me supongo que también entrará en las cárceles. El turismo, hay que reconocerlo, ha traído trabajo y bienestar a muchas personas y ha contribuido a que algunas empresas se hayan enriquecido. Un aspecto negativo es que no siempre ha servido como refugio para trabajadores isleños, sino que ha atraído a una avalancha de personas tanto de la Península como de otros lugares del globo, que sí han podido trabajar en el sector. Habría que analizar a qué se debe este fenómeno que deja fuera del mercado laboral a los canarios. ¿Están peor preparados? ¿Será porque algunas empresas peninsulares o extranjeras se traen a sus propios trabajadores? ¿O será que a algunos les sale más barato emplear a foráneos? (y conste que no he dicho “contratar”). Pero también el desarrollo turístico y unas leyes muchas veces contradictorias o disparatadas, han propiciado la especulación de suelo o el deterioro de la costa, en muchos casos. Ha sido la causa, además, de que algunos de esos empresarios tentaran a más de un político e incluso a algún miembro de la magistratura para el logro de sus objetivos especuladores. El dinero puede con todo y derriba muchos muros y voluntades A su vez, el turismo ha sido como un imán para las mafias de todo género procedentes del cualquier parte del mundo, que se han aprovechado de la coyuntura y de la bonanza para desarrollar sus negocios espurios e ilegales. Aquí blanquean su dinero, o parte de él, porque estos son internacionalistas y no ponen su capital, o sus negocios-tapaderas en el mismo saco. La situación induce a reflexionar sobre los que, desde Canarias, propugnan el control de personas que se establecen aquí con un historial delictivo o una reputación más que dudosa Y no sólo la cárcel sería el remedio para tales individuos, sino la prohibición absoluta de que puedan entrar de nuevo en Canarias, si se trata de extranjeros.
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