La consejera de Educación, Cultura, Deportes y Universidades del Gobierno de Canarias, Milagros Luis Brito, expuso días pasados en el Parlamento de Canarias, ante menos de 20 diputados de los 60 que lo componen, los datos del Informe 2009 sobre Indicadores Prioritarios de la Educación. De él se desprende que el 36,9 por ciento de los jóvenes canarios con 15 años abandonaron sus estudios en el curso 2006-2007, con lo que no se ha logrado los objetivos fijados por la Unión Europea.
Este porcentaje de fracaso escolar anunciado por la Consejera de Educación, no deja, una vez más, muy bien parada a nuestra sociedad. Y digo a nuestra sociedad y no al sistema educativo porque es hora de que todos los sectores que componen nuestra sociedad reflexionen seriamente sobre las consecuencias que para ella tiene el que, sistemáticamente, un gran número de estudiantes no logren alcanzar las metas trazadas. Y los primeros que tienen que ser conscientes de este problema son los parlamentarios, porque resulta sorprendente que en un tema de la importancia social que tiene la educación, hubiera menos de veinte parlamentarios de los sesenta que componen el Parlamento de Canarias.
A mi juicio, es necesario hacer una reflexión en conjunto, hay que poner sobre la mesa la parte de culpa que tiene no sólo el alumnado, que quizá sea el que menos culpa tiene, sino también el sistema educativo, los padres y madres y los medios de comunicación social.
Ante el hecho de que seamos una de las comunidades autónomas con más fracaso escolar en un país que supera la media europea en relación al bajo rendimiento académico, no vale el echar las culpas al de al lado porque eso sería esconder la cabeza ante el hecho evidente de que el fracaso escolar es un problema determinado por múltiples factores tales como el contexto social, la familia, el funcionamiento del sistema educativo, la actitud de la Administración, el trabajo de cada profesor/a y la disposición del propio alumnado. Un alumnado que es víctima del derrumbe de una estructura social que produce unos desequilibrios graves, y de un sistema escolar que se muestra incapaz de que el cien por cien de los jóvenes, no sólo no alcance los objetivos de la educación obligatoria, sino que ni siquiera acuda regularmente a clase.
La lucha contra el naufragio en el sistema educativo supone la puesta en marcha de programas globales e integrados que tengan en cuenta las dimensiones sociales, familiares y educativas. Las medidas aisladas o parciales han demostrado ser ineficaces.
La labor de los profesores no puede reducirse a la transmisión especializada de saberes, sino al desarrollo de capacidades humanas, lo que requiere un extraordinario esfuerzo de coordinación, diálogo, trabajo en equipo y ayuda mutua. Sin embargo se puede afirmar que hoy en día los profesores sufren una falta de incentivación y de implicación, sobre todo en los colegios públicos, lo que supone un problema que ha de erradicarse desde el propio gremio y desde la Administración.
Todos, Administración, profesores, padres y madres debemos tender a que los centros docentes sean capaces no sólo de titular, sino también de atender, educar, motivar, entretener, formar y enseñar. Los centros no deben considerar a los niños y jóvenes ni a los padres y madres como clientes de un servicio sino como agentes activos de la educación. Y este papel activo de la educación debe ser asumido por la familia porque, indudablemente, el medio familiar en que nace y crece un niño o niña determina unas características económicas y culturales que pueden limitar o favorecer su desarrollo personal y educativo.
El nivel educativo del padre y de la madre influye claramente en la aceptación del centro docente por parte del estudiante. Junto a ello, el ambiente cultural que los progenitores ofrecen a sus hijos ejerce una poderosa influencia en el proceso de desarrollo de la personalidad, la inteligencia y la socialización. La actitud orientadora de los padres en cuanto al trabajo escolar, es otro elemento importante en la formación de valores culturales.
La solución ante el fracaso escolar es complicada pero posible y no pasa solamente por mas medios para los centros, también hay que conseguir una mayor participación de los padres en la actividad educativa, una mayor implicación de los medios de comunicación de masas en transmitir unos valores que sean dignos de ser adquiridos y también un profesorado preparado para impulsar una nueva forma de enseñar, más activa y ligada al entorno y a la realidad y que sea capaz de desarrollar en todos los niños y jóvenes el deseo de aprender.








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