Rubén Darío García León
El secretario de Economía y Política Sectorial de CCOO en Canarias, Carmelo Jorge, dijo en una entrevista a la Agencia Efe que el gran problema que tiene la actividad empresarial española no es la reforma del mercado laboral, sino la modificación del sector financiero.
También declaró que Comisiones Obreras está dispuesta a hablar de reforma del mercado laboral, pero no desde la flexibilidad laboral y con relaciones entre señorito y vasallo.
Carmelo Jorge comentó que cuando los representantes de las organizaciones empresariales se sientan a negociar da la impresión de que se han separado de sus representados, porque, insistió, el problema que tiene el sector empresarial es el acceso al crédito, para lo que hay que cambiar el sector financiero español.
Recordó que entre el 80 y 90 por ciento de las empresas españolas son pequeñas y medianas y su principal preocupación es acceder a créditos en la actual situación de crisis económica.
Por ello Carmelo Jorge tiene la impresión de que el empeño de las organizaciones empresariales al mantener el discurso sobre la reforma del mercado laboral tiene más tintes de interés político, de derrota del movimiento sindical, que de afrontar los problemas de la actividad empresarial.
Otro problema que tiene las pequeñas y medianas empresas es la morosidad de las administraciones públicas, que deben 120.000 millones de euros a proveedores, y en estas cuestiones Carmelo Jorge no ve que insistan las patronales.
De todos modos Carmelo Jorge reconoce que es necesario reformar el mercado laboral, sobre todo cuando esté próxima la recuperación económica, pero insistió en que ningún empresario creará empleo porque lo permita la normativa sino que lo hará si hay actividad económica.
Esas reformas no irán en favor de aumentar la facilidad del despido, algo que en opinión de Carmelo Jorge no puede plantearse en un país con una eventualidad tan elevada y en el que si con rigidez, como dicen los empresarios, hay casi 4,5 millones de parados dónde estaríamos si no la hubiera.
Carmelo Jorge insistió en que es inmoral hablar de más flexibilidad laboral cuando se ha producido un ajuste tan brutal sobre el empleo, pues de aplicarse está convencido de que se generarían problemas en la demanda interna y en el consumo.
Explicó que el despido en el que se pagan 45 días por año trabajado es el que el empresario hace porque le da la gana, pues cuando tiene razones económicas objetivas la indemnización es de 22 días y si es procedente no la hay.
Y si la decisión de cobrar la indemnización de 45 días o readmisión correspondiese a los trabajadores, y no a la empresa, como ahora, el sindicato estaría dispuesto a hablar de menor cuantía para indemnizar.
Pero lo que no puede ser es que el empresario despida a un trabajador porque le da la gana y más barato, señaló Carmelo Jorge, quien recordó que ese tipo de relaciones laborales son de la vieja dinámica del señorito y el vasallo y no de un sistema productivo moderno.
Los sindicatos, prosiguió Carmelo Jorge, están dispuesto a hablar de reformas para abordar el trabajo a tiempo parcial y que no sea un cajón de sastre discriminatorio pero sí una forma de compatibilizar empleo y ciertas formas de jubilación y de estudios.
También están dispuestos a regular el trabajo a distancia, asunto que era ciencia ficción cuando se aprobó el Estatuto de los Trabajadores, pero estas cuestiones nada tienen que ver con el abaratamiento del despido, destacó Carmelo Jorge.
Además, dijo, hay que hacer reformas en la negociación colectiva para que el ajuste se haga en la empresa sin tener que recurrir como primera medida a recortar el empleo.
Asimismo manifestó que la patronal se queja, reconoció que con parte de razón, de que las subidas salariales son indiscriminadas, y en este aspecto declaró que los salarios pueden ajustarse a la productividad.
Un debate que en su opinión será revolucionario porque implica una transformación social, pero insistió en que si parte del salario del trabajador se relaciona con la productividad el empleado y sus representantes deben tomar decisiones sobre la organización del trabajo.
Porque no se puede entrar en la dinámica de que las decisiones las adopte unilateralmente un empresario más o menos brillante, concluyó Carmelo Jorge.








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