Hoy es uno de los días en los que uno no sabe qué dirección tomar para concretar en un breve artículo todos los temas preocupantes que nos rodean. ¿Por dónde empezamos?
En primer lugar, tenemos la situación política en estas islas que nos parece cada vez más contaminada y enrarecida. Todos, todos los partidos, sin excepción, presentes en el Parlamento de Canarias suspenden en "democracia" si hubiese que examinarlos y valorarlos de una disciplina con ese nombre. Intrigas, denuncias, querellas, golpes bajos, irresponsabilidad, y una serie de triquiñuelas que están prostituyendo esta joven democracia. Pero si la clase política canaria no ha aprobado el curso, no se queda atrás tampoco buena parte del pueblo canario debido a su pasotismo y falta de interés. Todavía hay gente por ahí que te dice tranquilamente "yo no sé nada de política" o "no me interesa la política para nada". Un grave error. Aunque no participemos, la política debe interesarnos. Tenemos que conocer a los candidatos que se presentan a los ayuntamientos, a los cabildos, al Parlamento canario, al gobierno regional, quienes son, qué es lo que proponen, cuál es su trayectoria como persona, etc. Y es nuestra obligación saber cuales son nuestros derechos y deberes dentro de esa democracia. Y, por supuesto, se nos deben dar los instrumentos para poder participar en la vida política de alguna forma. Nuestra voz, nuestro voto, tienen valor, pero no sólo para ir a votar cada cuatro años y luego, si te he visto, no me acuerdo. Los políticos no pueden utilizarnos para conseguir otros objetivos que no sean servir al pueblo que los votó. En una democracia hay que abrir cauces de participación ciudadana.
Pero no olvidemos que son necesarias algunas reformas, como por ejemplo garantizar que existe realmente una independencia del poder judicial del político; o de cambiar el sistema electoral, de manera que no deje a miles de ciudadanos, (más de 150.000 en Canarias) sin representación parlamentaria, como ocurre ahora; o que se vote en listas abiertas para que no se nos impongan a candidatos que no conocemos, y que, a lo mejor, no son siquiera recomendables.
En Canarias, y gracias a la clase política que tenemos no existen, en unos momentos tan delicados como los que padecemos, acuerdos para nada, ni para la reforma y mejora del Estatuto, ni para cambiar y racionalizar el sistema electoral, ni para tener o no tener una policía autónoma; ni para la planificación u ordenación del territorio, ni para distribuir equitativamente los fondos destinados a cabildos o ayuntamientos. Y ni siquiera para que disfrutemos de una televisión autonómica que sea de todos y no del partido que gobierna; ni para resolver otras tantas cuestiones que quedan pendientes.
Ahora se suele utilizar la política o algunos medios de comunicación para ejercer lo que antes llamábamos "caciquismo", o simplemente, para satisfacción de algunos, o defender intereses ajenos al pueblo. Si esta situación no cambia, tendremos una democracia solamente en teoría, pero en el fondo será una república bananera. Nos estamos acercando cada vez más a ese concepto.
En definitiva, debemos exigir de los políticos que nos representan una gran responsabilidad, seriedad y afán de servicio. Tendría que haber una acuerdo para que sus actos irresponsables quedaran impunes y, al mismo tiempo, evitar que continúen en la escena política quienes no son merecedores de la confianza que se ha puesto en ellos. Y a ver si alguna vez nos acercamos más a las democracias más consolidadas de Europa, donde cualquier duda en la gestión de cualquier político se paga con la dimisión, sin esperar a que sean los tribunales de justicia quienes decidan.








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