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La importancia social de la familia

Viernes, 24 de Abril de 2009
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Indudablemente, la familia es uno de los grupos sociales que requieren una atención especial. Muchas de las cuestiones críticas a las que se enfrentan los encargados de formular políticas y adoptar decisiones en el mundo, están relacionadas con la familia. Algunas de las cuestiones más comunes tienen que ver con el fortalecimiento de la capacidad de la misma para atender sus propias necesidades, el equilibrio entre el trabajo y las responsabilidades familiares, la reducción de la violencia doméstica y el alivio de la pobreza. Universalmente, la familia sigue siendo considerada aún como la unidad básica de la sociedad y está demostrada la importancia que la comunidad internacional otorga a las familias, así como su preocupación en cuanto a su situación en todo el mundo. La ONU reconoce y afirma la importancia de la familia como un lugar privilegiado para la educación, para la transmisión de valores, actitudes y expectativas  que constituyen el llamado “currículum del hogar”, que no está escrito -a diferencia del escolar- pero cuenta con objetivos, contenidos, "metodologías" que determinan la seña de identidad de cada familia, y que contribuyen a generar aprendizajes en sus miembros. Los valores son elementos muy centrales en el sistema de creencias de las personas y están relacionados con estados ideales de vida que responden a nuestras necesidades como seres humanos, proporcionándonos criterios para evaluar a los otros, a los acontecimientos tanto como a nosotros mismos. Los valores nos orientan en la vida, nos hacen comprender y estimar a los demás, pero también se relacionan con la imagen que vamos construyendo de forma propia y se relacionan con el sentimiento sobre nuestra competencia social. La familia debe ser un marco propicio que permita la lectura abierta de la educación en valores que se ven condicionados, en no pocas ocasiones, por los medios de comunicación y por el mundo de internet y de los ordenadores. De cómo administren los padres estos medios, cómo eduquen a sus hijos en la lectura del lenguaje audiovisual y en el espíritu crítico, dependerá la educación en valores en general. Las reglas familiares constituyen indicadores comunicacionales por excelencia. A través de ellas se determina quién habla con quién, quién tiene derecho a qué, cómo se expresan los afectos, qué se penaliza, qué se premia, a quién le corresponde hacer qué. Los límites entre lo que se puede y lo que no, colaboran para dar seguridad a los hijos. A este respecto conviene recordar al poeta Rabindranath Tagore cuando decía: ''No es el martillo el que deja perfectas las piedras, sino el agua con su danza y canción''. La crisis del modelo familiar, una pérdida de disciplina y de respeto, la falta de autoridad de los profesores en la escuela y la incorporación de nuevas culturas, son algunas de las causas que se dan para explicar el fenómeno de la violencia juvenil. El fenómeno de la violencia no es nuevo, porque es inherente al ser humano, pero los jóvenes de hoy en día se encuentran en un momento evolutivo personal muy singular que viene marcado por una tendencia violenta con unas características y potencialidades adultas. Este problema tiene una raíz social, en la que intervienen una serie de factores que van desde los modelos -violentos- que propugnan los medios de comunicación, y muy especialmente la televisión, hasta un relajamiento en la aplicación y cumplimiento de las normas que han de garantizar la convivencia. Pero quizá uno de los factores que mayor incidencia tiene en el comportamiento violento de los jóvenes es la crisis del modelo familiar y el flaqueo de la autoridad que los padres ejercen sobre sus hijos, lo que ha llevado a una pérdida de disciplina y de respeto, tanto en el seno de la familia, como en el colegio y en la sociedad en general. También los profesores han perdido capacidad sancionadora y de actuación en los centros educativos, y es probable que esta pérdida de "poder" explique el aumento de los casos de agresiones o acoso en las aulas, el denominado "bulling", tan de actualidad y que está alcanzando un grado muy elevado  sin que nadie haya hecho nada por evitarlo. Me preocupa pensar en tantas y tantas familias que en Canarias están compuestas por jóvenes que son el producto de un fracaso escolar, por jóvenes que tienen  distorsionados muchos valores fundamentales para la convivencia, por jóvenes sin la capacitación necesaria para hacer frente adecuadamente a la crisis económica. Me preocupa tantos niños y niñas pequeños que están al exclusivo cuidado de sus abuelos que no tienen en sus padres un modelo de referencia, que no están viviendo en una familia comprometida con la educación en valores. Me preocupa porque de este segmento poblacional que cada vez es mayor es de donde va a salir nuestra sociedad más inmediata. Y me horroriza pensar que una gran parte de nuestra sociedad canaria se convierta en un ganado de borregos, sin criterios propios y a expensas de la  manipulación de personas sin escrúpulos que intentan restar capacidad creativa para que se pierda libertad, para que se genere dependencia que les garantice masificación y sumisión, robando el poder de decidir, la iniciativa y la capacidad de ser autónomo.
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