En su reciente visita el ex-director del FMI, Rodrigo Rato, fue contundente al declarar que no estamos ante una crisis puntual, sino ante una situación de transformaciones claras y profundas en el sistema.
Parafraseando esta idea y aplicándola a la crisis que actualmente padece Las Palmas de Gran Canaria LPGC, podíamos decir que el tema va mucho más allá de la capacidad del equipo de gobierno municipal para elaborar un presupuesto creíble y en plazo, y afecta al modelo, o más bien al "no modelo" de gestión que la ciudad ha tenido en los últimos 30 años, que son, aproximadamente los transcurridos entre las primeras elecciones municipales de la democracia y la actualidad.
Hace años, el Ayuntamiento tuvo también problemas para redactar y aprobar su presupuesto municipal, pero siempre fue por falta de votos para sacarlos adelante. Hoy nos encontramos ante una situación completamente kafkiana. El gobierno municipal cuenta con una mayoría de 17 concejales (15 del PSOE y 2 de Compromiso). Mayoría suficiente y reforzada, desde el punto de vista numérico. ¡Pero es incapaz de presentar un presupuesto aceptable para todos los concejales del equipo de gobierno!
Efectivamente la ciudad ha pagado un alto precio por la incompetencia de algunas de sus corporaciones municipales, más allá de aciertos parciales, para dotarse de una estructura de gestión acorde con las necesidades de la primera ciudad del archipiélago. La ciudadanía, aturdida, ha expresado su confusión, huyendo periódicamente, salvo pocas excepciones, hacia los extremos del PP o del PSOE, para reincidir, inmediatamente, en la deserción y la incredulidad.
La actual corporación municipal, producto de una de esas huidas pendulares, posiblemente supone el nivel más bajo de gestión que ha vivido la ciudad en muchas décadas, agravado por la intensidad de la crisis y por las ingenuas expectativas que se crearon entorno al último cambio político.
El cuadro es esperpéntico: sin presupuesto 2009, sin política de transporte, con carencias absolutas en los barrios, con ausencia total de pensamiento estratégico y particularmente de ideas para revitalizar la economía de la ciudad, cada epígrafe que examinamos acredita una ciudad sin modelo, sin estructuras ni madurez en las pautas de gestión después de 30 años de democracia municipal.
Ni siquiera "Proa 2020" logra transmitir otra idea que no sea el que los actuales gestores pretenden utilizar la ilusión del mañana, para ocultar la evidencia de que son incapaces de gestionar el hoy.
La situación trasciende a la competencia del Concejal de Economía y Hacienda y recae sobre la capacidad de gestión del equipo de gobierno y en particular del Alcalde, Jerónimo Saavedra, que es incapaz de dirigir no ya a una Administración Local, o a una ciudad, sino simplemente a un concejal, al que, por más órdenes que le de, parece de sordera permanente.
Porque no disponer de presupuesto afecta, no solo a las actividades corrientes de la ciudad sino a la gestión de la cosa pública. Por ejemplo, Guaguas Municipales, al no disponer el Ayuntamiento de presupuesto aprobado, no sabe cuál es - oficialmente - la aportación del mismo a su cuenta de explotación este año. O el caso del pasado Festival de Cine, que casi se cancela con una semana de antelación a la fecha de inauguración. O el caso del Teatro Pérez Galdós que por no disponer de presupuesto aprobado, no podía obtener un crédito puente para financiarse. (Por cierto, crédito de dos millones de euros para una representación para no más de 1.000 personas ¿en época de crisis?).
No es de recibo la no presentación de un presupuesto municipal en la octava o novena ciudad del país, cuatro meses después de iniciado el año. Bajo ningún concepto.
De otro lado, si el presupuesto se presentase este mes de abril, que es mucho suponer, no estaría aprobado y en vigor, oficialmente, antes de finales del mes de junio o principios de julio. Esto significa que cualquier obra - pequeña, mediana o grande - o cualquier contrato, incluido en el presupuesto, que deba sacarse a concurso, lo sería como muy pronto en septiembre u octubre, se adjudicaría en noviembre y con un poco de suerte, empezaría en diciembre. ¡Y eso que estamos en crisis!
Y Vds. se preguntarán ¿esto tiene solución? Ciertamente, con los mimbres existentes y con la que está cayendo, es muy probable que Las Palmas de Gran Canaria esté asistiendo, una vez más y ya son muchas, a una nueva edición de su incapacidad para autogobernarse y crear cultura de gobierno y de ciudadanía.
Y que nadie piense que en las próximas elecciones esto se soluciona huyendo al polo contrario. El cambio es mucho más profundo, y afecta a todos los estamentos de esta ciudad, porque todos participamos de la responsabilidad.








Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.35