Ayer se cumplió el quinto aniversario de la masacre de Atocha a manos de terroristas yihadistas, de seguidores de Al-Qaeda, dirigidos por Bin Laden (si es que existe) Atentado que dejó una secuela de más de dos millares de muertos. Personas inocentes que se disponían a ir a su trabajo, o a otras ocupaciones en la capital de España.
Pero la conmemoración de este triste suceso se ha visto aún más ensombrecido por el hecho de que al acto institucional organizado por la Comunidad de Madrid para homenajear a las víctimas y apoyar a sus familiares, no acudieron los consejeros socialistas, alegando argumentos que no venían a cuento en esta ocasión.
¿No podían haber aparcado sus diferencias con el Partido Popular para, al menos por un día, estar todos juntos contra esa lacra que padece actualmente el mundo, y que nosotros sufrimos desde hace más de cuarenta años, especialmente debido a los asesinatos y ataques terroristas de ETA, o de cualquier otra organización?. No me ha parecido nada correcta esa actitud del PSOE, aunque, también es verdad, en el Parlamento español, se recordó el ataque de Atocha, y se guardó un minuto de silencio.
No vamos a profundizar aquí sobre el intento del PP de desviar la atención para inculpar a ETA, en los momentos posteriores al acto terrorista las insidias, mentiras y declaraciones al respecto, porque eso es ya agua pasada. Hay cuestiones en este país que deberían unir a todos los ciudadanos y a todos los partidos políticos, bien para luchar contra ellas, como es el caso del terrorismo, o para buscar soluciones en temas tan importante que nos afectan a todos, como la crisis económica, las políticas sociales, la igualdad de oportunidades, o la reforma y mejora de la Justicia, por ejemplo.
Pero aquí nos empeñamos en navegar en barcos distintos, en seguir con un atávico tribalismo, en poner en primer lugar el sectarismo o el partidismo que el bienestar de nuestros compatriotas o de cada una de sus regiones o autonomías.
La historia del mundo está plagada de sangrientos acontecimientos que han fomentado los grandes imperios, las naciones más poderosos y bien armadas, las ambiciones de determinadas personas o grupos. Pero también hemos visto conflictos generados por el fanatismo religioso, las ideologías y la intolerancia. Raramente hemos disfrutado a lo largo de los siglos de algún año con una auténtica paz mundial. En todo momento vemos como surgen guerras, muertes violentas, sufrimientos, hambre, persecuciones, corrupción, injusticias y pobreza. Ese parece ser el sino de los seres humanos en la Tierra.
Son guerras que incrementan las ganancias de los que venden armas; que expolian las riquezas de países, donde sus habitantes en cambio viven en la miseria. Que obligan a gente joven y sin esperanzas de progreso a emigrar, a veces exponiendo sus vidas como vemos constantemente que ocurre con los que llegan en cayucos o pateras. Que aumentan los grupos delictivos, en ocasiones con la anuencia de autoridades de esas naciones, dedicados al tráfico de seres humanos.
Y ahora centrémonos en el lugar donde habitamos. Algunos se ofenden cuando a alguien se le ocurre decir que en Canarias tenemos una situación puramente colonial, donde los ciudadanos somos considerados ciudadanos de segunda categoría. Generalmente la verdad duele, y suele contrariar a quienes rigen los destinos de esta tierra, bien sea como representantes del poder central, o como dirigentes de los partidos representados en el Parlamento o extraparlamentarios.
Aquí sufrimos otra clase de terrorismo que no produce quizás muertos por bombas o armas de fuego. Pero sí existen actuaciones que ocasiona más pobreza, más gente necesitada, más parados, y unas perspectivas de futuro aterradoras. Es terrorismo el que nuestros propios dirigentes hayan permitido las irregularidades y las masacres de nuestras playas y costas; es terrorismo que se ha ya permitido aquí la presencia de grupos de delincuentes procedentes de los más diversos países del mundo, al socaire del fenómeno turístico; es terrorismo que destacados políticos, que todos conocemos, continúen con su impunidad tras haber sido imputados por diversos delitos.
Es terrorismo el que hayan entrado a saco grandes empresas nacionales e internacionales del comercio, que no se rigen por convenios colectivos ordinarios, y recurren en ocasiones a la precariedad de empleo, mientras contribuyen a arruinar al comercio tradicional canario y a la pequeña y mediana empresa. Es terrorismo que tengamos que depender cada vez más de los productos alimenticios que nos vienen de fuera, en vez de incrementar, incentivas, modernizar y dignificar nuestra agricultura y ganadería.
Y es terrorismo el trapicheo de drogas que llevan a la ruina a muchos de nuestros jóvenes. Es terrorismo el proxenetismo, la trata de blancas, el blanqueo de dinero que ha pululado todos estos últimos años en nuestras islas Y si me apuran, podemos meter en el mismo saco del terrorismo, a quienes permiten esas noches locas de alcohol y estupefacientes los fines de semana, en plena calle, como si fuera un espectáculo, o a los que conducen por ahí borrachos, drogados y sin el más mínimo respeto a las normas de circulación. Hay otros terrorismos que es la consecuencia del machismo que aún se deja ver en los hogares, en los trabajos, en las instituciones.
Me refiero a la violencia de género; al acoso sexual o laboral. Además, ¿no es acaso terrorismo, especialmente para las clases medias y menos pudientes, lo que han hecho los bancos, ahogando a la gente con sus hipotecas, con su inflexibilidad, o quedándose con las propiedades que tantos esfuerzos les ha costado a la mayoría obtener?.¿No es terrorismo lo que han hecho las constructoras y los especuladores inmobiliarios con esas viviendas puestas a unos precios inalcanzables?








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