No es fácil describir a la soledad. Puede ser una experiencia bastante particular e individual en cada persona. La palabra soledad trae, inmediatamente a la conciencia, recuerdos muchas veces negativos. Pensamos en ella y seguramente casi siempre evocamos dolorosamente situaciones que están relacionadas con abandono, aislamiento, destierro, encierro, melancolía, tristeza, pesar o pérdida, dependiendo casi siempre de la visión que de ella tengamos.
La soledad puede ser el resultado de varios factores; puede estar presente como algo real después de la muerte de seres queridos, o después de una separación o una despedida, ya sea entre amigos o entre la familia; también es posible sentirla como algo transitorio o percibirla como un sentimiento más duradero en el transcurso de la existencia
Sin duda hay distintos tipos de soledad. Uno de ellos es el que se refiere a la soledad que puede producir el poder, la soledad que en ocasiones aqueja a determinados líderes.
En medio de su envoltura de soledad y asesores, los que ostentan el poder van y vienen rodeados de allegados, mediocres, adulones, presentes o futuros enemigos. La soledad del poder está llena de gente, de una increíble multitud guiada por los más variados, explícitos u ocultos intereses.
Toda jerarquía es un edificio endeble, con frecuencia lleno de grietas que se ocultan a la vista mediante diversos procedimientos de parcheo. Toda pirámide jerárquica tiene en la punta, en el vértice, un ángulo agudo, muy fino, donde se sienta -muchas veces no durante mucho tiempo- el poderoso de turno. Hay personas a las que les encanta verse en lo alto de esa pirámide imaginaria, infinitamente más débil, menos firme, mas tosca que las reales porque se consume con facilidad por el paso del tiempo, por las indignidades disfrazadas de virtudes, por el hablar en voz baja y continuo de la gente, por los murmullos, los rumores, las habladurías....
El ascenso a las posiciones de mando envuelve un progresivo aislamiento, un camino en solitario. La soledad del poder es sólo consecuencia del imperio de los mediocres que van poniendo barreras para que el que esté en el poder no pueda oír otras voces que las suyas y vea la realidad desde otro ángulo. Van creando filtros, obstáculos, vallas al contacto directo con las gentes esperanzadas. Van poniendo tapones en los tímpanos del líder, para que no oiga las opiniones honestas -equivocadas o no, pero honestas- de quienes desean el triunfo del que está en el poder, no por interés personal, ni por temor a las consecuencias de un fracaso, sino por amistad, por generosidad humana, por orgullo de ver a uno de los suyos destacarse.
Esos "aisladores", van creando en la persona que está en el poder la convicción de su infalibilidad y la acondicionan para no reaccionar sino ante los elogios. Es inevitable que el aislamiento de la vida cotidiana que impone la responsabilidad del poder sea aprovechado por un entorno que se encumbra envolviendo al líder. Y no pocas veces ese círculo contribuye a la degradación mental del que está en el poder, que termina atendiendo sólo aquellas voces que le devuelven lo que quiere oír, atrapado en una realidad ficticia. Cuanto más poder se tenga, mayor es el riesgo de tener una visión monocromática de la realidad.
Para completar este panorama, los medios de comunicación cumplen el rol de mostrar un espejo de realidad distinto para que complete su panorama y en muchas ocasiones terminan integrándose a su entorno con los mismos fines: sacar beneficios de mostrarle al líder sólo aquello que lo hace feliz percibir.
La soledad hace que el líder padezca de manía persecutoria viendo el destino en forma de conspiración, no tiene en cuenta razones contrarias a los datos que confirman su prejuicio, duda de la lealtad de quienes se muestran críticos y se cree frecuentemente atacado.
Esta situación a lo que lleva es a la pérdida de autoridad, una autoridad que debe ganarse cada día y no imponerse. Una autoridad que nace del respeto a cada uno de los componentes del equipo y del reconocimiento por igual de sus capacidades. Un liderazgo político debe estar por encima de los halagos de quienes han propiciado el aislamiento del líder, de quienes alimentan cada día la soledad del poder.








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