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¿La hora de La Aldea de San Nicolás?

Domingo, 04 de Enero de 2009
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¿Será el 2009 el año en que La Aldea de San Nicolás deje de ser la localidad grancanaria más aislada de Gran Canaria y se la atienda en sus demandas, tanto de infraestructura viales como en la diversificación de sus recursos? Es inconcebible que a estas alturas se esté en la eterna discusión de si son "galgos o podencos", con respecto a la necesidad de construir una carretera que les acerque a la futura autovía del norte ( esta es otra situación que nadie llega a entender). Una isla que ha sido machacada durante años y siglos encuentra ahora a unos salvadores de su paisaje y de sus parajes naturales, cuando ya queda muy poco que salvar.¿Dónde han estado anteriormente?. Los especuladores y caciques de siempre se han cargado Los Tiles, el barranco de Guayadeque, el Montañón Negro, el barranco de la Mina, La costa suroeste, sur y sureste de Gran Canaria, gran parte del litoral grancanario y no se ha visto esa defensa a ultranza de quienes se llaman ecologistas y defensores del medio ambiente. Se ha puesto al borde de la extinción a numerosas especies de la flora autóctona canaria y de su fauna; se ha deteriorado de forma salvaje el paisaje que rodea a muchos de nuestros pueblos, villas y parajes naturales;  se continúan vertiendo aguas residuales sin depurar en barrancos, acuíferos y costas, convirtiendo el océano en una pestilente cloaca,  y no he visto a nadie manifestarse por ello ni protestar ante quienes tienen la responsabilidad de impedir esos desmanes.  Ahora nos hablan de sostenibilidad muchos políticos y predicadores del ecologismo, pero no mueven un dedo para convertir en realidad la lucha por la defensa de la naturaleza y del medio ambiente. Aquí nadie va a la cárcel, ni es sancionado, y ni siquiera multado  por provocar incendios, por cargarse una costa o un espacio natural; ni tampoco por ensuciar las calles, las playas o lo barrancos, ni por contaminar; ni por destrozar el mobiliario urbano. La insensibilidad medioambiental que tenemos asusta y sólo parece ser privilegio de unos cuantos elegidos, a los que aún se les considera unos locos que lanzan soflamas incendiarias. Es verdaderamente de pena. La gente de La Aldea tiene derecho a una carretera, y otros muchos pueblos de la isla necesitan colegios, centros de salud, institutos, bibliotecas, centros de la tercera edad, y también nuevas ideas, viveros de emprendedores, gente con imaginación que sea capaces de superar las crisis y las dificultades,  que a veces surgen por la torpeza de  los que se creen que "gobiernan" o la ambición de quienes pretenden dominar el mundo. Y esos políticos que parecen que viajan mucho pero no aprenden nada, podrían fijarse como se hacen las cosas bien en otros lugares de Europa. Sin ir muy lejos, tenemos el ejemplo de la isla de Madeira. Cuando fui la primera vez a esa isla me impresionaron sus carreteras estrechas y peligrosos que bordeaban riscos, barrancos y acantilados; su insignificante aeropuerto en el que apenas podía posarse un avión (de hecho uno de ellos, de nacionalidad suiza, no pudo frenar y cayó al agua) Pero en otros sucesivos viajes a estar hermosa isla atlántica  he visto el progreso experimentado en sus infraestructuras. Y en su oferta turística impera la calidad, el buen trato y la autenticidad. Aquellas horripilantes carreteras han sido sustituidas por otras más amplias y seguras, en las que se han utilizado túneles y puentes que no han producido impactos medioambientales (que es por lo visto lo que se teme en Gran Canaria) Son obras realizadas  con dinero de la Unión Europea, y Madeira no ha  perdido ni un ápice de  su hermosura. Hoy, con los adelantos que existen para construir túneles y carreteras se podría hacer lo mismo para realizar la vía que acercaría a La Aldea de San Nicolás la capital grancanaria y a otras localidades de Gran Canaria. En esta desgraciada isla nuestra se están retrasando las obras públicas con visión de futuro que, por una  parte, crearían muchos puestos de trabajo, y por otro lado, serían un sostén paras obtener más calidad de vida y para reforzar nuestro turismo, que está anquilosado y falto de ideas Deberíamos acabar también de una vez con estas formas de gobierno que rigen Canarias y que retrasan  el progreso de las Islas, imbuidos como están en resolver problemas propios o de sus amistades. O simplemente defienden el poder por el poder. No ofrecen confianza, y como señala el historiador norteamericano Gabriel Jackson "la prosperidad económica depende absolutamente de la confianza y ésta, a su vez, de virtudes tan anticuadas como la honestidad y la moderación". La Aldea tiene derecho a que se les ayude, no sólo a mantener su agricultura y ganadería, que han sido hasta ahora su mayor recurso, sino también a desarrollar otro tipo de iniciativas  que diversifiquen su economía: turismo moderado, actividades relacionada con la naturaleza, construcción de un puerto pesquero y comercial,  para embarcar sus productos, instalación de mercados agrícolas, etc. Y siempre con el máximo respeto a esa inigualable naturaleza que es la reina de su municipio: Inagua, Güigüi, Tasarte, Tasartico, Andén Verde... Todo ello es completamente compatible, utilizando la racionalidad. Sin embargo, hemos visto en los últimos años, como se ha utilizado la influencia política o el paisanaje, para realizar obras faraónicas desproporcionadas con las necesidades y con la población, como han sido los túneles y puentes de La Palma, o el túnel y carretera que une Valverde con la zona del Golfo, en una isla que tiene menos habitantes que todo  el municipio de La Aldea. Sin embargo, han olvidado de construir un buen puerto en un lugar mejor que el actual, que ofrezca garantías de atraque todo el año,  o un aeropuerto que se ubique en otras zonas más adecuadas y seguras. El agravio comparativo del que ha sido víctima Gran Canaria durante muchos años es evidente. Las comparaciones son odiosas, pero los agravios lo son aún más.
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