Estimado y muy querido Domingo:
Esta mañana en la que otro amigo me ha llamado por teléfono para decirme que has abandonado ya tu cuerpo, ese instrumento de trabajo que te permitía estar físicamente entre nosotros, quiero seguir hablando contigo como lo hemos venido haciendo desde aquellos días preciosos en los que peleábamos, cada uno desde sus opciones, por el bien colectivo de este municipio. Y quiero hacerlo para seguir agradeciéndote tu disposición permanente al diálogo, tu esfuerzo sincero por buscar soluciones a los problemas de todos, tu tesón ante las dificultades, tu fidelidad a tus convicciones, tu respeto a la diferencia, tu opción por el bien colectivo antes que el interés personal.
Y quiero agradecértelo hoy, una vez más, porque estoy convencido (en lo de tozudo coincido bastante contigo) de que ahora, cuando este municipio lo necesita más que nunca, tú vas a seguir empujando, mejor y más que antes, para que, entre todos, busquemos una salida que ponga en primer lugar el bien colectivo.
Ahora ya no te molesta la envoltura física. Ahora puedes ver con más claridad y profundidad lo que nos sucede. Ahora, como "aquel hombre que camina", puedes seguir animándonos, dándonos ese ímpetu y esa energía que te caracterizó siempre, para unirnos ante la adversidad y buscar juntos caminos de salida.
Siempre fuiste una persona de consenso pero desde unas convicciones claras y arraigadas. Ahora sabes bien que necesitamos eso más que nunca: convicciones profundas, capacidad de diálogo, opción por el bien colectivo, determinación en la toma de decisiones, apertura a la diferencia y, en especial, algo que te caracterizó siempre: preferencia por los que más lo necesitan.
Propongo, desde este diálogo mañanero contigo, que este municipio disponga de una calle, de un espacio físico, de un lugar que lleve tu nombre, para que podamos recordarte siempre como la persona que caminó, incansable, buscando siempre el bien de todos.
Ahora ya no es un lema de campaña: "Domingo Guillén: el hombre que camina", con tus pisadas recorriendo nuestras calles y plazas. Ahora ya estás para siempre con nosotros sin ese molesto cuerpo que ya no te servía para seguir tu camino. Ahora ya puedes seguir tu compromiso con tu pueblo sin que nadie pueda rechazarte por tu apariencia física.
Gracias por todo y seguimos contando contigo.
Domingo Viera González
Tu amigo








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