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Salvar el Museo Canario

Viernes, 26 de Diciembre de 2008
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Los pueblos, como las personas, adquieren identidad propia como resultado de lo recogido en su camino por su historia vital. Nuestro pasado, nuestros primeros pasos por la vida, marcan en parte nuestra trayectoria presente y futura, nuestro vínculo con gentes, episodios y rincones que ayudaron a forjar parte de nuestros sentimientos más profundos, de nuestros anhelos más arraigados, de nuestra manera particular de ser. Por eso aquella persona o pueblo a la que le extirpan su pasado o simplemente lo desconectan de él, navega muchas veces en una indefinición constante, en un divorcio que lo hace vivir sin identidad, en otro yo y lo que es peor, bajo la ausencia de un nosotros. Por eso para quienes pensamos que los canarios conformamos un pueblo milenario, para quienes entendemos que somos el fruto del rico encuentro entre culturas y razas durante más de dos mil quinientos años, resulta una mala noticia, una aberración cultural sin paliativos, que el museo canario, el lugar donde reside buena parte de nuestro legado cultural primigenio, pueda cerrar sus puertas por mor de la falta de ayudas institucionales. Días atrás los responsables de esta centenaria institución anunciaban que, debido a los recortes de las partidas presupuestarias que Gobierno de Canarias, Cabildo Insular y Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria le venían otorgando, su cierre parece inminente, el destino de sus fondos condenado a una dramática dispersión y la labor de sus investigadores y custodios suprimida por un expediente de regulación de empleo. Estas líneas no tienen como objetivo el reproche sino una reflexión en clave crítica, no son ajenas a la situación general que motiva los recortes presupuestarios en muchos ordenes, pero sí quieren expresar su no más rotundo a la insensibilidad de siempre para con esta institución. Algunos plantean que las prioridades deben centrarse ahora en las vicisitudes del momento presente y en las personas y que en orden a ello el museo es secundario, pero esos mismos deberían saber que no salir ahora en ayuda de esta institución es tanto como cargarse ciento treinta años de esfuerzos para rescatar, investigar, custodiar y divulgar el legado dejado por nuestros primeros ancestros. Quiero hacer un llamamiento público a los responsables de las áreas de cultura, educación y patrimonio del Gobierno de Canarias, Cabildo y Ayuntamiento capitalino para que asuman su papel, respondan con la altura de miras a que este tema les obliga y redoblen todos los esfuerzos y coordinación posible para evitar este cierre. Quiero hacerles llegar a todos ellos que tienen la posibilidad de evitar el ser recordados en el futuro como los responsables públicos que condenaron al museo canario a su desaparición. El gobierno de todos los canarios y canarias está obligado a ejercer como tal en este tema y el gobierno de la isla, a la par, no puede poner ninguna excusa para que su contribución esté también a la altura de lo que nos jugamos. Sinceramente no sé cuantos se podrán seguir llamando nacionalistas canarios si no ejercen como tales en este asunto, pero sí será evidente que otros tantos, nacidos o no en esta tierra, tendrán muy cuestionada su canariedad si pudiendo evitar el cierre del museo canario no hacen nada para ello. Telde le debe muchas cosas a su primer hijo predilecto, al impulsor del Museo canario, a Gregorio Chil y Naranjo, pero más le debe Gran Canaria y Canarias por su contribución al conocimiento, investigación y divulgación de nuestros primeros pasos como pueblo canario. Telde no va quedar quieta ante esta amenaza de cierre, entre otras razones por que se lo debe a este prócer canario, pero también a quienes en cuerpo y alma han tenido como último cobijo de su paso por la historia los salones de ese museo. Este tesoro cultural es un legado que vale más que mil festivales de música, que muchas miles de exposiciones, que otras tantas publicaciones y sobre todo que un sin fin de excentricidades que a veces se realizan con dineros públicos para contentar a unos pocos. Habrá que elegir bien porque aquí sí que no vale ni la indiferencia ni la ambigüedad. El ser o no ser de una parte de nuestra historia está en juego. Aureliano Francisco Santiago Castellano es alcalde de Telde
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