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Amor de madre

Lunes, 22 de Diciembre de 2008
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¿Que podemos decir sobre el amor de una madre? Hace pocos días me he despedido de la mía. Se fue sin avisar, de repente para no volver. Llego su hora para descansar de una vida dedicada a la familia. Una de estas madres que ha puesto delante de sus propios intereses las necesidades de sus seres queridos. Ha vivido el papel de madre con una asombrosa dedicación. No era capaz de despedirse de muchas cosas, parece, que cada cosa que guardaba tenía importancia para ella. No es fácil vaciar los armarios de la propia casa cuando nos toca hacer limpieza, pero aun peor es tener que hacerlo en la casa de tus padres. Toca despedirse otra vez, de cada detalle guardado y si encima te encuentras con el pasado de tu niñez vuelves a vivirlo de una manera intensa, con cierta nostalgia, pero sobre todo con mucho cariño. Ya no puedo preguntar a mi madre porque guardó todas mis cartas escritas hace muchos años, el vestido de mi bautizo, los primeros zapatos, trabajos manuales de mi tiempo de colegio, algunos detalles de una asombrosa colección de recuerdos.  Creo que lo hizo para recordar de vez en cuando, los momentos especiales vividos. Me había gustado sentarme con ella y recordar juntas ciertos detalles, lo mismo que estoy haciendo ahora con mi padre. No he tenido la oportunidad de hacerlo con ella, ni he sabido hasta ahora la importancia que tiene recordar juntos una vida en común. Vivo fuera de mi país de origen y volver a enterrar a un ser querido es una de las experiencia mas duras que he vivido. Cuando nos vamos definitivamente no nos llevamos absolutamente nada,  pero mientras estamos aquí tendríamos que despedirnos juntos de los recuerdos, compartir y recordar situaciones y experiencias. Con el tiempo cambiamos,  por la madurez y el aprendizaje de la vida, nos volvemos más comprensibles y compasibles y poder despedirse de los recuerdos juntos con los seres queridos es tan importante como vivirlos. Estoy segura que mi madre dejo este trabajo para mí porque sabía que me iba a dedicar a ello en cuerpo y alma, con agradecimiento y el mismo amor que ella ha sabido repartir en la vida. No esperemos que sea demasiado tarde, dedicamos unos días al año para recordar y despedirnos juntos con nostalgia y cariño de nuestro recuerdos guardados. Así honramos el amor de nuestra madre porque se lo merece y seguramente ella nos lo agradecerá. No hay mejor día que hoy para empezar. Mañana puede ser demasiado tarde. Haremos una fiesta de nostalgia con alegría y una copa de buen vino para brindar por una vida en común, la de nuestra familia. Bernadette Rennen, Maspalomas
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