Se acabó el verano y posiblemente los efectos colaterales empiecen a diluirse hasta el próximo período estival. La suciedad en las calles, en las playas y entre tantos otros, los ruidos nocturnos fueron protagonistas. El derecho de unos a divertirse contra el de otros a descansar vuelve a ponerse de moda en los lugares más frecuentados. No ha sido fácil poner orden y en la mayor parte de los casos fue imposible. Los titulares de complejos turísticos ya no saben a qué puertas tocar para acabar con los botellones, el cierre de los establecimientos fuera de hora y los ruidos ensordecedores que no dejan dormir, y en más de una ocasión, nos lo presentan de tal forma que parece que producen vértigos, náuseas y mareos.








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