Ha pasado más de un año desde que María del Pino Torres fue proclamada alcaldesa de San Bartolomé de Tirajana y desde entonces la lista de sucesos parece no tener fin. No pretendemos culparla pero si reiterar las casualidades más nefastas ocurridas en la localidad turística sobrevenidas a la actual crisis turística que ha puesto en riesgo la supervivencia de la principal industria de la isla. Ante estos fenómenos tan adversos para controlar una situación de tal magnitud se precisa un equipo de trabajo con una cualificación alta que al menos sea capaz de aliviar u orientar a los ciudadanos de los efectos soportados, y sobre todo colaboración que nunca ha sido pedida. La triste realidad nos sigue demostrando todo lo contrario, mientras, por otra parte, los socios de gobierno, el PSOE, empresarios y oposición empiezan a dar por hecho que estos capítulos serán habituales el resto del mandato cada unos de ellos envueltos en sus propios intereses. ¿A qué espera la regidora municipal para tomar medidas? ¿Por qué permite que se produzcan estos fallos? ¿Por qué no abre un poco más su tolerancia hacia quienes le aconsejan más allá del drago? ¿Se siente a gusto con su gestión? ¿Cree que el municipio avanza? ¿Piensa cesar a alguien? ¿Cree que debe renovar parte o el equipo al completo? ¿Quién dirige realmente el Ayuntamiento? ¿Tiene autoridad la alcaldesa? ¿Cuándo se dará cuenta o convencerá a quien corresponda que el modelo de la década de los noventa no es compatible con esta generación? ¿Qué visión tiene de futuro? ¿Es optimista? ¿Tiene ganas de seguir adelante? ¿Pedirá colaboración? ¿Piensa dimitir?








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