El precinto del tirachinas del Yumbo puso fin a seis años de impulsos acompañados con grandes dosis de adrenalina. Dicen que una pareja de ancianos ya no aguantaba más los gritos de euforia provocados por la sustancia química que desprende el cuerpo humano tras ser impulsados hacia la esfera cósmica. Unas sensaciones de las que suponemos eran testigos los responsables municipales desde el año 2002 cuando se le otorgó una licencia en precario. Quizás esos gritos provengan también de aquellos que se encargaron de estirar tanto el tirachinas que al final se les vino en contra de su propio dedo. En cuanto al resto de las atracciones que se encuentran en el mismo estado de precariedad nos preguntamos cuánto tardará el Ayuntamiento en actuar con la misma celeridad. En el Faro 2 o en el Holiday World no estaría de más alguna que otra visita.








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