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Que el Castillo me perdone

Domingo, 10 de Agosto de 2008
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Cuando el Sol se asoma en el horizonte, el Castillo del Romeral desaparece bajo una intensa nube de polvo generada por la flota de vehículos que invaden los Llanos de Juan Grande. Es así como el fuerte viento del Sureste quiere evitarle a su eterno y fiel compañero, la amarga visión de esa monstruosa obra que le ha sido impuesta como vecina, mediante engaños, traiciones y violencias. Pero cuando llega la noche y la actividad se detiene, los castilleros contemplan avergonzados como aquellas odiosas vallas van cercando los terrenos, burlándose de la dignidad y el orgullo de su pueblo. Los castilleros nunca olvidarán el carrusel perverso y malagradecido que se cebó con su suerte el día en que, cansados ya de respirar el aire pútrido y contaminante que les envuelve, merced a las emanaciones conjuntas del vertedero, la central eléctrica y la machacadora de áridos, solicitó la ayuda del pueblo canario entonando un desesperado “basta ya” cargado de razones que desgraciadamente nunca fueron entendidas. Una ambiciosa delegada del gobierno español, ávida por hacer méritos ante sus superiores o quizás para asegurarse  que el negocio no se estropeara, ignorando las irregularidades detectadas en la documentación que propició la elección de los terrenos, olvidándose que aún no eran de su propiedad y que ni siquiera disponía de las oportunas licencias, permitió el inicio de los trabajos de construcción. Cuando el Consejo de Vecinos se impuso de todas estas irregularidades se personó en los terrenos para paralizar las obras, en aras del cumplimiento de una legalidad que tanto el ayuntamiento como el gobierno canario y español no parecía importarles. Casi tres meses de resistencia pasiva jugándose la vida bajo las ruedas de unos tractores defendiendo la legalidad, en un protagonismo impuesto por la desvergüenza de nuestros gobernantes, solo han servido para sembrar la desconfianza en sus corazones hacia un pueblo canario que se asoma con muchísima timidez a este doloroso problema. El mensaje mediático que se ha lanzado a la sociedad canaria los presentan como una bandada de energúmenos insolidarios obstaculizando la construcción de un bien común, pero silenciando la injusticia que su construcción supone para el entorno de un pueblo ya saturado de servicios desechados por los demás municipios. Como esa estrategia no tuvo el clamor social que esperaba, la delegada del gobierno español desvió su esfuerzo al ámbito judicial, destacando todos los días en los terrenos a  un amplio contingente de policías nacionales para intimidar a los vecinos y recabar la documentación que sirviera para formular multas de cuantías desorbitadas y la incoacción de numerosos juicios por faltas de los que, en todos,  han salido absueltos. Pero todavía les quedaba una penúltima prueba, la contratación de un ejército de sicarios armados hasta los dientes que vinieron de otras tierras financiados con nuestros impuestos y lanzarlos sin piedad contra un poderoso ejército compuesto mayoritariamente de mujeres y ancianos. Y los hombres del  castillo sufrieron en soledad la humillación de contemplar como sus ancianos y  sus mujeres eran empujadas y avasalladas en su propio pueblo por un ejército colonial que realizaba su ignominioso trabajo en medio de las burlas y alusiones a su condición de moros con taparrabos. Nunca obtendrá la policía mayor gloria que la de esta desigual batalla, ni los castilleros mayor humillación que la que recibieron. Y algunos les llaman insolidarios. ¿Es que ningún canario sintió vergüenza al ver a un grupo de hermanos sufriendo ante el abuso de un ejército extranjero? Mejor no seguir ahondando en la profunda decepción que deben sentir esa sufrida gente a esa tan recurrida solidaridad de los canarios, pues ya que estamos inmersos en una lucha que a todos nos atañe, no sería bueno restar voluntades con innecesarios reproches. Hoy sabemos que hace  varios años que el Ayuntamiento venía gestionando el negocio que supone esa macro cárcel y que de manera indigna han ido rematando en silencio los plazos para evitar cualquier tipo de oposición   y que ahora nos encontremos privados de razones legales. Y ese pueblo siente burlada su buena fe al contemplar como todos los políticos que han tenido que ver con el engaño se apuntan a un cobarde y vergonzoso “yo no he sido” Nadie parece tener en cuenta las gigantescas dimensiones de esta macro cárcel y el posible daño que su presencia pueda causar al turismo, puesto que estará ubicada a la entrada del municipio turístico más importante de toda España y que una vez construida servirá para ser utilizada por los enemigos de nuestra industria, denigrando la zona con el simple ejercicio de vincular la macro cárcel con Maspalomas. Que exagero, ojala, pero hay que ser muy entupido o irresponsable para hacer experimentos con algo que da de comer al 80% de la población canaria. Si este desquiciado invento no sale bien, las consecuencias económicas para toda la isla serán desastrosas. Yo que poco puedo hacer para evitarlo, voy a pisar, aunque solo sea por una vez, las arenas de los Llanos de Juan Grande, para tratar de acallar mi  conciencia de Canario y ahogar este resquemor por mi cobardía. Un canario avergonzado Ruth Santana Expósito
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