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Crisis energética

Sábado, 02 de Agosto de 2008
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Entre los factores desencadenantes de la actual situación económica internacional se encuentra la constante elevación de los precios de los combustibles fósiles en el último año, duplicando el costo del barril de petróleo. Su impacto sobre el transporte de personas y mercancías, y consiguientemente sobre los precios de la cesta de la compra y el consumo en general, así como sobre la producción de energía eléctrica, está siendo demoledor. Podemos hablar, sin duda, de una auténtica crisis energética. Y la crisis no sólo está basada en las maniobras especulativas y los elevados precios, sino también en el presente y futuro de los combustibles fósiles, gas o petróleo, que son finitos y que, además, contribuyen de manera determinante a las emisiones de CO2 a la Atmósfera, alejándonos de los objetivos marcados por el protocolo de Kyoto. En medio de esta coyuntura, desde el Gobierno de Canarias se insiste en la necesidad de que el Archipiélago proceda a la instalación de las regasificadoras previstas inicialmente en los sures de Tenerife y Gran Canaria; y que han encontrado un significativo rechazo ciudadano y de las propias instituciones locales de los municipios afectados, que entienden que se pone en peligro la seguridad de las personas en relación con la ubicación pretendida de las instalaciones. Desde el Ejecutivo y su consejería de Industria se nos trata de presentar al gas como la gran panacea que solucionaría nuestros problemas de dependencia energética y reduciría substancialmente la emisión de gases de efecto invernadero. Además, el consejero falta a la verdad cuando dice que la no presencia del gas aumenta la factura en 100 millones de euros anuales. No sabe o simplemente miente: el sistema español es único y todos pagamos y pagaremos lo mismo que el resto de los usuarios del sistema eléctrico, con gas o sin gas. El encarecimiento del petróleo y del gas ha ido acompañado de un enorme abaratamiento de los sistemas para aprovechar la energía solar y la eólica. En este momento ya es más barato producir electricidad eólica en Canarias que recurriendo a las centrales térmicas convencionales y antes de cinco años ocurrirá lo mismo con la de origen solar. Ante este nuevo panorama de precios de las energías tradicionales y de avances tecnológicos en el aprovechamiento de las renovables, habría que volver a hacer una análisis sin prejuicios de las ventajas y desventajas de introducir el Gas Natural Licuado en Canarias, puesto que la opción de introducirlo se tomó en unas circunstancias que ahora parecen situadas a años luz. Mantener la persistencia en los fósiles es hacerlo en la dependencia. El gas es sólo una solución parcial. Aunque es la única que parecen visualizar desde el Gobierno canario, los mismos que son incapaces de sacar adelante el concurso eólico o de conseguir una legislación diferenciada para el Archipiélago en materia de energía fotovoltaica. La apuesta de Gran Canaria y Canarias debe ser otra. La del ahorro y la eficiencia energética. La del transporte sostenible, en lo que se inscribe la línea de subvenciones del Cabildo grancanario para la adquisición de vehículos híbridos por parte de la flota de taxis. La de las energías renovables. He insistido en la necesidad de liderar el inaplazable cambio de modelo energético, cuyos ejes deben girar en torno al ahorro y la eficiencia energética, así como una apuesta clara y decidida por las energías renovables, que reduzcan los problemas de las emisiones contaminantes, de la dependencia exterior, y que fomentan la descentralización del sistema energético. Y he planteado la necesidad de establecer una serie de medidas para orientar a Canarias hacia ese modelo energético sostenible y con futuro. Entre ellas, la mejora del Plan Energético de Canarias, estableciendo un plan de choque de ahorro y eficiencia energética (tanto a nivel industrial y doméstico), así como medidas para superar el actual estancamiento de la potencia instalada en energías renovables, en donde paradójicamente estamos a la cola de España, gracias a este Gobierno de Canarias. Así como dotar a la Agencia Canaria de la Energía, prevista en el PECAN, de mecanismos y presupuesto para impulsar medidas efectivas de ahorro y eficiencia energética, crear un sistema de beneficios fiscales para las empresas que utilicen energías no fósiles y apostar de manera decidida en favor de las energías renovables, con el fin de acercarnos al objetivo establecido por la Unión Europea de un 12% de consumo de energías limpias en el 2010. Y elaborar una Ley Canaria de Energías Renovables, que garantice el control público de las mismas. En las Islas tenemos condiciones privilegiadas para desarrollar la energía de origen eólico, fotovoltaico o maremotriz. Y, sin embargo, presentamos un retraso notable en el peso de las renovables en nuestro sistema eléctrico por la pasividad y los errores de un Gobierno preocupado en otras cosas. A ello se suman propuestas, como la planteada desde el Cabildo de Gran Canaria, de una gran central hidroeléctrica entre las presas de Chira y Soria, que tropezaba con los costes elevados de su puesta en funcionamiento, pero que hoy, con los disparatados precios de los combustibles fósiles, comienza a ser más factible. Desde la voluntad política, la conciencia medioambiental y el compromiso con esta tierra y con el Planeta, es posible reconducir el actual e insostenible sistema, derrochador y altamente contaminante, y apostar de manera decidida porque las renovables tengan cada día mayor peso en nuestro modelo de producción energética. * Román Rodríguez es presidente de Nueva Canarias
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