Está claro que todavía tenemos en este país a bastante gente (más de la que uno puede imaginar) cuya única religión es la anarquía, el desacato a las normas, leyes y autoridad, porque sí. En los países más democráticos y avanzados de Europa no entienden el dicho español de "quien hace la ley, hace la trampa". Es inconcebible en Dinamarca, en Alemania, en Suiza, por ejemplo.
El incumplimiento de las normas de tráfico es uno de nuestros mayores problemas. Cientos, miles de jóvenes, que a lo mejor hubiesen tenido un excelente porvenir, sin hubiesen sido más sensatos, engrosan las listas de los que cada día adelantan su cita con la muerte.
Hay una alto grado de irresponsabilidad, por parte de jóvenes conductores, que no se percatan de que lo que llevan entre manos es un arma letal si es mal utilizada, pero a lo que no están ajenos tampoco otras personas con más edad y más veteranía en la conducción. Es bien cierto que la educación vial se tiene que aprender desde el hogar, y continuar insistiendo en la escuela, en el instituto y en el cumplimiento de las leyes. Sin educación ni normas de convivencia no vamos a ninguna parte. Y en tráfico es importante que haya una presencia más activa de los agentes de la guardia civil. Esa presencia es bastante disuasoria.
Nos encontramos cada día en las autovías al clásico loco que protagoniza una conducción temeraria; que no respeta los límites de velocidad,.que no pone señales cuando quiere hacer alguna maniobra de salida de la carretera o un adelanto; que habla con su móvil conduciendo, como desafiando a los demás; que ponen sus radios a todo volumen como provocando a quienes escuchan sus ruidos; que se pega al vehículo que va delante sin respetar las distancias; que adelanta en tramos donde está prohibido hacerlo; que no respeta siquiera los pasos de peatones o las señales de stops o de preferencia de los otros, y que, incluso, se pone insolente cuando a alguien se le ocurre llamarle la atención.
Son auténticos kamikazes, gamberros y delincuentes de la carretera, donde no valen ninguna de las medidas e y sanciones contempladas en el Código de Circulación Generalmente son unos chalados que no se avienen a razones, que no escuchan las recomendaciones de la DGT, ni los consejos de los medios de comunicación. Con esta gente no hay nada que hacer y como elementos peligrosos para la sociedad que son habría que retirarlas de la circulación y ponerlas a buen recaudo.
Seguirá originando su propia muerte o lesiones para toda la vida y traerán la desgracia a aquellos que iban tranquilamente por la carretera, solos o con su familia y perecen en esa guerra estúpida e insensata creada por tanto desquiciado que se las sabe todas.
Estoy con los que opinan que todo cuanto se haga para obligar a la gente a ser más prudentes y evitar muertes en la carretera, es poco.
En los últimos tiempos vemos además que la insensatez llega a unos límites extremos: individuos e individuas que conducen ebrios o drogados, que no vacilan en hacerlo en dirección contraria causando accidente graves y muertes; que llevan automóviles sin poseer permiso de conducir, o siguen conduciendo a pesar de que les han retirado el carné. Y están los reincidentes a los que sólo se les han puesto una sanción administrativa, y a veces, dependiendo de los jueces, ni eso. Se considera incluso un atenuante el hecho de ir borracho. Son interpretaciones erróneas que ponen en entredicho nuestra justicia..
Afortunadamente, las cosas han cambiado y muchas de estas infracciones ya se consideran delitos y, por tanto, tienen penas de cárcel. Suponemos que estas nuevas medidas harán recapacitar a más de uno. Si no se pone mano dura y se hacen cumplir las me temo que estaremos de nuevo ante ley de la selva.









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