Es de alabar la idea del consejero del Cabildo Insular de Gran Canaria, Roberto Moreno, de promover y desarrollar lo que denomina Turismo Natural. Hasta ahora se ha legalizado la fórmula de las "casas rurales", circunscrita a las construcciones de más de 50 años de existencia, debidamente rehabilitadas y acondicionadas para poder recibir huéspedes, pero era lógico que tenía que haber puertas abiertas para dar opción a otras fórmulas y posibilidades.
De hecho, en la isla de Gran Canaria están funcionando otros centros alojativos que nada tienen que ver con el concepto de "turismo rural", pero que están ubicados en zonas rurales o en plena naturaleza. Llámense "casas-cuevas rurales", cabañas, u hoteles más o menos rurales. Creo que estas explotaciones tienen derecho a existir, debidamente regularizadas y sujetas a su propia normativa.
Incluso debería haber más espacios en la isla para que se desarrolle de forma controlada y con las oportunas instalaciones y especial vigilancia, el campismo. Muchas personas en esta isla y extranjeros prefieren estar en contacto directo con la naturaleza practicando el campismo en sus caravanas o tiendas de campaña. Nuestra pródiga naturaleza debe estar también al servicio de los ciudadanos, pero siempre bajo control, evitando la anarquía, la desidia o los atentados contra el medio ambiente y el entorno.
Generalmente, las personas que desean permanecer en contacto con la naturaleza son sus más entusiastas defensores, aunque claro está, siempre hay excepciones. De ahí la necesidad de una regulación y un control estricto para evitar desmadres.
El desarrollo de las zonas rurales exige la atención de las administraciones, sean insulares, municipales, autonómicas o comunitaria, para crear infraestructuras, normativas y, por supuesto, empleos, y ofrecer fondos destinados a este fin.
Son muchas las actividades que pueden practicarse en la naturaleza y en las inmediaciones de establecimientos situados en zonas rurales, bien de forma voluntaria, u organizadas, recibiendo incluso estipendios esta última modalidad. Senderismo, paseos a caballo, escaladas, ciclismo, barranquismo, trabajos agrícolas o en granjas, ya existentes, o reactivando esos sectores; colaborar en tareas de regeneración del paisaje, repoblaciones forestales, de habilitación de caminos y senderos, reorientar y afianzar la política forestal, etc. Como se ve las posibilidades son muchas. Solo hay que tener voluntad política, imaginación y un afán de abrir estos cauces de desarrollo y progreso.
Se debe también estimular la sensibilidad y la educación medioambiental, de forma que cada canario se sienta, en primer lugar, orgulloso de sus islas, de su naturaleza, y al mismo tiempo sea un valedor de su conservación.








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