Las noticias de los últimos días no ayudan a mejorar nuestra moral. Nos levantamos de la cama con la resaca de las malas noticias del día anterior. La televisión o la prensa que leemos desayunando, quitan las ganas de atacar la jornada, y la apatía para empezar el día no se soluciona con volver a la cama precisamente.
Las fusiones de aerolíneas de bajo coste que conllevarán un ajuste empresarial importante, con eliminación de plantillas, eliminación de vuelos y aumento de tarifas; la crisis del servicio de alquiler de coches sin conductor por falta de demanda; o agencias de viaje que han anunciado su cierre de actividad; o que bastantes empresas constructoras han presentado o presentarán suspensión de pagos que dejarán con serias dificultades o sin vivienda, a los que apostaron por una compra de una casa, quedándoles para ellos el pago de la hipoteca, por lo que tardarán años en reponerse, para poder pensar en hacer turismo; o las tiendas que cierran cada día; o que la bolsa de Madrid se hunde, marcando mínimos diarios; o una importante cadena hotelera que anuncia haber firmado un préstamo sindicado de bastantes millones de euros, que destinará íntegramente a la refinanciación de su deuda financiera; o la evidencia de muchos hoteles que están a la venta. etc. Es mejor, no seguir con la lista de realidades.
Pero para tranquilidad de todos, a pesar de que toda esta situación no se ha creado en un día, debemos estar convencidos de que no hay crisis, dado que mencionar la maldita palabra es sinónimo de gente catastrofista, por lo que es mejor, apreciado lector, evitarla. ¡Haya paz!
Si no hay crisis, que la hay sin haberla, analicemos cual es el mejor segmento en nuestra economía que reflota en la mar, como una mancha de aceite. Estaríamos de acuerdo que lo más boyante, entre todos los males, es el Turismo, con el turista que procede de Europa y que podría seguir visitando nuestra isla. El turismo nacional estará seriamente tocado durante bastante tiempo.
Lo que desconcierta es que aún no tengamos clara la política Turística que deseamos, y que estemos en estos momentos de grave preocupación empresarial, viendo a los políticos, especialmente a los dos grupos mayoritarios, discutiendo el desarrollo urbanístico, con una evidente falta de criterio y de unidad. Siguen existiendo tentaciones para seguir construyendo más camas hoteleras. La mayoría de hoteleros, los que tienen camas vacías, ven el incumplimiento de la moratoria con decepción. No hay unidad de criterios. Es el momento de actuar con firmeza y rapidez, pero todos en una sola dirección, sea la que sea, aunque nos equivoquemos otra vez, y tengamos que empezar de nuevo. Todo menos dejar que la crisis desaparezca por sí sola, sin hacer nada.
Hay un proverbio, apreciado lector, que deberíamos tener en cuenta cuando depositemos nuestro voto en las próximas elecciones: "la primera vez que me engañes, la culpa será tuya. La segunda vez que me engañes, la culpa será mía".
Mi resumen: Cualquier medida que se ponga en marcha debería buscar reflotar el precio de venta digno. El ciclo económico ha cambiado. Tenemos que cambiar el chip. Debemos buscar la calidad del turista y el beneficio para el empresario, lo que nos obliga en alejarnos de la importancia que hasta ahora hemos dado a la cantidad de turistas. No debería ser noticia que los turistas que nos han visitado hasta el primer semestre estén superando en un 6% la realidad del año pasado. La noticia, muy negativa en este caso, es que los turistas están gastando un 20 por ciento menos.
No debe importarnos que Egipto nos haya superado en el interés del visitante británico. Que se vayan la mayoría de turistas de poco poder adquisitivo allí pero que los que vengan, que nos permitan hacer negocio. Tener claro que nuestro producto no puede competir con los destinos vecinos de Túnez, Marruecos o Egipto y que si intentamos ser competitivos con los países mal llamados del tercer mundo, encaminaremos las cuentas de resultados de nuestros hoteles a la búsqueda de la suspensión de pagos. Estos países, por su economía, siempre podrán salir más baratos que nosotros. España, debido al Euro, siempre tendrá el coste de los servicios hoteleros, con los costes europeos, por lo que necesitará el precio de venta diferenciado que le permita el suficiente margen de beneficio para seguir existiendo.
Como hoy va de proverbios, permítame, apreciado lector recordar uno francés, que bien nos iría tener en cuenta: "a fuerza de ir todo mal, puede todo comenzar a ir bien".






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