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Lenita, una sueca que huyó del frío y hoy exporta moda de baño desde Canarias

Viernes, 18 de Julio de 2008
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Lenita Burman llegó de Estocolmo a Gran Canaria en los sesenta, con el "boom" del turismo sueco, para cambiar el frío nórdico por un clima cálido que mejorara la salud de su hermana mayor, un viaje sin retorno del que nació una industria de moda de baño que hoy exporta sus diseños a doce países. Patricia Corrales 1216381663_422509_fotonoticia_grande_0.jpgEsta mujer de 45 años, hija de Fale, un sueco emprendedor fallecido en 1999, y de Sinicka, una finlandesa que ha dedicado su vida a la costura y a cuidar de sus hijos, llegó con seis años junto a su familia a Gran Canaria, isla en la que sus padres pasaron años antes su Luna de Miel, por recomendación de un médico que trataba a su hermana de una enfermedad que empeoraba con el frío de Suecia. Pregunta.- ¿Cómo fue la llegada a Gran Canaria? Respuesta.- Mis padres se acordaron de lo bien que se vivía aquí y se vinieron para acá. El motivo inicial fue la enfermedad de mi hermana, que por entonces tenía 15 años, pero luego ella mejoró y regresó a Suecia para continuar sus estudios y estar cerca de sus amigos, aunque mis padres decidieron pasar en la isla los inviernos y regresar los veranos a Estocolmo. Por eso nos escolarizaron en un colegio español y, al terminar el COU, yo decidí quedarme, en lugar de volverme a Suecia para hacer una carrera. P.- ¿Cómo decidiste diseñar moda de baño viniendo de un país tan frío? R.- Fue una necesidad, yo siempre juré y perjuré que no iba a coser en la vida, después de ver muchos años a mi madre, que abrió una boutique en el barrio de Guanarteme, trabajar hasta altas horas de la noche para terminar un vestido a alguna señora. Antes de terminar el COU ya había empezado a vender en mercadillos shorts y camisas de caballero que hacía para ganarme un dinero. Lo de los bikinis llegó después, cuando vi uno que me gustó tanto que me compré un trozo de lycra e hice el primero para mí. P.- ¿Cómo pasaste de esos primeros trabajos caseros a montar la industria que diriges hoy con tu marido? R.- A medida que fueron aumentando los pedidos que me hacían mis amigas y la gente de mi entorno, me fui dando cuenta de que podía vivir de la costura y, como no tenía conocimientos profesionales, me enteré de quién era el mejor maestro de patronaje industrial y me fui a Barcelona a hacer un curso intensivo de tres semanas con Pere Prat, que fue quien enseñó su método a todos los grandes de la moda íntima de España. De eso hace más de 25 años. P.- ¿Cuándo lanzaste al mercado tu primera colección? R.- A las dos semanas de llegar de Barcelona con mi título bajo el brazo saqué mi primera colección, en 1985, dos años después de obtener mi nacionalidad española, con la ayuda de mi marido. Su padre tenía una empresas de uniformes y allí cortábamos los bikinis. P.- Además del éxito profesional, ¿qué otros "regalos" te ha deparado tu vida en Canarias". R.- Me nacionalicé porque no me sentía sueca, sino española y canaria, aunque cuando llegué siendo una niña siempre dije que no iba a quedarme aquí a vivir porque para mí esto era como tercermundista y lo comparaba con los adelantos que había por entonces en Suecia. Luego murió Franco y todo dio tal cambio... Con 15 años llegué a Estocolmo a pasar el verano y fue entonces cuando me dije que mi sitio estaba en Gran Canaria y que Suecia ya no era mi casa, mi país. P.- O sea, que de volver a Suecia ni hablar, ¿no? R.- Suecia es muy bonita, sigo yendo todos los veranos con mi hija a disfrutar de la naturaleza, montar a caballo, remar y bañarnos en los lagos, pasear por el bosque, las cosas que echo de menos y que hacía de pequeña con mi madre, con quien iba a coger setas. He viajado muchísimo pero para mí Estocolmo es la ciudad más bonita del mundo, en verano, claro, el invierno es muy triste. P.- ¿Crees que es un mito lo de la hospitalidad canaria con los inmigrantes? R.- Aquí se trata súper bien al inmigrante, frente a otros países mucho más estrictos, como Francia. Mi padre trabaja en el turismo y siempre decía que aquí dan muy buena acogida al de fuera. Los canarios somos muy cariñosos. El que no sabe hablar inglés se busca la vida para ayudar al extranjero que le para por la calle. Lo que más me gusta de esta tierra es que la vida es súper fácil y se vive muy bien. Es muy fácil vivir aquí y no me imagino vivir en una ciudad grande o volver a Estocolmo, me vuelvo loca....
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