Se cumple un año de la constitución del actual Gobierno de Canarias, nacido tras las elecciones del 27 de mayo de 2007 e integrado por dos fuerzas políticas, CC y PP, que experimentaron un enorme retroceso en el apoyo popular, perdiendo entre ambas más de 150.000 votos en relación a los resultados obtenidos en 2003, 90.000 los insularistas y 60.000 los conservadores; y retrocediendo también en escaños, por más que el resultado final quedara maquillado por los efectos de la actual e injusta ley electoral canaria.
Un Ejecutivo sin duda legítimo y que tiene el suficiente respaldo parlamentario, el que le ofrecen los 34 diputados que suman los dos grupos, las dos derechas. Pero al mismo tiempo se trata de un Ejecutivo lastrado por el continuismo, tras una legislatura perdida y caracterizada por una auténtica parálisis institucional. Un Ejecutivo nacido, no lo olvidemos, del pacto inevitable entre Paulino Rivero y José Manuel Soria para tratar de salvar los muebles de los castigados en las urnas, y que un año después ha demostrado su incapacidad y su nulo compromiso con la defensa del interés general.
Cambio
Y coincidiendo con ese cumpleaños nada feliz para los ciudadanos y las ciudadanas de Canarias, los medios de comunicación del Archipiélago se hacen eco, un día sí y otro también, de las posibilidades de cambio en el escenario político canario desde posiciones más o menos continuistas con el actual status.
Un debate que se visualiza más tras la victoria de Rodríguez Zapatero en las elecciones generales de marzo, que debilitó, aun más, a un pacto que apostó de forma inequívoca porque Mariano Rajoy lograra acceder a La Moncloa, desarrollando una agresiva política de confrontación con el Gobierno central, que llevó a los insularistas al extremo de denunciar ante los tribunales unos presupuestos generales, los de 2008, que eran muy beneficiosos para el Archipiélago y que mejoraban sustancialmente cuentas anteriores; y que ahora tratan de rectificar sin autocrítica y de forma claramente oportunista cuando han notado su aislamiento.
En unos casos, en esas especulaciones se abordan posibles modificaciones internas del actual Ejecutivo, manteniendo el actual pacto de gobierno pero cambiando a algunos de sus actuales protagonistas aprovechando los aires de renovación que corren entre los conservadores españoles tras su reciente congreso de Valencia. Parece, sinceramente, muy poco probable, menos aún después de que Soria confirmara su idea de presentarse a la reelección como presidente de los populares canarios en el próximo cónclave de los conservadores canarios.
En otros, se plantea la posibilidad de que el actual pacto entre insularistas y conservadores dé paso a uno nuevo, saliendo el PP del Gobierno por la puerta de atrás, como sucedió en mayo de 2005. Y abriéndose varias alternativas para el nuevo Ejecutivo, que pasan inevitablemente por la colaboración de los socialistas canarios. Una de ellas, una mera sustitución del PP por el PSOE en los bancos gubernamentales y en el apoyo parlamentario al Gobierno, una opción que goza de predicamento en sectores de las dos organizaciones. Es decir, más de lo mismo y frustración de las expectativas de cambio manifestadas por los canarios el 27-M. Para ese viaje, que fortalece al insularismo y debilita las esperanzas de cambio, no hacen falta alforjas
Lo ideal sería disolver el Parlamento y convocar elecciones, pero eso no es posible en nuestro actual marco estatutario. Por eso, defendemos un Gobierno de gestión, integrado por parte de lo que hoy es Coalición y por los socialistas, que se fijara objetivos prioritarios para superar la actual situación, grave desde el punto de vista económico (con un paro y una inflación muy por encima de la media estatal), pero no menos grave desde el político, con un Ejecutivo sin ideas y distanciado por completo de las necesidades de la gente.
Nos negamos a aceptar operaciones de maquillaje que modifiquen algo para no cambiar nada. Se precisan cambios en profundidad, de raíz, poniendo en práctica una muy distinta forma de entender la política, poniéndola al servicio del interés general, de la mejora de la calidad de vida, de la generación de riqueza y empleo en un modelo de desarrollo sostenible. Y para alcanzar esos objetivos, la actual dirección política de ATI debe estar fuera del Gobierno. De lo contrario, sería un nuevo fraude a los anhelos de regeneración política al que nos opondremos frontalmente en todos los ámbitos.
Porque nos encontramos ante un pésimo Gobierno, cuyo primer año de gestión es verdaderamente desastroso. Un Ejecutivo que mira para otro lado cuando empeoran gravemente las condiciones de vida de una población duramente golpeada por la escalada de los precios de la cesta básica de la compra, el incremento de las hipotecas o la destrucción de empleo. Que elaboró unos presupuestos en los que decrece la inversión pública y luego ha presentado un paquete de medidas ineficaces para reactivar la economía. Un Gobierno al que parece no preocuparle el creciente deterioro de los servicios públicos fundamentales –sanidad y educación- y que se muestra incapaz de afrontar la aplicación de la ley de dependencia.
Mientras todo esto ocurre, el Gobierno canario deja sin ejecutar a mitad del ejercicio el 92% del presupuesto destinado a generar puestos de trabajo, mientras se han gastado más del cien por cien de lo asignado a la tele autonómica. Y el Gobierno y ATI se dedican a hablar de segundas residencias, de un cuestionable plan de empleo, de la policía canaria y de aventuras soberanistas, dejando claro que no conocen la realidad canaria y que no tienen un proyecto para esta tierra. Urge, por tanto, la sustitución de este Ejecutivo débil, desnortado, sin liderazgo, que ha protagonizado un año de auténtico desgobierno; y la apuesta por otras políticas y otras formas de gobernar.
Román Rodríguez es presidente de Nueva Canarias.







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