Resulta que viajar, por fortuna sigue siendo una buena fórmula de escape de desconexión, de dejarse llevar, de sentarse y pensar o simplemente de sentarse, o quizás de comenzar el día con algún noticiero y dejarse acariciar por los primeros rayos del día, de no correr hacia el baño y degustar el olor del café con cierta pereza, mientras atónitos conseguimos dar crédito, a la cálida aunque momentanea ruptura de la rutina.
Las vacaciones merecidas, deseadas y necesarias con las que todos soñamos cada día justo después de sonar el despertador. Uno puede elegir, dentro del amplio abánico de posibilidades que nos ofrecen hoy día tantos destinos, como montaña, playa, ocio, cultura, gastronomía, deporte y un largo etcetera, casi interminable.
Normalmente hay sitios que son mas o menos atractivos e interesantes, por brindar una o varias de estas posibilidades, y hay quizás uno y sólo uno que compite con el resto y es capaz de ofrecernos todas las opciones en una, y ese sitio tiene un nombre, me refiero a Canarias, afortunada si, pero además; sencilla, alegre, abierta y sutil, con pinceladas de un azul eterno, rugoso y fresco, con rasgos también ocres, en línea con el horizonte infinito, elástico e inalcanzable con la vista, un lugar de absoluta belleza salpicado por la calma, la paz y la tradición. Aquí se puede respirar hondo llenar los pulmones de brisa y dejar salir los sueños entre los dedos como arena fina.
Lejos de la corbata, o el uniforme, es difícil no encontrar un sitio donde alojarse a la medida de cada uno. Hoteles, de varias categorias, y con odertas de todo tipo, junto al mar o en el interior, casas rurales, en entornos de ensueño y como no apartamentos. De estos tengo que admitir que Parque Sol me sorprendió en gran medida, algo tan sencillo, como acogedor, tranquilo, sosegado, impoluto, cada rincón cristalino, como el agua salada de su piscina, donde solía dejarme mecer en un oasis de paz. Cada planta, parterre, bonsai, parecía tener un porque, cuidado, regado y mimado con tanto esmero, rodeaban los exteriores y conformaban un ambiente realmente placentero.
Al amanecer solía sentarme en la terraza mi apartamento, absorto disfrutando del silencio de la mañana, y como con el alba, solía saludar a Luis, propietario de este sueño real, que me sacó de un estado estrés y me transportó a otro de sosiego.
Siempre pendiente del funcionamiento y del bienestar de sus clientes, incansable, ordenado, y de una esmerada educación, era un reflejo como su entorno de paz y tranquilidad.
Gracias Luis, por hacer gala de la hospitalidad y por cuidar las formas como tu lo haces. Gracias también por contribuir a que este maravilloso destino siga siendo garante de la salud, la tranquilidad, el reposo y sea un referente vacacional.
Mientras esta cultura de mención, se anteponga a los intereses de una minoría, y el foco tan bien dibujado en tu gestión siga siendo la satisfacción del cliente, dificilmente otros destinos pudieran ser cuando menos competitivos.
Miguel Escudero
Viajero








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