Son muchos los ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria, deseosos de ver cambios sustanciales en la ciudad tendentes a su mejora y a hacerla más atractiva, que abogan por la existencia y puesta en marcha de una policía local especializada en hacer cumplir bandos, normas y leyes relacionadas con el medio ambiente y conservación del entorno, de la misma forma que existe un Seprona, en la guardia civil.
Por desgracia, bastantes ciudadanos de esa capital, en vez de avanzar, retroceden en cuestiones medioambientales. Es cuestión de educación y la buena convivencia y el civismo forman parte de ella. Podría pensarse que todos somos así, pero en la ciudadanía existe mucha gente con gran sensibilidad (y además que ha viajado mucho) que envidian la pulcritud de numerosas ciudad europeas y como las autoridades municipales hacen cumplir las normas a rajatabla sobre limpieza, cuidado del mobiliario urbano, etc. Aquí pasamos de todo.
El ayuntamiento se encuentra muy ocupado en los problemas que crea el tráfico y la mayoría de las multas van encaminadas a sancionar las infracciones relacionadas con la circulación. ¿Pero qué pasa con los que ensucian la ciudad, con los que permiten que sus perros dejen las calles hechas un asco, sin recoger las deposiciones de sus animales, con los que durante los escandalosos fines de semana alborotan, hacen ruidos en las calles, lo dejan todo lleno de papeles, plásticos, botellas, y destrozan papeleras, bancos, o lo que pillen por delante?.¿Dónde están los que tienen que velar por la tranquilidad, el descanso o el respeto a los demás ciudadanos? ¿Qué pasan con los que ponen sobre las aceras, o donde se les ocurra, colchones, neveras, escombros, bolsas de basura, etc.? ¿Qué sucede con los que convierten las playas capitalinas en un basurero al tirar colillas, desperdicios, bolsas de plástico, etc. de forma que ni siquiera los niños pueden jugar en la arena, debido a las porquerías que hay? ¿Y por qué se permite que en los jardines de los barrios o en los tetrápodos y escolleras del litoral proliferen los gatos cimarrones que lo inundan y destrozan todo, que se multiplican como conejos, y muchos de ellos presentan enfermedades y, además, están plagados de parásitos? ¿Por qué no se recogen todos estos animales callejeros?
¿Por qué tanta desidia del ayuntamiento y por qué no actúa en estos casos y sólo su interés se centra en la circulación? ¿Por qué no trata de evitar todas esas acciones que son producto del incivismo y falta de respeto de muchos? Es una demanda ciudadana que debería preocupar y ocupar también a los ediles municipales. Lo que no podemos es seguir exhibiendo el record de ser una de las capitales más sucias de España. Es cierto que en determinados lugares de la ciudad vemos todos los días el servicio de limpieza (aunque las zonas interiores y jardines no se limpien tanto), pero hay individuos que a los cinco minutos vuelven a dejarlo todo igual de sucio.
Una policía local especializada que se ocupe de patearse las calles, los barrios, para velar por el cumplimiento de las normas sobre medioambiente no le vendría mal a la ciudad más poblada del archipiélago.
Esta policía medioambiental podría extrapolarse a otros municipios de la isla. El detalle de la falta de limpieza y orden es lo más que suele impactar a los turistas que visitan la isla, y la capital, por supuesto. Y ya que estamos hablando de medio ambiente ¿cuándo se acabarán los malos olores que emanan en determinadas zonas de la capital? Me da la sensación de que la mayoría de los ediles municipales o no tienen olfato, o no comprueban lo que sucede en las calles de su municipio, o pasan olímpicamente de estos temas.








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