Como parece que las desgracias no vienen solas, ahora le toca el turno a la Gomera. El encantador Parque de Garajonay, un tesoro de la flora y fauna canaria, amenazado por las llamas. Dicen que han sido tres focos en diferentes sitios los que se produjeron en principio. No sé si será cierto o no. Me cuesta creer que haya gente tan perversa para provocar un incendio en una isla como esta. O tal vez, como en el incendió que asoló Gran Canaria el pasado año, sea la obra de unos locos.
Lo que sí creo es que de nuevo entra en juego la falta de previsión de nuestras autoridades, tanto gomeras como autonómicas. No llegamos a comprender, primero, que en la Gomera no haya un cuerpo de bomberos oficial establecido y especializado para defender la masa forestal que contiene, al margen de que disponga uno o varios para servicios urbanos. Esas son las noticias que tengo.
En segundo lugar, no se entiende que en la era de los satélites artificiales, de los GPS, de los más sofisticados detectores de fuegos, no se coloquen artilugios encaminados a dar aviso inmediato de un incendio y se acuda en el menor tiempo posible, antes de que se propaguen las llamas. En el caso gomero, tiene que pasar algún tiempo para que lleguen refuerzos de otras islas e incluso de la Península. Y cuando llegan ya es tarde porque el destrozo está hecho.
Sabemos que la complicada orografía de la Gomera, como la de otras islas del archipiélago, no facilita la extinción de un incendio. Precisamente por eso es necesario poseer medidas de detección, y también trabajar en la prevención: limpieza de ramas secas, malezas, hierbas, tuberías desde pozos o embalses que permitan mediante bombas llevar el agua hasta los bosques, colocación de torres de vigilancia, extintores de primeros auxilios, detectores, cortafuegos, etc. Todo lo que se haga es poco.
A lo que debe unirse un servicio eficaz y permanente de bomberos forestales, especialmente en los días de elevadas temperaturas y fuertes vientos.. ¿Es que aquí no vamos a aprender nunca a pesar de las malas experiencia pasadas?
Cualquier canario que tenga un poco de sensibilidad tiene que entristecerse ante el constante deterioro de nuestras islas, sobre todo las que aún conservan masas boscosas. Si cuando hay un incendio, no se reponen las plantas desaparecidas las islas seguirán camino de desertizarse, la erosión hará su malévolo trabajo, y se seguirán perdiendo especies animales y vegetales que son únicas en el mundo y que forman parte del patrimonio de la humanidad.
No debemos olvidarnos tampoco del aspecto humano. Habitantes de la Gomera de los municipios de Hermigua, Agulo y Vallehermoso, que dependen de sus escasas pertenencias, han estado a punto de perder sus vidas y lo poco que tienen. Veíamos en las imágenes de la televisión como algunas personas lloraban porque habían perdido sus cabras, sus pocas ovejas, sus pequeños huertos con los que a duras penas se ganan su vida.
Aunque sea para paliar en parte su falta de previsión y su irresponsabilidad, el gobierno de Canarias debería volcarse en atender de inmediato las necesidades de estos damnificados, que no cabe duda que recibirán también la solidaridad de todos los habitantes de las demás islas. Esto le puede ocurrir a cualquiera de nosotros.








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